- Es que tienen miedo de lo que les es desconocido.
- Hacen bien.
Ella no podía comprender porque no la había llamado.
El mundo entero se reducía a tres calles, y ya las había recorrido muchas veces.
Giró la llave del coche hasta la posición intermedia en que deja de hacer contacto pero se sigue escuchando la música.
“you`re awful bright, you`re awful smart
I must admit you broke my heart...”
Su mente enviaba las órdenes para salir de aquel coche rojo que olía a tabaco pero seguía allí sentada, inmóvil, mirando a la nada, que se lo tragaba todo. Y así, de repente, en un segundo como otro cualquiera, le vió.
Cuatro muchachos se aproximaban a ella con paso firme y rápido. Llevaban sus cabezas alzadas fijas hacia delante, sin pronunciar una palabra.
Al principio sintió miedo porque pensó que aquella sed de violencia que interpretaban a la perfección (cual obra de Kubrick) la encuadraba a ella en el papel de la inocente victima femenina. Pero la película terminó, y en el escenario de aquella calle mojada apareció un adolescente sudamericano, seguido por tres hijos de la ignorancia nacidos en españa.
Cuando la adelantaron ella siguió mirando por el espejo retrovisor, por si ocurría algo que le espantara la idea de que aquel chico iba a vivir uno de los que serian sus peores recuerdos.
Los muchachos torcieron la esquina y se oyó el rugido del coche al arrancar.
“...walk the streets of love
and they´re drenched with tears
I walk the streets of love for a 1000 years...”
Cuando ella les alcanzó el chico ya había sido derribado. Le estaban pateando en el parking de un centro comercial, donde las amas de casa que pasaban estaban demasiado ocupadas comprobando el ticket de compra, y también algún hombre sacando a su mascota a cagar, para advertir que un niño estaba recibiendo una brutal paliza a solo unos metros de ellos.
El chico consiguió levantarse y salir corriendo. Ella lo llamó con el claxon y le abrió la puerta del copiloto.
“...While lovers laugt and music plays...”
- Buena canción –dijo el chico casi sin aliento-.
- ¿te gustan “sus majestades”?
- Si. Mi madre me lo inculcó desde pequeño. Ahhh.
- ¿estas bien? ¿quieres ir al medico?
- No muchas gracias. Estoy bien. No es la primera vez que me aplastan las tripas.
Los dos se sonrieron. Semáforo en rojo.
- Creo que te conozco. Tu eres la chica que vende las entradas del cine ¿verdad?
- Si.
- Yo voy mucho al cine. Es mi pasión.
- Otra cosa mas que tenemos en común.
Se sonrieron otra vez. Semáforo en rojo.
- ahhh.
- ¿Te duele mucho?
- No, no se preocupe, no es nada.
- Son unos niñatos –dice ella mientras enciende un cigarrillo-.
- Si, y unos hijos de la gran puta.
Los dos se sonríen. Último semáforo en rojo.
- Es que tienen miedo de lo que les es extraño.
- Hacen bien.
El frío de la hoja afilada se hunde en sus entrañas.
La mirada de ella se vuelve reclamando una respuesta y la mirada de él pide perdón.
El frío se propagó por cada célula y en su cara se dibujo una sonrisa que ya jamás se borraría.
“…You had the moves
you had the cards
i must admit you were awful smart
the awful truth, it´s awful sad
I must admit. I was awful bad”
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