La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net - josef - 'Alcohol...'


Alcohol...



No sabes cuándo ni como comenzaste la andadura, sencillamente, lo hiciste.
La tarde es frágil, hay un cielo rojo como de sangre, de tintes perturbadores y escurridizos. Persigues algo pero todavía no sabes bien el qué. Qué es lo que se te está o estará escapando...
La avenida marítima es amplia, recién construida, interminable. Podrías marchar por ella cien mil atardeceres sobre su adusto empedrado sin desfallecer.

Empiezas a beber. Primero es sólo una cerveza. Luego, igual que un errático saltamontes en fuga, asaltas otro local.
Tu garganta necesita de algo más fuerte, algo que te haga olvidar. Pero… ¿el qué? Ni siquiera lo sabes. Sin embargo está la ansiedad, esa amargura que desmenuza tu cerebro y lentamente lo convierte en finas virutas de leña. A veces te desesperas y das otro trago, pero es igual, mires donde mires estás solo, eternamente abandonado.

Más tarde, con las primeras sombras de la noche, tu gusto se engaña en el empalago del licor; entonces dejas de ser un hombre te arrastras por locales innombrables y comienzas a hablar. A veces, encuentras gente que te replica. Te da igual. No sabes con quién hablas aunque tampoco interesa, solo son semblantes sin trazos que mascullan impertinencias, ¡impertinencias! De repente te escurres entre densos flujos de gente, y ya eres sólo una alimaña que babea y busca euforia, poder y tal vez un poco de… ¿sexo? No. El sexo ni siquiera es prioritario, pides más de beber y sigues buscando aquello, eso que se te está escapando…

Sales de un local profiriendo alaridos, arrancas hacia la playa, y enfebrecido, te adentras en el agua y consientes que las olas golpeen tu semblante acalorado.

Al cabo de un rato, más sereno, pero también más descentrado por el baño de agua fría, retornas a la avenida. Y al volverla a mirar con detenimiento, ya no encuentras la luz que la iluminó, y ni siquiera descubres alegría y animación. Ya no hay calor ni candor, sino sólo una capa de oscuridad tan fría como un invierno polar, o como un corazón solitario.

Tenaces escalofríos se apoderan de tu organismo. Cruzas los brazos sobre tu pecho y tiritando, desandas el recorrido y regresas al hotel, a una distante e impersonal habitación. Sin cuadros, sin recuerdos. Porque no hay recuerdos en tu vida. Y ¿donde está tu vida? ¿En qué momento la dejaste? ¿En qué lugar comenzaste a perderla?

Retorcido sobre el water, vomitas. Duermes, o tratas de hacerlo, sitiado por pesadillas entrelazadas, sudas, murmuras, mascullas, y balbuceas vocablos extraños.

Y el amanecer… Alcanzas otro amanecer ¿o ya es medio día? Golpes en la puerta. No te has desvestido y tampoco te afeitas. Sales al sol y expuesto a su calor tu organismo se retuerce como el de un gusano moribundo. Tus manos tiemblan, tu corazón teme lo que no recuerdas haber hecho ni dicho el día anterior. Pero… ¿y el anterior del anterior? Nada importa ya. ¡Hoy será diferente! Lo sabes. Lo presientes.

De repente te sientes mal y lo sientes de nuevo; y no sabes bien el qué. ¡Qué es lo que se te está o estará escapando!

Te sientas en un bar y pides una cerveza…


José Fernández del Vallado. josef. 13 Marzo 2007.


Texto de josef agregado el 13-03-2007.
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