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XIMENA. (Primera parte)


Entró, siguió por los azulejos inmaculados, todos ya estaban tendidos en el suelo. Saltó por encima de los vidrios antibalas y recorrió el pasillo de las cajas. Con lucida precisión tomó el dinero. Cuarenta y cinco segundos que emularon a los cuarenta y cinco latidos de su corazón y se ajustaron a los cuarenta y cinco millones de pesos y al diseño del esquema ensayado días antes. Un - !! Alto chuchazumadre ¡¡ - hizo variar el plan de acción, sintió un zumbido, un silbido, un susurro de aire cerca de su oído izquierdo. El vidrio de la entrada se astillaba y caían como diamantes por encima de las personas que estaban en el suelo. Aplicó entonces una alternativa que quizás solo estaba en su cabeza, mierda – se dijo- sintiendo por un segundo una vaga resignación, por último y en una aventura personal se decidió escapar hacia un patio trasero, saltó una pandereta que daba a una pizzería y con parsimonia buscó en el estacionamiento su bicicleta y pedaleó.
Es de mañana, pese a la bruma y smog hay claridad, el sol brilla débil pero la niebla insiste en quedarse un poco más. Se adentra a la ciudad y pedalea lentamente hacia su interior desde su frágil vehículo oye las sirenas, los bocinazos de las patrullas policiales que se acercaban al lugar del atraco. Se cruza con uno de esos vehículos blindados, indiferentes se miran, mientras ajustan sus cascos, sus casacas antibalas y cargan sus armas ultra potentes; el ciclista contiene la respiración, la adrenalina recorre su sangre, evaporando el sudor que recorre su espalda, el espanto no deja sentir los muslos de sus piernas. Por suerte, la inercia y el peso de su cuerpo hacen que el vehículo por un efecto mecánico físico se mueva, un aire intenso y helado entra por su nariz congelando una parte de su parietal provocando un pequeño dolor, sus ojos brillan.
Llegó a la plaza de la ciudad, dejó su bicicleta afirmada a un farol antiguo, sin preocuparse que alguien, mas tarde, se la lleve. Compró en la esquina de calle Ahumada con Catedral el diario, dos aspirinas y un botellón de agua mineral y por una diagonal caminó hacia el museo de Bellas Artes, afuera una niña mostraba la arquitectura del museo a unos extranjeros, luego los hace reunirse en un grupo para recorrer una retrospectiva del pintor J.Balmes. El ciclista esperó en la entrada un rato y entró con un tercer y desordenado grupo de personas, pensaba en sus compañeros, les deseaba fortuna para sortear el cerco policial, las balas, la muerte. Turistas, estudiantes y diletantes comenzaban a recorrer el museo en medio él y pese a su estilo sport no llamaba la atención pues era común que los deportistas que trotan en el parque forestal hicieran un alto en el lugar para pedir a un encorbatado auxiliar el baño. Quedó rezagado en la sala subterránea, se sentó, frente a un bastidor de dos por cuatro metros manchas de colores intervenidas con una bandera dibujada en carboncillo creando un efecto de sombras contra el color, en la esquina un pan baguette pegado que por sus ranuras emanaba un color rojo dando la impresión de llagas salpicando la tela de sangre.
Esperó a sus socios, miró su reloj, mira la pintura que esta frente a él y un escalofrió recorrió su cuerpo. Apuntó su mirada a un termómetro que indicaba solo 8 grados. Una niña con un acento extraño interrumpe sus solitarias cavilaciones ¿Donde es el baño?-preguntó ella-. Se limitó a encoger sus hombros.
Acarició su bolso sintético, made in Taiwán, miró nuevamente su reloj y comenzó a pensar que algo había salido mal, ¿muertos?, ¿heridos?, ¿en el interrogatorio? Con optimismo pensó en que simplemente se perdieron o se atrasaron. Ese era el punto uno y una hora de espera, veinticuatro horas mas y no perdía la esperanza de reunirse en el punto dos. Citó un poema de D. turkeltaub y se dijo; “bueno si no llegan, mientras tanto… les regalo la espera” y se levantó alcanzando a un grupo que subía al primer piso, tomó un catalogo de la exposición y salió. Al cruzar el umbral barroco se encuentra con la misma niña de rasgos Lapones que preguntó por el baño minutos antes. Lo detiene y pide que les saque una fotografía a ella y a su amiga que le acompaña, sobre una escultura de R. Matte que esta en ese lugar. Zenit 12 xp, 35 Mm., mecánica hecha en la antigua URSS. Disparó dos veces sin la mínima atención a las indicaciones sugeridas. Tomó un taxi se bajo en Estación Central, abrió un compartimiento en custodia donde dejo el bolso que llevaba y saco un maletín que luego revisó, en su interior un libro del poeta Belga J.Brel en el interior del libro un pasaje de tren con hora de salida prefijada para las 12:15 al lado una botella de vino “Santa Catalina” una estrella, tinto. Un puro Montecristi y una pistola Mágnum 44. Tomó el libro en una mano y con la otra el maletín se fue a una ventanilla a confirmar el viaje luego que le estamparon los timbres de rigor, el pasaje volvió a marcar las paginas sobre algún poema de amor de J.brel ,. Subió al tren agotado se acomodó en su butaca, en el camino miró por los cristales. Llueve sobre los campos, a lo lejos observaba a mitad del cielo nubes negras amenazantes matizadas con arreboles que los rayos de sol pintan de rojo. La ventana es de dos por cuatro metros y el paisaje afuera es una mancha de colores como un cuadro, el humo de la locomotora le trae a la memoria el cuadro de esa mañana en el museo. Cierta curiosidad lo hizo dibujar un círculo en el vidrio y mientras la humedad atmosférica del interior del tren lo iba desformando sus parpados comenzaron a caer con la misma lentitud que las gotas de humedad sobre el marco de la ventana.


