‘La ceremonia del no ser siendo’
‘Escribo por falencia, por descolocación; y como
escribo desde un intersticio, estoy siempre invitando
a otros que busquen los suyos’…
Julio Cortázar
Se levanta temprano para vislumbrar la caída de la luna a manos del sol, aunque esto todavía no suceda, lo piensa así y pasa. A veces muy a veces desbanda una estrella fugaz, pero ya no pide tres deseos, los contempla. Los deseos se consuman y consumen, salvo que sea invierno y tenga que quedarse sin salir. Siempre quería ser, ahora sólo se deja siendo. Da de brinquitos y con eso se contenta. Una cepa por aquí, un brote de trébol por allá, un no sé qué y una nadería es más que suficiente… Otras veces busca una excusa para dejar de ser, acomoda su pequeña sombra (la que le da la luna) y la sienta a que tome el sol en la terraza. Luego riega las plantas de noche y si desfila un fugaz lucero nunca o casi nunca suspira un deseo. Antes, siempre antes, estaban el deseo y las estrellas fugitivas, ahora, la más de las ocasiones, la sombra y por suerte el sol, cuando no hay nubes tan arrogantes. Está cansado de ser siendo y quiere dejar de ser sin sentido pero con algo de sol. Siempre con sol, de vez en cuando con algo de luna. Se quiere mirar en el espejo de agua que hay cuando llueve, cuando han hecho que lloviese, digo, cuando ha llovido en sus muros, cuando le cae una tormenta, invariablemente por dentro, que es la mejor forma de llorar que se tiene, con todo el llanto de las vísceras y los pulmones; hay veces también y no muy raras veces, canta. Secas ya las gotas de dolor, puede y lo hace: algo vuela. No como los grandes, (nunca se cree demasiado grande) mas lo logra. A la sazón es cuando entra el aire, se le ahueca la nada y vuela, no obstante llega el tiempo de descender y, sin hacer mucho ruido, cae como un susurro sobre las matas, aquí aparecen las luciérnagas que no son indispensables, pero que les hace alegrarse, le dan ánimos. Desde arriba, pero no tan arriba, son como faros o candelas. Entonces comienza a desandar lo andado y se piensa pensando, pero que más da, si esa es su condición. Es lo que hace casi todo el tiempo. Se busca en los orificios del cosmos y descubre que los hay en el espacio, en el rostro, en el cuerpo, en el alma. También en la tierra, sobre todo en la tierra. Intenta llenarlos con pétalos, aromas, burbujas, colores, cepas, salivas, pelusas, olores, texturas; las más de las veces encuentra nada más que guijarros; lo anterior, sí puede, lo demás lo deja, pica algún gusanillo, un trébol de cuatro hojas y se dispone vislumbrar la caída de la luna a manos del sol, y sin querer se descubre gorrión con ansías de pájaro, pero no pide, sabe, tiene la certeza absoluta que cuando una estrella fugaz apenas roce el infinito, abrirán por fin y afortunadamente la jaula donde está cautivo...
Y su vuelo alcanzara lo inalcanzable en plumas de encuentro y dialogos…
|