La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net - Evalix - 'La última canción'
La última canción
“A su cerebro acudía una nueva canción, la canción del mal, la musica del enemigo, una melodía salvaje, secreta, peligrosa bajo la cual la canción familiar parecía llorar y lamentarse...”
La perla:John Steinbeck
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La última canción
Hoy, al despertarme, vi como los rayos de sol se abrían paso por la persiana de la habitación e iluminaban el rostro de mi hijo menor, que me acariciaba la mejilla, y con su mirada tierna, me reclamaba que su desayuno no estaba sobre la mesa. Sonreí para disculparme. No articulé palabra. Me informó que se iba de pasantías al interior y que regresaría sólo los fines de semana. Hace tiempo que mis ausencias a la hora del desayuno son constantes; no recuerdo bien desde cuándo, son muchos días.
Mis pensamientos entonaron aquella canción de Silvio:... ”La última vez lo vi irse contento y desnudo/ iba matando canallas/ con su cañón de futuro...”
Estoy contenta de que se vaya y que por una semana se libre de mi yugo. Me vienen ganas de cantar, siempre me ha gustado hacerlo, aunque se esconda el sol para no escucharme, se tape los oídos el viento, y el cielo cierre sus grandes ojos azules. Cantaré para liberarme del dolor que siento, este tumor que me carcome el alma. Me viene a la mente un tormento auditivo, una cancioncilla vulgar de las calles de Caracas en agosto pasado, cuando por última vez recorrí algún bulevar para distraerme y comprar ropa de cama: “...ando buscando/ la chica que esté bien buena.../ para pasar la noche con ella...” Un ritmo alegre, como el alma de la gente sencilla, del venezolano, que razones no les faltan para armar una fiesta, hasta por sus propias desgracias bailan. Cantaré: “que alguien me diga/ como se olvida/ como se arranca para siempre un amor del corazón...” Ritmos contagiosos para mi alma dolorida.
Entró una enfermera en la habitación acompañada de mi hija: una me mide la temperatura, la otra mis estados emotivos.
—Mamá, ¿estás contenta?, te veo risueña. ¿Y tus dolores? Me dio un beso en la frente.
Con un movimiento de mano le respondí: “así, así”, mientras veía a la enfermera que anotaba en su carpeta; quizás escribió: “Moribunda.”
Ya no tengo voz, ya no tengo ánimos, pero debo prepararme para emprender mi viaje. Sabemos que debemos partir y no sé por qué nos da miedo tener el boleto en mano. Yo no tengo miedo, tengo mucho dolor. Creí que se iría de mi cuerpo con la extirpación, en cambio, ha regresado con mucha furia... No sé por qué quiere hacerme saber que es más fuerte que yo. Reconozco su poder: destructor, calcinante. Quiero liberarme de su yugo, mi hija lo sabe. Hace unos días se lo exigí... pero la ley de Dios y de los hombres se lo impide. Y sumado a esto, su amor...
He criado a dos hijos, tuve un marido que se fue con otra, he sembrado plantas, y de paso, escribí en unas webs de Internet. He cumplido con la vida, entonces ¿qué espera la vida para ayudarme a morir? Mi hija me enciende la radio -es uno de mis deseos, la música en mi habitación- y me toma de la mano, la que yo aprieto con las fuerzas que me quedan, una vez por el dolor, otras veces por el ritmo de una melodía: “Ni se compra, ni se vende/ el cariño verdadero...”. Vieja canción...viejo dolor, morfina para el dolor, por favor, morfina para vivir. Más tarde es peor, intenso, intenso...
Me desperté, y de nuevo mi hija pegada a mi mano con los ojos inflamados, enrojecidos. Y el dolor. Creo que es tarde, la luz está encendida ¿Es de noche o ya es amanecer? No sé. El dolor es igual siempre. Entró la enfermera con una mirada cómplice; no sé si conmigo o con mi hija... ¡o con el dolor! La jeringa puede ser más morfina ¿Y si es otra cosa? “Ando buscandooooo/ Y cuando la encuentre le voy a dar candela...”
Afuera estaba amaneciendo, el sol radiante se abre paso, los ritmos del Caribe se despiertan en el corazón de su gente.
septiembre 2004
Texto de Evalix agregado el 03-04-2007. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net
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