Cuando se bajó del tren un par de estornudos le avisaron que podría resfriarse un tercer estornudo le hicieron buscar en una verdulería siete naranjas y con las frutas envueltas en un papel de diario y su maletín camino enfrentando el viento helado de la costanera. El mar rabioso mordía la arena como una boca inmensa llena de espuma y las olas se esforzaban por llevarse a navegar ese villorrio. Subió por unas escaleras que parecían infinitas hacia el cielo. Se fue alejando de los techos de lata que las ráfagas de viento hacían gemir como una orquesta de saxofones. Una casa de roca sólida que se alejaba de la caleta de pescadores y se perdía en un bosque de pinos era su refugio temporal, el punto de encuentro alternativo, el punto dos.
Abrió se sentó en un sofá, estuvo quieto por treinta minutos con su oído atento a cualquier ruido extraño, luego acarició su pistola, tiró suavemente la carcasa hacia atrás y pasó una bala. Recorrió la casa, ninguna novedad más que una nota que había dejado unos meses antes “vamos y volvemos, espérennos”. Bajó su arma y dejó sobre el manuscrito. Encendió la radioemisora una canción - que decía “cuídate niña de este mundo salvaje” de Cat Stevens- lo hizo dejar en un punto preciso del dial de frecuencia modulada. Mientras tanto en la cocina exprimía las naranjas y cantaba parte del tema. Encendió el TV. Esperó el noticiero de las 21hrs que abrió con la noticia de un intenso tiroteo, con rehenes y muertos en un frustrado asalto a la sucursal del Banco Inversión. Habían estado trasmitiendo todo el día cada uno de los detalles, con truculencia y morbo repetían el momento que un experto francotirador de la policía le había volado la cabeza uno de los últimos antisociales que opusieron resistencia. En vivo, en directo y en cámara lenta el fogueo se vio como una luciérnaga en noche de invierno. El policía como un insecto anónimo encaramado en un techo colindante y el proyectil que salió del rifle de él fue un estampido, rápido y preciso. El plomo poéticamente surcó el aire convirtiendo la distancia en nada mordiendo la cabeza del supuesto antisocial, parietal izquierdo, algo de sangre salpicó al rehén quien en un ataque de histeria vibraba como un electrodoméstico, desorientado, helado, pálido. Una voz metálica que salía de un megáfono le solicitaba que avanzara. El rehén no parecía entender si eran las puertas del cielo o la vida simplemente. Un silencio espectral.



