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Inicio / Cuenteros Locales / Jaguer / La Venganza

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Hacía ya tiempo que una sola idea surcaba su mente; matar a esa maldita; mil muertes había ideado, pero ninguna lo complacía lo suficiente, ninguna era suficientemente cruel para la muy puta; pensó en el veneno de diversas alimañas o quizás una buena combinación de tónicos de la botica de Don Manuel, sin embargo todas las opciones le parecían demasiado complicadas y molestas para aquella miserable, además, corría el riesgo de no poder disfrutar el momento de su muerte y el deseaba grabar en su mente hasta el último rictus de dolor, verla suplicar, arrastrarse, chillar, moquear, retorcerse, eso, sólo eso le compensaría en algo todo el daño que le había hecho; así que por fin resolvió que apuñalarla era una buena decesión, un buen tajo y listo.

Tomo camino hasta su casa; de un armario polvoriento sacó el viejo cuchillo que tiempo atrás había adquirido a un ebrio del pueblo cercano, lo limpio y afiló hasta que quedo convencido que estaba listo, lo guardo en su funda de cuero y se lo echó a la cintura.

En la cantina del pueblo todo era algarabía, recién había pasado el tiempo de la zafra y todos festejaban gastando en aguardiente el dinero que habían obtenido después de largas jornadas entre cañas chamuscadas; como siempre, el tomó una de las sillas dispuestas al final de la barra; encendió un cigarrillo y ordenó un poco de ron, al cabo de un rato de meditarlo comentó como para si mismo – hoy mismo la mato ¡ - la gente de su alrededor sonrió y continuó sus respectivas platicas sin inmutarse; hacia tiempo que él venia repitiendo esa frase, así que la gente acabó por tomarlo de a loco; tal actitud no le importó en lo más mínimo, la decisión estaba tomada y poco le interesaba lo que pudieran pensar una horda de pueblerinos ebrios; tomó su gabán y aventó unas monedas sobre el mostrador.

El camino se encontraba despejado, la luna iluminaba tímidamente los tamarindos y las jacarandas, a lo lejos sólo el sonido de los grillos y los zanates irrumpían la tranquilidad de la noche; pensó que no había podido elegir mejor momento para eliminarla; sacarla de una vez por todas de su corazón, el cual había invadido sin permiso y martirizaba día tras día con su hiel amarga, procurándole profundas y extenuantes veladas de inmensa soledad y tristeza.

La hoja gris relampagueó en las sombras provocando un débil chasquido, una lluvia escarlata se precipitó sobre el camino, el cuerpo cayó pesadamente, silencio.

Al día siguiente, su cuerpo fue encontrado con tremendo tajo en el corazón, su rostro endurecido por el frío del alba, aun conservaba esa extraña sonrisa que produjo temor y malestar a todo aquel que lo miró; finalmente lo había hecho, finalmente se había liberado.

Texto agregado el 03-04-2007, y leído por 35 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
2007-04-04 23:49:37 Cumpliò con matarla, pero serà que tendrà paz? doctora
2007-04-04 00:10:58 Escalofriante...la mató, de un golpe certero se llevo con ella aquel que le traicionó: sucorazón. mis 5* para ti angel_maldit o
 
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