Rosalba se sienta frente al embarcadero. Con sus pies descalzos observa un punto fijo en el cielo, creo que intenta ver más allá de las nubes, o tal vez convertirse en una de ellas.
Me siento cerca, oculto bajo el espeso follaje, no quiero que me vea aún. Escucho cómo entona una triste melodía mientras balancea su cuerpo menudo y extiende los brazos para luego abrazarse a si misma, intentando que la tristeza no anide en su alma. Pero su rostro refleja el sabor amargo del despecho y cierra los ojos mirando al horizonte. Oculta las lágrimas mientras escucha el mar, inmenso como el amor perdido.
Yo mismo recuerdo cómo le llegó igual que un regalo; fue su amigo y con risas robó su alma convirtiendo en espontáneos sus gestos.
Un día, sintió la traición en su cuerpo y perdió la alegría. Notó cómo se oscurecía su vida cuando ya nadie le devolvía la mirada, no encontró respuestas ni sentido a la vida.
Quiero estar con ella, mis pies avanzan tal vez porque siempre la he amado. Aunque no sé cómo, quiero quitarle la soledad que se ha sentado a su lado y hacerle más fácil el camino. Al llegar extiendo mi mano.
Le quedan retazos de dudas pero quiere recobrar la fe y abandonar el cansancio de su alma herida. Le juré amarla con el lenguaje de la mirada, el único que no admite sobornos ni palabras disfrazadas de mentiras, mientras le susurro al oído que la luz está hecha de ella.
*/*\* Gracias Pancho, por la inspiración de tus letras. */*\* |