Ciertas horas, dicen un instante
Ciertas horas, aclaran el momento
Ciertas horas, certeras que molestan
Hay ciertas horas donde los segundos se entremezclan
Pero los hay de todos colores, formas, olores.
Hay horas negras, fétidas y llenas de astucia
Horas desesperadas, que se corren en cada mirada
Las horas que más me gustan, son las de claridad
Hay horas en donde veo todo, y al través de todo
Es el revés de la trama
El otro lado del escenario
Radiografía del telón.
Velos azurras se levantan
Es la hora cierta que llama
Flamea
Dispara
Acierta y escapa
Retengo la memoria, los velos ya no están
un ojo, un hombre, la nariz, petalos, flores
monjes, cielo, cruces, bestias, pasto y arroz
Todo en un collage, infinito, hermoso
Atroz.
Vomito ideas, escupo tinta
Tuberculosas formas, reptan en la hoja
Sangre negra, tinta roja.
Rayado el cielo, curvo el sol.
Un hexaedro a lunares, con escanfandra y en la mano una hoz
Dos peces se pelean, por un puñado de oro.
Mujeres desnudas, con pies gelatinosos
se arrastran por un campo
sembrado de flores, con petalos de ojos
Salgo al encuentro de la visión
choco de frente, me derrito entre sus moleculas
Renazco como aguila, oso, raiz, mandioca, piedra
rosa, auto, goma eva y tantas cosas mas
Es la hora cierta
Cierro los ojos, todo calmo esta yá
Aprieto los parpados, relajo la garganta
Todo fluye como agua, todo tiene arterias con agua de sal
Es la hora cierta, del descanso
Es la hora en que todo debe reposar
Las paredes, un plato, un vaso a medio llenar
tres particulas de un queso, alguna revista, y quien sabe que más
Todo fluye, late, lo veo con mis ojos cerrados
Todo tiene sangre, todo tiene líquido vital
¡Es la hora cierta!, me repito, exhalo, mi pecho se hunde
Vuelo de pájaro, vista de avión, los techos son tan pequeños
La gente es hormiga apresada en hormigón
Relajo, mi mente, lleno el corazón.
Es MI hora cierta, es a la vez, vida, muerte, resurreción.
Son solo palabras, escritas sin sentido, ni intención
Puede que sí, o no, jamás sabrás de mi hora cierta
Jamás entenderás, si todavía no has abierto
los oidos
los ojos
la espalda, cerrado la boca, cuestionado tu propia razón
y escuchado el ritmico pum pum de tu mente
cuando ves el río fluir
o a la roca del arroyo, entonar una canción.
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