Apagó la TV. y las luces, fue a la cocina a buscar el pequeño transistor y se lo llevo al baño, se duchó mientras se informaba por los despachos que informaban que uno de los antisociales se encontraba herido batiéndose entre la vida y la muerte. Entregaban detalles de su vida, nombre real estado civil, oficio, último domicilio y el último detalle que entregó el locutor fue desde la posta central; Informaba que el único herido había fallecido. Salió de la ducha, todos muertos –se dijo- al mismo tiempo que le embargaban ciertas dudas, no se precisaba el numero de de autores ni del monto del botín, se omitía la pertenencia a la Resistencia de ellos y se les motejaba de simples delincuentes. No sabia si sentirse con suerte el estar vivo, pero sabia que en ningún caso podía estar tranquilo, pensó en sus cuatro hermanos-camaradas muertos por un momento lo embargó la tristeza, un vació, una soledad angustiante, quizás miedo, sí miedo, angustia, soledad, vació. Miró por la ventana casi en un estado catártico, su horizontal y línea recta angustia.

El ruido de un vehículo y las luces que se pegaron a la ventana le despiertan nuevamente sus sentidos, dos bocinazos automáticamente le hicieron buscar su pistola. Retornó al lugar donde estaba y observó a un solo hombre en el volante este se baja y mira por unos segundos la fachada de la casa. Algo familiar en el le hizo bajar la guardia. El hombre golpeó la puerta y preguntó por la venta de la casa, un breve dialogo y una palabra clave fue suficiente para que el Ciclista lo hiciese pasar.

Al entrar a la casa se presentó como Juan pablo. El ciclista dijo entonces, adelantándose, si venia con alguien mas.

-No, nadie mas, -con una voz tranquila y algo grave repuso. ¿Hay alguien más?

-No nadie más, pasa – explicó- Quizás un gato en el techo y el perro del Vecino.
-¡Excelente¡Y se volvió entonces hacia el ciclista.

- ¿Rompiste el cerco policial, te fijaste si traías cola?

-Creo que no. He chequeado con rigor cada paso antes de llegar aquí.
- Bueno, como vez, dijo Juan pablo - avanzando al amplio living de la casa y buscando un posición cómoda en un sillón de terciopelo rojo - Nosotros nos hemos visto quizás en otras operaciones…
- Cierto.
- Bueno ahora no soy contacto solo correo- afirmó Juan pablo, desabotonó su terno italiano para cruzarse de piernas y continuar- Solo vengo a informarme como escapaste y si tienes algún comentario que hacer. Luego sacó una pequeña caja de dulces de menta y le ofreció.
- no gracias, dijo su interlocutor.

Juan pablo entonces se levanto y comenzó a pasear por el living dando una micro-conferencia de lo que pasaba en el país y a su juicio los posibles errores cometidos en la última operación.

- ¿Quieres agua o jugo de naranjas? -Creo que también tengo un vino, dijo el ciclista.

- Solo agua, gracias. Respondió, mientras acomodó su chaqueta en un colgador cercano y el sonido de una llave llenaba un baso de agua, pero luego insistió…

- ¿Y como lograste huir?

- con mucha suerte.

- ¡Oh¡ – dijo Juan Pablo sonriendo- usted tiene siempre mucha suerte. Recibiendo en sus manos un vaso con agua.
- ¿y que vas hacer ahora?
-no sé.
-¿y cuanto dinero se logro recuperar?

-el dinero no se alcanzo a recuperar.
Y desviándose del tema y de las plausibles dudas, explicó; que dentro del plan general siempre trabaja con un escenario particular que dentro de estas circunstancias funcionó logrando salir con vida.

Un sonido de celular proveniente de su chaqueta hizo que Juan pablo se parara, tomara el auricular y se alejara unos metros, luego de discutir con el sujeto que estaba en la línea y dar algunas instrucciones, lo vuelve a guardar en su chaqueta que quedo colgada en la pared.

-¿me pudo quedar? -luego añadió pausadamente y con un dejo de resignación: - El temporal botó unos árboles en el camino y hay algunos deslizamientos de tierra que hará intransitable el camino hasta mañana…

- sí claro, la casa es grande…

Es pasada la media noche, mucho frió Juan pide un abrigo. El ciclista lo invita a prender la chimenea y que luego iría en busca de alguna campera. Juntaron las astillas para hacer una pira. Algo al ciclista lo hacia dudar de Juan pablo; Quiere evitar que el silencio se transforme en desconfianza y que se provoque algún momento de tensión. Así que conversan de la liga de footbol, del tiempo, la playa, mujeres, cuando el fuego de la chimenea logra tener autonomía movieron los sillones en dirección a ella. La pira ilumina y calienta la sala. Hablan de temas banales y pasan a temas mas complicados como interpretaciones ideológicas de la historia del país, Marx, Mao, Marcuse, el diario del Che, los cuadernos de Gramsi y los escritos de Lacan. En un momento Juan pablo recomienda al ciclista salir del país y descolgarse de la organización hasta nuevo aviso. El ciclista algo distraído solo piensa en las palabras claves para entregar las coordenadas exactas del botín.

