Anoche la noche me sorprendió (que valga la rebundancia).
Decía que la noche ostentaba en el pecho,
una moneda de plata del tamaño de Córdoba.
Brillaba con toda intensidad, tanto, que despertó sentidos muy dormidos.
Un pan a medio morder, junto a un limón seco y una jarra de agua muy fría;
decoraban una heladera moribunda.
El motorcito ronroneaba cansinamente, y la única lámpara que alumbraba,
jugaba con las sombras de un ratón.
Oí una canción y la mirada levanté, era una música bastante aburrida, tonta, casi
como las de Miguel Bosé, pero sonaba diferente, sonaba a zanja.
Olía la música con indiferencia, como quien está acostumbrado a trabajar en cloacas.
La medalla de la noche se hacía más y más grande.
Una sombra de la pared se durmió, y las cortinas se llenaron de espíritus.
Los vientos de la madrugada jugaban con los rizos de un sauce.
El llanto de la noche comenzaba.
Crujían las paredes, se estremecía el techo ante el desconsuelo de las estrellas.
Gotas rígidas agujerabanme el techo.
Techo de chapa.
Chapa de autos.
Autos de pobres.
Autos de ricos.
Máquinas de transporte, de trabajo, de joda, de vicios.
...de chapas es mi cielo.
De agujeros, mi lecho.
Las sombras me abrazan.
La más pequeña se levanta; camina, se arrastra hasta mí.
"Compañía de pobres, deshonrados y sin esperanza"
Se presenta.
¿Acaso no deberías estar pegado a tu dueño?
Pregunté.
-"Nadie es dueño de lo que no comprende.
Nada es nadie, si no entiende.
Las cosas que tocar no se pueden,
Se manejan con cosas que pensar nadie quiere." - Dijo y se fué.
Obscuras palabras, más a mi no me interesan.
-susurré por los bajo, por las dudas-
Y la voz con sabor a orina,
esa voz que hablaba tragando sangre,
dijo...
"Soy de la noche, pero solo con la luz me podés ver,
En la oscuridad, soy uno más.
En la luz, destaco, soy libre.
Soy prioridad.
Soy "eso" que cada quien, a su modo siente."
El escalofrío se escuchó a kilómetros.
Pero la pobreza es más aterradora,
y yo nací con ella.
Observé a la medalla nocturna, apagarse serenamente.
Mientras esferas de placenta se escurrían por mi ventana.
Pensé en las veces que ella había preparado la cena.
En los olores que me acariciaban cada noche, sobre esa mesa.
Las balitas rodando por mi piso de tierra, los plásticos roídos,
llenos de tibieza.
Miré por sobre mi hombro, un caballito de madera me sonreía.
Contuve la respiración, apagué con fuerzas la tristeza.
Agarré al vuelo, con mi mano derecha; un poco de calor.
Froté las manos, coloqué una pizca de atención, y otro tanto de amargura.
Escupí en el hueco formado, y de él, creció una hermosa flor.
De raíces de azabaches cabellos.
En su tallo, incrustadas piedras de burla.
Dedos crecían a modo de hojas.
Con pétalos de locura.
Afuera, la medalla se partía al medio.
los cigarros de Dios escupían chispas.
Los vientos empujaban a mansalva.
Y la sombrita que me repetía al oído, susurrando,
tragando sangre.
"Una sábana, no ataja el sonido..."
"Seré por siempre tu compañía"
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