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Blanco y negro



Asciende por la falda de la colina entre setos y tamarindos. El sendero es una franja luminosa que se aleja bajo la penumbra dorada del crepúsculo para perderse distante entre los pliegues del terreno. Camina despreocupado, tranquilo, con la americana terciada al hombro y el maletín colgando de la mano. Ha deshecho el nudo de la corbata y liberado a su cuello del botón superior de la camisa. Sus zapatos se rebozan con el polvo del camino.



Disfruta de la fragancia del dulce aliento del verano mientras el canto de las cigarras acompaña a la tarde y la tarde lo acompaña a él.
Es feliz, está satisfecho. Hoy fue su último día. El encargo fue cosa fácil. Bastó media descarga de su Beretta para finalizar con el trabajo. Lástima por la secretaria, era una muñeca; pero son gajes del oficio, sorbos amargos que es preferible tragar rápido y olvidar. Los estuvo observando un buen rato desde la esquina, sentados en la terraza de la pizzería: ella, preciosa, parlanchina, una hembra que haría derretir a cualquiera en el catre y él, el abogado, de ademanes pausados, imponente y seguro de sí mismo... Da lo mismo, después de que sus cuerpos se agitaran un instante en un baile grotesco de muñeco de trapo, acabaron despatarrados y rotos, agujereados en su propio escabeche entre el mantel a cuadros, la mesa y la sillas tumbadas. Luego sólo tuvo que escabullirse por uno de los callejones laterales y confundirse con la muchedumbre. Incluso se ahorró la engorrosa molestia, como en otras ocasiones, de verse obligado a deshacerse de los cadáveres.



Mañana comienza una nueva vida. El dinero debe encontrarse ya en su cuenta. Ha ahorrado con los años tanto capital que puede permitirse el lujo de disfrutar de una vejez dilatada. La organización le ha dado a entender que con la última y suculenta transferencia, su acta, su rostro pasa al olvido, a la nada.



Cómo se alegrará “La Paca” cuando se entere. Es una sorpresa.... Se enternece con sólo pensarlo. Nunca más tendrá que soportar la mirada resignada, suplicante, entre la piedad y el miedo, que se reflejaba en sus pupilas de animal acosado al despedirse de ella parco y brusco, prometiendo regresar en breves días. Ella bajaba finalmente los ojos para clavarlos sumisa en su maletín inseparable. Una punzada de dolor, de remordimiento se cristaliza en una mueca de disgusto; pero la certeza de que a partir de ahora sus vidas cambiaran le devuelve el buen humor. Tendrá tiempo por fin para sus libros; todo el tiempo del mundo para disfrutar de su música clásica; de escuchar cada mañana el canto de sus jilgueros sobre la repisa de la ventana, de pasearse con su viejo Cadillac por la carretera de la costa. Y sin embargo lo que más le entusiasma, es la idea de no tener que separase nunca más de ”La Paca”.



Acelera el paso. Distingue a lo lejos los perfiles borrosos del hogar, un viejo caserío colgado de un barranco angosto. Su corazón reluce; su brillo ahuyenta de un manotazo las sombras del pasado, sus horrores y los crímenes; y se hincha....



*****



La sombra lo observa; lo ve venir por el camino. Es una gota derramada, caída de la otra cara del crepúsculo. Se agita solitaria sobre la cima. Sus jirones negros golpean el viento a latigazos. Carece de rostro, porque los suyos son infinitos. Con frecuencia es su semblante el de un anciano, de mirada triste y ojos grises. En otras ocasiones tiene el aspecto de un niño, pícaro y travieso, con el cabello largo, lacio y oscuro y de ojos achinados, como ahora; pero la mayoría de las veces es su faz un único agujero negro y vacío. Su mano izquierda es delicada, tierna y diminuta. La diestra es una zarpa inmensa con uñas largas y afiladas. La sombra gira despacio su garra en el aire; lo raja haciéndolo sangrar. En ese mismo instante el corazón del hombre en el sendero, ampuloso de dicha y alegría, revienta, explota en pedazos. Únicamente los hilillos de sangre que resbalan por la comisura de sus labios y que le brotan de las fosas nasales son testigos de su muerte súbita.



Presurosa se desliza la sombra hasta posarse sentada en cuclillas sobre el pecho del muerto. Se encoge como un diablillo avergonzado de sus fechorías y lanza una mirada taimada al vacío. Junta sus labios descarnados y deja caer un escupitajo en la boca entreabierta del cadáver. De repente su expresión infantil desaparece y una triste melancolía invade sus rasgos...¿ Piensa? Es sólo un instante fugaz. Seguidamente se alza y se aleja saltarina, seguida por el eco de sus carcajadas estridentes...



--¡ Ya pillé a uno más...otro para el bote! -- y la sombra se dispersa por recodos y confines que inquietan, que perturban la ilusión de los mortales.



A su paso la fragancia se marchita en arcadas nauseabundas; las mariposas de la tarde se transforman en lluvia de polvo y los arbustos se tiñen de ceniza, mientras la sombra sonríe con ternura.



Churruka, 15.11.2006

Texto agregado el 17-03-2007, y leído por 155 visitantes. (22 votos)


Lectores Opinan
2007-03-22 16:57:32 Excelente narración Churruka! AzulMarina
2007-03-20 00:20:47 Está excelente con su nuevo final, es escalofriante hasta el máximo, me encantó churru. Muy bueno. Besos y estrellas. Magda gmmagdalena
2007-03-19 11:43:23 La sombra de la muerte nos acecha y fingimos ignorarla, tu cuento la desvela, la descripción que haces es genial! * * * * * loretopaz
2007-03-18 19:37:40 Sí, recuerdo este texto, pero no tan bien su final. Está genial, quizás antes era diferente? No me importa, así está logrado!! Un saludo!***** josef
2007-03-18 13:04:53 Que puedo añadir, coincido con todos los comentarios. "Millor impossible". Un saludo ***** -nagore
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