- Mira a mí me preocupa tu situación Vicente. -Con un tono paternal dijo al ciclista y agregó;- Es muy preocupante que la muerte ande en tus talones; posiblemente en la semana se resuelva tu situación, de mas, esta decir que este será el último contacto nuestro.
Después de decir estas palabras, Juan pablo, matizó el desamparo que pudo sentir su interlocutor y agregó:
- Desde mañana cualquier información te llegará a tu casilla postal. ¿Es la misma Santiago 21 #2573…?
- Si. -Respondió Vicente- y va en busca de un maletín negro que dejó en el baño, vuelve al living y lo abre frente a Juan pablo.
Este parece sonreír, los ojos le brillan. Cuando ve solo una botella de vino en su interior parece decepcionarse. Vicente con facilidad descorcha la botella y el aroma a ciruelas secas inunda la atmósfera. Llena una copa y la ofrece a su acompañante. - responde que no - prefiere masticar una píldora de menta. Luego enciende un puro y se reclina dejando la botella cerca de la chimenea. Pausadamente bebe el rubí tibio de su copa, hace alguna mención al pasado, su infancia y la alegría que le provocaba mojarse con la lluvia. Juan Pablo escucha ya sin mucho interés y comienza a bostezar más seguidamente pero insiste en que no quiere dormir. Entonces Vicente, subió al segundo piso y bajó con un grueso abrigo marinero de color azul.
- Buenas noches, descansa, dijo; tirando el abrigo a sus manos. No por madrugar amanecerá mas temprano- agregó -subiendo los peldaños de una crujiente escalera.




Abrió los ojos, pega su mirada al techo, en breve ejercicio intelectual recordó donde y por que estaba en ese lugar. En una esquina de la ventana una araña hacia brillar su red intentado subir una gota de agua que quito del vidrio. Sintió unos ruidos extraños afuera, miró por la ventana. Una patrulla de la policía uniformada, un vehículo de la policía civil, una ambulancia y dos autos negros. Saltó a la cama y tomó sus pantalones, desesperadamente los calza en sus piernas. Bajó las escaleras al mismo tiempo que prepara su arma. Juan ya se encontraba en posición, armado, y con el cañón haciendo una grieta por donde observa. Con un dedo que cruza sus labios, pide silencio a un ansioso Vicente, un policía golpea la puerta y otro pone su cara en la ventana; Juan lo tiene a su alcance - para enviarlo al reino de los cielos- pero luego parece entender la situación se acerca, le pide calma, ¡nada¡ ¡nada¡ no es nada grave –insiste- y luego va a la puerta. Vicente, con desconfianza y pánico se pone tras la puerta de la cocina y por la ranura que la pega a la pared observa los movimientos. Golpean nuevamente, Juan pone su pistola en el canal de los glúteos, arregla su chaqueta y abre.
-!Muy buenos días ¡ - con voz fuerte y casi al rostro de policía-.

-Buenos días, podemos pasar- dijeron identificándose como funcionarios de la Comisaría del Litoral.

