Uno
¡Por nosotros!
Tus dedos y mis dedos
encallecidos por la soledad
apuran el vaso final:
somos agua y metal.
Dos
He hablado de ti.
¡He escrito tanto!
¿Para qué jugar a las palabras sin tus labios?
Tres
Hoy escuché Albinoni
y su adagio
sonó más triste
que tu despedida.
Hoy sé por fin,
que hay cosas más tristes
que tu ausencia.
Cuatro
Niña, que me diste tus labios matinales.
Que en un lecho, bajo el sauce, viste
la única aurora que saldrá de mis ojos
y la pluma celeste de mi beso
y la brisa fatal de mi orgasmo.
Cubre tus ojos de la ventisca
Y escóndeme como yo
En tu memoria.
Cinco
En la noche de los tiempos
Habrá un lugar para arrepentirme.
Nada es mejor para la vergüenza
Que la oscuridad,
hijo mío.
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