ADULTERIO
Se levanta un poco apurada, debe volver a casa antes del amanecer. No encuentra su ropa, la había tirado en un momento de locura y pasión. Recorriendo el departamento recuerda que dejó su blusa en la cocina, cuando empezó a hacer los fideos. Descubrió los platos y cubiertos sucios en la pileta, mañana tendría que volver a lavarlos. Acomodó un poco las ollas y puso en la heladera el resto de comida, y las naranjas que no comieron. Recuerda cómo fue que empezó su relación. Aquella tarde, aquellos mates.
Como un flash puede recordar aquella mirada que los unió como una flecha. Fue un impulso que no supieron entender en un principio. Diversos compromisos parecieron obstáculos, ladrillos en un muro. Rebuscado y vertiginoso el destino se las ingenió para reencontrarlos (casi por casualidad).
En una galería admirando cuadros se cruzaron; también por la calle; en comercios, haciendo compras. En un bar, con sus respectivas parejas; en el cine, con amigos. Todos encuentros casuales, repentinos.
Barriendo el puso encuentra sus jeans debajo del sofá y se pregunta cómo fue que fueron a parar ahí. Pelos del perro le confirman quien fue el culpable de que hayan terminado en ese sitio. Lo sacudió, lo alisó y se lo puso, nunca se había sentido tan cómoda en ese pantalón como esa mañana.
Trató de no hacer barullo, no quería que se despierte. Lavó sus dientes y cepilló sus cabellos con la misma calma con que lo hace rutinariamente, a pesar de su apuro. Tenía que llegar antes de que el sol asomara, antes de que su marido despertara. No quería encontrarlo despierto, a pesar de todo, le temía.
El ya está acostumbrado. Furioso se dio cuenta de que ya no estaba. En su cama faltaba su presencia, el cuerpo de ella, su mujer, su amada, su esclavizante.
Enfadado se levantó, trató de armar la cama pero sólo logró estirar un poco las sábanas. Le temblaba el pulso, la mano le vibraba. Prendió un cigarro, para ver so lograba tranquilizarse. Si tiró en la cama, pero no sirvió de mucho. Sólo hizo cenizas y humo.
Ya estaba lista, sólo faltaba agarrar la cartera. Y se fue. Le dejó una nota, no sabía que sería la última. Bajó las escaleras corriendo, no había tiempo para esperar el ascensor. En el cuarto piso recordó que no había cerrado la puerta, pero no pudo regresar, los minutos pasaban. Rogó que la perdonara, tiene motivos para justificarse.
¿Él entendería?
Llega a la esquina y el miedo empieza a apoderarse de su cuerpo y de su mente. Un presentimiento. No logra dejar de pensar en las posibilidades de que él se haya despertado. El sol entrante por la ventana podría haberle abierto los ojos. Un bocinazo le recuerda que está en el medio de la calle y debe decidir si la cruza o se vuelve. Continúa su camino, cruzando calles sin mirar; sólo le faltan tres cuadras ahora.
Sin dejar de caminar revuelve su cartera en busca de algo que no podría decir que era. Ni siquiera ella sabe qué es lo que busca. Encuentra su billetera, la saca, la revisa; no hay nada que le interese en ella y la arroja al interior de donde la había sacado. Halla un paquete de cigarrillos. No deseaba fumar, pero saca uno y dulcemente lo deposita entre sus labios. Busca un encendedor, pero lo que encuentra en su lugar son cerillas. Pita, con tanta pasividad. Daba gusto verla fumar. Paulatinamente reduce el ritmo de sus pasos, como si una fuerza ajena a este mundo tratara de advertirle, tratara de alejarla de su destino.
Sigue revolviendo la cartera, esta vez buscando sus llaves. Le temblaba la mano, no sabe que él está del otro lado. A través de la puerta escucha el ruido del turbo, girando y girando sus paletas, moviendo el aire dentro de la habitación. Escucha, puede percibir el diálogo de una mala telenovela mexicana.
Gira la llave y se oye el crack de la cerradura al destrabarse. Hace tiempo que el sol se despertó. Desliza la puerta lo más suave que pudo pero se sobresalta al ver la luz del baño prendida. Grita y recuerda los ruidos del ventilador y la televisión. Se pregunta cómo no se dio cuenta antes de que todo eso podía significar sólo una cosa: él estaba despierto, esperándola.
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