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Esos ojos y su última mirada
ESOS OJOS Y SU ÚLTIMA MIRADA
Se revuelva en la cama. No deja de pensar en los sucesos de esta noche. Cierra sus ojos y en su interior sabe que la extraña, porque aún muerta, la sigue amando. Esta noche fue la última. No hubo un último abrazo, ni un último beso. Sólo una mirada.
Piensa, que lo que más le pesa, es esa última mirada. No olvida esos enormes ojos negros observándolo. Esos que fueron muchas veces motivo de inspiración y de deseo. Fueron tantas noche los culpables de encender la pasión.
Esos mismos hoy son su tortura y lo atormentarán por siempre. Le robó los suspiros como quien roba un dulce a un niño. Terminó con ella como la noche lo hace con el día.
Lo que aún no puede entender es cómo pudo ella enredarse en los brazos de otro amante. Eso no se lo podría perdonar jamás. Su amor, que trascendía los límites terrenales, no le permitía compartirla. Su corazón era para una mujer de un solo hombre: él. No existía ni existiría jamás otro.
Retumban en su cabeza sus últimas palabras. Ya no quiero vivir contigo, dijo ella. Esa frase recalló sobre desatando una tempestad.
Sus ojos fríos, vacíos en su mirar, perturban su mente. No lo dejan libre. No lo dejan sólo. Comprende que aquella mirada, la última que fugázmente ella le dio lo acompañará por el resto de sus días.
En el suave, y reiteradamente perfumado cuello, aún asoman los moretones que sus propias manos le ocasionaron. No entiende cómo fue que la bronca y el odio se apoderaron de él hasta llevarlo a matarla. Se pregunta qué límite traspasó. Él la amaba y todavía la sigue amando, a pesar de que su corazón haya dejado de latir y sus pulmones de respirar.
Ya en su lecho yace inmóvil el cuerpo de su amada y amante, la que tantas noches le juró amor eterno. Ese ser sin vida despierta en él una pasión extraña. Tranquilo la desviste y la posee como jamás lo había hecho. Con los cuidaos que siempre tuvo, eyacula en la ducha. Se baña, se viste y toma el revólver que guardaba en el cajón de la mesita de luz. Enciende un cigarro, lo pita. Carga con una bala el arma y dispara. Ahora yacen en la cama los dos cuerpos inanimados.
Texto de piojosi77a agregado el 18-03-2007. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net
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