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La Extraña Consulta

(Se levanta el telón y aparece un consultorio privado muy bien amueblado. Un médico está sentado repasando unos papeles en su escritorio. Entra un individuo delgado y algo pálido. El médico le indica que se siente)

DOCTOR (repasando aún unos informes): Dígame, dígame.

PACIENTE: Buenos días doctor, verá es que yo... soy un hombre-lobo.

(El médico levanta la mirada sin inmutarse y escruta al recién llegado de arriba abajo)

DOCTOR: ¿Lobo por parte de padre o de madre?

PACIENTE (sonriendo sorprendido): Oiga, creo que se confunde. Le digo que soy un hombre-lobo.

DOCTOR: Francamente, señor, lo considero una obscenidad. Pero no soy yo nadie para poner en tela de juicio los gustos sexuales de sus progenitores.

PACIENTE: Quizá me explico mal. Cuando hay luna llena me crecen los colmillos, el cuerpo se me llena de pelos y me da por comer carne.

DOCTOR: Mal hecho, debe usted comer de todo. La verdura es muy buena para la circulación.

PACIENTE: ¡Y no lo pongo en duda! Pero siento una atracción animal por la carne.

DOCTOR: ¿Que tipo de carne? ¿Cordero? ¿Ternera? ¿Cerdo?

PACIENTE: No, hombre, no. Carne humana, carne humana cruda.

DOCTOR: ¿Carne humana cruda? ¿Se refiere a esa que pasea, silba y lee el periódico mientras espera el autobús?

PACIENTE: Si, si, a esa me refiero.

DOCTOR: ¿Y sólo le ocurre a usted en luna llena?

PACIENTE: Veo que me va entendiendo...

DOCTOR: ¿Y quien demonios lee el periódico mientras espera el autobús a esas horas? Francamente, lo veo absurdo.

PACIENTE: ¡No es necesario que esté esperando el autobús, puedo devorar a cualquiera!

DOCTOR: Pero en luna llena...

PACIENTE: Sí, en luna llena.

DOCTOR: Es usted un poco complicado, o quizá un poco snob. ¿No cree?

PACIENTE (exaltado): ¡No puedo evitarlo, puñetas! Le digo que soy un hombre-lobo.

DOCTOR: ¿Y no le ocurre, por ejemplo, cuando hay un eclipse? ¿O cuando se nubla el cielo? ¿O cuando dan el parte meteorológico?

PACIENTE: No, sólo en luna llena. Se lo he repetido mil veces.

DOCTOR: ¡No se irá meando usted por las farolas!

PACIENTE (indignado): ¿Es usted tonto? ¡Soy un hombre-lobo, no un hombre-perro!

DOCTOR: Al fin y al cabo los dos son cánidos.

PACIENTE: Ya, ya, pero nos llaman hombres-lobo porque respondemos a la conducta salvaje del susodicho animal. Sí no, no infundiríamos terror, y no nos perseguirían con fusiles cargados con balas de plata.

DOCTOR: Pues debe de resultar caro cazar a uno de ustedes. Sobretodo si se tiene mala puntería… ¿y que pretende usted que yo le diga?

PACIENTE: Venía a ver si usted encuentra algún remedio, no sé, una cura…

DOCTOR: Hombre, se le puede enviar a un experto, y que amaestre su parte de lobo. Podría encontrar trabajo en el sector de la seguridad.

PACIENTE (irritado): ¡Realmente es usted un necio! ¿No entiende que soy un ser legendario?

DOCTOR: Observo que la modestia no está entre sus virtudes… Llamar legendaria a una bestia peluda me parece atrevido…

PACIENTE: ¿Pero como se atreve? Debería estar usted aterrorizado o sorprendido…

DOCTOR: Estaría sorprendido si me dijera usted que es un lobo. Le diría que tiene un castellano correctísimo para haberse criado en la montaña.

PACIENTE (levantándose de la mesa y encarándose al doctor): ¿Que clase de doctor es usted? ¡Esto debería ser un caso inédito, una oportunidad única de estudiar a un hombre-lobo! Le he de decir que no somos muchos.

DOCTOR: Pues es una lástima, mi consulta iría mejor, tendría más pacientes… (se levanta y se dirige a una camilla) Está bien, a ver, túmbese, veré que puedo hacer.

(El paciente se tumba en la camilla)

DOCTOR: A ver, diga guau… o aúlle un poco.

PACIENTE (fastidiado): Ahora no puedo, eso lo hago cuando me convierto en lobo… ¿Es que no lo ha entendido?

DOCTOR: Bueno, pues abra la boca…

(El paciente abre la boca)

DOCTOR (meditabundo): Mmm, pues no observo nada raro, excepto una funda dental…

PACIENTE (hablando con la boca abierta): Ayer fui al dentista.

DOCTOR: Una funda de plata, observo…

(El paciente da un salto y se incorpora. Está muy alterado)

PACIENTE (exclamando): ¿De plata? ¿Ha dicho de plata?

DOCTOR: Observo que tiene usted un oído muy agudo… Eso he dicho.

PACIENTE (caminando desesperado de un lado a otro de la consulta): No puede ser, le dije que la pusiera de oro… maldita sea, de oro.

DOCTOR: Pues su dentista debería consultar al otorrino…

PACIENTE (nervioso): ¿Cuándo hay luna llena? ¿Tiene usted un calendario?

(El médico coge un calendario de su mesa y lo consulta)

DOCTOR: Pues, mire… Exactamente hoy.

PACIENTE (con las manos en la cabeza): ¡Dios! ¡Oh, Dios! ¡Me he de sacar esta funda ahora mismo!

DOCTOR: Pero si le queda muy bien, apenas se nota…

PACIENTE (fuera de sí): ¡Idiota! ¡Es de plata! ¿No lo entiende? ¡De plata!

DOCTOR: Yo tengo una cubertería de plata, oiga, y es fantástica… no sé que se queja. Imagine que se la llega a poner de hierro… Se le podría oxidar y crearle una importante infección.

PACIENTE (haciendo caso omiso al médico): ¡He de hacer algo! ¡He de hacer algo!

(El doctor sale de la consulta y cierra la puerta con llave. En la sala de espera enmoquetada hay una enfermera sentada en un escritorio)

ENFERMERA: ¿Ocurre algo Doctor Van Helsing?

DOCTOR (sonriendo): En absoluto, enfermera. Sólo que cada día resulta más aburrido cazar vampiros y licántropos…

(Se cierra el telón)


Texto de el_inefable_jota agregado el 30-03-2007.
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