-Claro pues; adelante…- los policías preguntaron si en la noche sintieron algún ruido extraño ya que el destacado escritor y vecino había puesto fin a sus días suicidándose. Luego contaron que el juez ya dio la orden para levantar el cuerpo y que querían en la medida que le fuera posible quedarse temporalmente con la custodia del perro del desgraciado artista. Y apenas les fuera posible encontrar a algún familiar le informaran que el perro esta con el vecino aquí tiene una bolsa de alimentos…
-ya, ya, déjelo no mas, en el jardín. Luego daré instrucciones a mis inquilinos para que se encarguen de alimentarlo…
Cuando los policías se retiraron Juan Pablo llamó al perro y este al ver la bolsa de comida de inmediato se introdujo en la casa.
-Ya escuchaste todo, le dijo Juan pablo; a su acompañante.
Quien respiró profundo recibiendo la bolsa en sus narices y de la cual emanaba un fuerte olor a pescado. Luego Juan Pablo fue a la chimenea, de un sorbo se bebió el resto de lo que quedo en la botella de Sta catalina y se volvió a abrazar a Vicente.
- Cuídate mucho, que la muerte anda tocándote los talones. Y luego arregló su corbata y salió.
-¿y como se llama el perro…?-Replicó- Vicente desde el la puerta.
-!No tengo idea…¡
Cerró la puerta, subió al dormitorio; la araña se balanceaba en su tela y la gota de agua en un trapecio casi a punto de caer. Afuera un vehículo funerario se llevaba al desgraciado occiso, que encabezaba la caravana, y que seguía el vehículo del juez, la policía, la ambulancia, homicidios y la de un periodista que excitado sacaba fotografías desde su vehículo. Un poco mas atrás Juan pablo parecía integrarse la comitiva, perdiéndose por las curvas cerro abajo. Vicente Sintió un sólo ladrido. Bajó las escaleras, el perro estaba algo desconfiado y peligrosamente tímido. Para no tener problemas con el perro le entrega la bolsa entera y se sienta a pensar que podía hacer con el animal ya que; solo le quedaban unas horas para desaparecer de ese lugar. Mientras en su mente buscaba un nombre para bautizarlo de alguna manera. Gritó varios nombres pero “azul” lo hacia levantar la cabeza de la bolsa lo llamó nuevamente así y el perro levantó su cabeza y movió la cola cuando terminó de comerse la bolsa fue donde él, se dio una vuelta y se acomodó en el mismo sillón. Azul seria su nuevo amigo.





Salía de su casa cuando el sol comenzaba a desaparecer. Sin ninguna idea preconcebida ni clara donde ir, camina por un rato con las manos en los bolsillos, en línea recta. Trata de explicarse donde se han perdido tanto años de su vida, quizás buscar en la arquitectura de la ciudad los recuerdos mas importantes de su infancia, reflexionar un poco sobre su juventud y como sobrevivir a la crisis existencial que lo comienza a embargar y carcomerle el alma. Cuando se cansó de caminar tomo un taxi para volver a casa. En forma unilateral el taxista al llegar a Calle Vicuña con Irarrazaval le informa que por desperfectos de su maquina solo lo dejara en esa esquina. Se bajo sin queja alguna y esperó otro. El taxista abrió su portamaletas desde donde saco unas herramientas. Frente a él, al otro lado de la calle un muchacho venia lidiando con tres adolescentes. Uno le tiraba una correa que tenia en el cuello, otro le intentaba quitar un maletín y un tercero parecía darle golpes en la cabeza. Aviso al taxista que estaban asaltando a la persona que tramitaba en frente, pero el taxista desde debajo del vehículo parecía no importarle. Cruzo con intención de espantar a los supuestos asaltantes pero ellos insistían en su afán, se fue encima de uno de ellos y en breves segundos ya era parte de esa pequeña escaramuza urbana. Puntapiés y puñetes daba y recibía. Pensó que existiendo un empate de fuerzas todo indicaba que con su sola presencia el desenlace no se iba a producir muy luego. Fue en ese entonces que el taxista hecho a andar su vehículo dio media vuelta en el bandejon central de la calle y bajo con una gruesa herramienta de fierro. Los adolescentes parecieron percatarse que la contienda seria desigual así que al ver al señor del taxi arrancaron en distintas direcciones. El muchacho estaba un poco asfixiado con la correa de su cámara fotográfica y mientras la desenrollaba de su cuello iba tomando aire y escupía un poco de saliva con algo de sangre que salía de una grieta de su labio. Una vez que su rostro volvió a la normalidad le agradeció al taxista y al muchacho que le prestaron ayuda.
-Llamé a la central para que llamaran a los pacos, dijo el taxista, agregando… Y vos te olvidaste de pagarme la carrera desde el parque Ohiggins hasta la esquina, mas la media vuelta y la ayuda de espantar a esos “giles” añadiendo que con dos “Lucas” esta él arreglado.

- pero si fueron unas cuadras no mas. –Respondió- y luego ya sin ánimo de discutir por unos pesos menos sacó dos mil pesos y se las entrego al taxista. Este volvió a su vehículo tiro al asiento del copiloto la gruesa herramienta que traía en su mano y desapareció.

- ¿todo bien?, preguntó Vicente, al mas golpeado.
- Si, si gracias. Mientras acomodaba sus ropas.
- Bueno, entonces caminaré.
- Si, OK gracias. Respondió algo excitado y tembloroso aún.

