"El agente Álvarez, de la dictadura de Pinochet, está preso y tiene miedo", publica el pequeño diario estatal "La Nación" de Chile. Este medio que corresponde al 0,5% de toda la prensa chilena.
Agrega: "Álvarez se vio obligado a confesar que, en el año 1976, le correspondió participar en el "trabajo" de cargar más de 1.000 bultos y lanzarlos al mar".
Esos bultos eran sacos que contenían cuerpos de personas, algunos ya estaban muertos y los que estaban vivos, habían sido inyectados con una substancia que los haría dormir hasta después de ser subidos a los helicópteros.
Cada cuerpo tenía un trozo riel de ferrocarril atado a sus piernas con dos alambres.
Álvarez se percató de que uno de los sacos se movía... había una persona viva y despierta, de modo que procedió a abrir el saco y vio que se trataba de una mujer. Entonces desamarró uno de los alambres y con él le dio dos vueltas alrededor del cuello de la víctima y apretó hasta que ella dejó de respirar.
Cumplió con las órdenes y lo hizo "por la patria".
Hacía varios minutos que le gritaban que había que subirla rápido al helicóptero que ya esperaba con los demás "bultos" a bordo.
Marta Ugarte se llamaba la presa política y ella fue lanzada al mar con su lastre atado con un solo alambre, el que al poco tiempo se soltó y fue así como su cuerpo apareció en una playa del litoral central de Chile.
Los gobernantes de la época eran los militares y ellos dijeron que jamás habían asesinado ni menos escondido cuerpos de personas, esas palabras fueron publicadas en todos los medios de radio, prensa y TV.
Llegando la democracia, la justicia chilena investigó y solo encontró restos de aquellos rieles en el fondo del mar.
31 años después se sabe este detalle de la verdad ocurrida en la dictadura.
Álvarez faltó a su juramento de callar y ahora tiene miedo.
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