Luego de unos segundos El mas golpeado, partió en la misma dirección que Vicente, le alcanzó y le dio nuevamente las gracias por la atención prestada metros antes, y que unas cuadras mas adelante esta su departamento.
- igual el taxista nos salvo. –Repuso Vicente-.
- Si demás; te debo por lo menos las dos Lucas.
- No te preocupes.-Respondió-
- Si quieres me esperas subo y te paso dinero, pero en un instante cambia de opinión e informa que su departamento posiblemente esta echo un asquerosidad y lo invita a subir. Dentro del ascensor buscó sus llaves por todos los bolsillos, cuando la encuentra su rostro mostró una sonrisa de satisfacción.

La habitación se iluminó y mostró una sala implacable y ordenada. Se sentó en un sillón de color púrpura, espero un momento. El dueño de casa lanzo su chaqueta de cuero, un maletín y su cámara a cada una de las tres habitaciones que tenia el departamento. Se metió al baño dejando la puerta semi abierta, echo a correr el agua gritando desde ese lugar que en el frío hay bebidas y jugo. Si quería servirse. Tomó una lata cerveza y se asomo al umbral de la puerta del baño.

-A que te dedicas. - preguntó- sin embargo, su interlocutor sigue bajo un chorro de agua en la ducha, llenando su boca de agua que deja caer como una erupción volcánica hacia sus oídos y hombros, que van surcando el envoltorio de espuma de jabón que como un traje de algodón se desploma, desvanece y desaparece por la alcantarilla. Cuando se percata que le interrogaba hizo unos gestos en el vidrio del cubícalo, cerró el agua y abrió.

- soy fotógrafo del servicio de Tanatologia- agrego- que no era de los que iban al sitio del suceso por que para eso esta la brigada de Homicidios de la policía, mi trabajo consiste mas bien en fotografiar a personas no reclamadas o aspectos que a los médicos le interesan o bien registrar curiosidades a investigar. Piensa- le dice a su interlocutor- que muchas veces solo un disparo mata a una persona; mi trabajo sin embargo consiste en que con mi solo disparo y quizás es el ultimo antes de hacerse literalmente humo queda inmortalizado para siempre en los archivos del servicio.
El fotógrafo se termino de secar mientras termina de explicar que en su tiempo libre realiza “book”, una especie de catalogo de las anatomías de ninfulas y Narcisas que aspiran a ser promotoras de productos, actrices, modelos, reinas de belleza etc. Luego apareció desde su habitación y entrega dos mil pesos y su tarjeta de presentación a su acompañante quien se levanta del sillón púrpura, en el mismo instante aparece una niña de pelo rubio y desordenado refregándose los ojos y preguntando por su encargo.
-No encontré nada abierto, respondió el fotógrafo- y tuve un inconveniente camino hacia acá, citando a su acompañante como testigo quien con un gesto señala;
- hola, es cierto, adiós…
La niña que había aparecido de improviso en la sala del living, insistió en la importancia del encargo, se revuelve su pelo huracanado y luego pone un CD de la banda inglesa The Cure en la bandeja de una radio de inmediato una voz quejumbrosa inunda la habitación “… mi sangre hierve pero mi corazón es de hielo así que llora, llora de una vez y apaga este ultimo fuego”
-Hacia donde vas- pregunto la niña- cuando ya estaba en la puerta.
-Bilbao vía Oriente- responde.
Esta vestida con un piyama celeste de satín brillante casi glamoroso para esa accidentada noche, sus senos casi no se notan y aun enojada su rostro es casi angelical.
-bueno deben haber farmacias abiertas en esta ciudad llena de locos- toma una chaqueta que le quedaba un poco grande unas llaves y bajo con él al subterráneo. Busco su vehículo un WV color amarillo.
- te dejo en el camino, dijo ella.
Y en el camino le relato sobre los incómodos dolores de ovarios en periodos premenstruales y que con urgencia necesitaba toallas higiénicas. Que además un insecto mordió su cadera causándole una alergia y para convencerlo que no exageraba se levando su camisa. El no distinguió nada raro, su piel es blanca y parece dorarse por las luces del alumbrado público que entra por el parabrisas. Un ombligo pequeño y erótico coronado con una sombra que provoca su última costilla. A pesar del abrigo y su improvisado aspecto es joven, bella, y nacarada. Un pezón de su seno izquierdo se asoma tímido por una grieta de la chaqueta y que cada cien metros los ases de luz iluminan provocando cierta inquietud en él.
-Aquí me bajo- dijo. Mostrando el letrero que indicaba Bbs-bar. No ando con llaves de mi casa así que espero llegar en la mañana –agrego- . Ella Freno lentamente hasta detener el vehículo.
-adiós-. La luz del interior del vehículo se apago y en su memoria registro su última sonrisa, el calor de su cuerpo, su olor a carne fresca.
Entro al Bbs-bar. Un refugio madrugador donde llegan garzones de otros bares, guardias, taxistas, murciélagos y otras aves nocturnas. Su lugar es la barra junto a un gran reloj que nunca marca la hora exacta y que la grasa que corre por sus aspas le da un aspecto surrealista. Frente a el Un espejo curvo que proyecta el interior de la sala, se mira al espejo esta ojeroso y como consuelo no se encuentra demasiado viejo. El garzón al verlo trae una copa y una botella de Sta. Catalina, llena la copa frente a él y su nariz parece reconocer ese aroma. Bebe y se mira al espejo. La copa se ve solitaria en el largo mesón como su cuerpo en la hilera de sillas vacías. Reconoce que quizás gracias al espejo se siente acompañado consigo mismo. Piensa en tantos años perdiendo el tiempo, tantos amores perdidos en el camino y tantos caminos perdidos por amores. Su memoria invoca a su gran amor una tal Ximena S.M una morena muy hermosa pero demasiado inquieta. Recordó que un día ella le dijo que se iba al sur; ¿si quieres me acompañas o de lo contrario tu pierdes no mas? Escuchaba aun en su cerebro. Y así no más fue, eligió ser un perdedor.
Sigue capturado por ese espejo, se nota triste, melancólico, abatido. Cree parecerse más a su madre que a su padre, eso si cuando ella era mas joven. Un rato mas los vera y seguramente lo regañaran, le hablaran del resto de la tribu, le aconsejaran que se quede en casa, que ya están viejos para fastidiarlo, que revise, que enmiende, rectifique, o claudique a ese estilo rebelde, lascivo, maldito, solitario, auto flagelante, disoluto e inconcluso. El garzón se acerca le llena una nueva copa le cuenta una anécdota que no le hizo reír, pero lo saco de su compleja catarsis, de sus cavilaciones, de su estado taciturno y con un vodka tónica que el garzón tenia escondido entre las copas del mostrador hizo un salud chocando los vasos y corrió a atender a unos clientes que llegaron y se acomodaron al final del bar. Luego unas luces potentes iluminan la entrada del bar, un vehículo pequeño se estaciona y una mujer cruza el portal, en sus manos la acompaña una bolsa plástica, pide cigarros y sus ojos con algo de curiosidad quieren indagar en la decoración, con timidez mira a los comensales que están en su interior. Él se vuelve hacia ella le saluda desde la penumbra ella lo va reconociendo a medida que avanza, se acerca un poco mas y cuando esta segura que es él, se sienta en la barra, dejando la bolsa plástica que traslucía un pack de toallas higiénicas, una pomada dermatológica y un bloc-sum factor 20 contra UVA-UVB el garzón en rápida diligencia allego una copa. La lleno e informo que estaba a su entera disposición.

- Encontraste algo abierto a las 4am.
-Encontré once abiertas, solo en esta calle.
-Salud, se dijeron y chocaron las copas, celebrando que hayan farmacias abiertas.
- Oye te advierto que estas conduciendo.
-No te preocupes soy mayor de edad.
-Otra botella- dijo ella-.
-No esta mal.-respondió él-.
Cuando terminaron la última gota de esa botella, ella sacó una tarjeta de red-bank-ultra-Express- Premium y pidió el mejor vino que se tuviera en el lugar, bebían, reían, bailaban y en una ocasión uno de ellos le robo un beso al otro. En poco tiempo y producto de muchas copas ya eran grandes amigos. En poco tiempo la pomada antialergica había echo su efecto, mostró su estomago y como aun él no notaba nada extraño en su barriga, ella le movió la cadera con gracia y alegría como una odalisca.
-Tendré que auscultar- dijo él- lo que causo una risa aún más aguda en ella. Los comensales pese a las risas algo escandalosas, sólo miraron indiferentes hacia la barra, como si la niña fuera una puta más que pulula en esas noches de frió.
Salieron del bar., él tomo el volante y si bien pudo echar a andar el vehículo sabía que lo suyo era la bicicleta. Llegó al subterráneo del edificio - por que los milagros a veces existen -y gracias a su experiencia en guerrilla urbana logró sacarla del auto echarse el cuerpo casi inerte al hombro y con la otra mano afirmarse y subir por las escaleras. Sólo cuando llegó al 8vo piso se percató que existía ascensor sin embargo no recordaba el piso y las puertas de los 40 departamentos del edificio eran técnicamente iguales. Un susurro le pidió que la dejara en el piso, petición a la cual el accedió pues algo adolorido ya tenia su hombro, fue entonces que el estomago de ella se vació de los excesos etílicos de esa jornada y un liquido amaranto que salió de su boca escurrió escaleras abajo. Faltan dos pisos más-dijo- y se amarró con sus brazos a la espalda de él.
El fotógrafo sin sorprenderse les abre, la toma y la deja en su cama le toma el aliento y el pulso –esta bien- dice y deja una taza de te de hojas de rozas de mosqueta en su velador.
-¿Estabas durmiendo?-preguntó.
-No estaba trabajando en mi laboratorio casero
-¿Si quieres descansa en el living?,- agregó- yo salgo en una hora más.
- Creo que es mejor que me retire, por hoy ha sido suficiente.
- !Espera, por lo menos que amanezca¡ Tomate un café, me haces uno; y me lo traes hacia acá. Luego salimos juntos.
La luz roja de seguridad y el quedarse inmóvil en un rincón para no voltear las bandejas con aguas y químicos D72 y U3 le daba un aspecto de maniquí.
- Y… ¿en que estas?
- ¿Estoy con unos amigos?
- ¿No se ven muy saludables?- Respondió-. Vicente desde su posición.
- Son ya cadáveres.
- Ah… ¿les estas retocando el rostro?
- Para nada, estoy ampliando sus lenguas creo que les falta un pedazo.
- ¿Y de que fallecieron? Con curiosidad preguntó Vicente.
- Uno por suicidio por asfixia, el otro por la abstinencia de narcóticos.
- ¿Y que tiene que ver la lengua?
- Que el primero era un esquizoide que reclamaba que una bruja le había cortado la lengua.
- ¡Ah! –Que locos-
- El otro alucinaba con una mujer que según él le había cortado un pedazo de lengua.

Salieron del cuarto oscuro y el fotógrafo lo invitó al living, amanece, pega cuatro fotos en el ventanal, se queda a un lado con un café en la mano las fotos son blanco y negro y sus bocas y lenguas están ampliadas, le pide un sorbo de café a Vicente y pregunta:
- ¿Sabes que…?
- ¿Que?
- Parece que estos, tenían razón. Mira les falta un pedazo o tuvieron una herida en el mismo lugar, mira, -¿vez?-.
- Si puede ser, ¿pero eso los mató?
- No, no sé pero es extraño las cicatrices son hace un año.

Tomo todas las fotografías las metió a un bolso, se puso una chaqueta y llamó a un médico forense. Luego, al abogado de la fiscalia. Quizás era muy temprano pero sólo tuvo por respuesta “deje su mensaje después del timbre luego sólo cuelgue”. Salieron por las escaleras del edificio la luz del sol les irritaba los ojos. El fotógrafo paro un taxi y se despidió.
Con la punta de sus dedos, Vicente; logró encontrar un par de monedas en el bolsillo de su pantalón. Subió al microbús en dirección al Oriente. Su aspecto “Casual- Sport” o su fragancia vinagrosa parecieron molestar al chofer, apenas pagó, el micrero aceleró con brusquedad y lo envió al fondo del bus -por fin a casa- dijo- Mientras el sol se elevaba tras la cordillera.

Esa voz, era un ruido conocido dentro de su cerebro. Como un eco lejano se acercaba a la puerta de su habitación. Era la voz de su hermano Teodorakis que murmuraba junto a la de su Padre. Discutían si era el momento adecuado para informar a Vicente un asunto importante. Pero pareció primar la opinión del Padre de dejarlo para otro día. Sintieron un ruido dentro de la habitación y en ese instante el papa siguió por el pasillo hacia el jardín; Teodorakis toco la puerta, como nadie abrió, entró. Entonces, concluyo que Vicente solo se levanto a dar vuelta un casete de “Carola King” para seguir roncando en su cama. Se acerco a él, se hinco en silencio a revisar un par de discos repartidos en el piso, discos que se extraviaron de su closet y dio por perdidos hace mucho años, hay estaba su disco de J,Coker cuando este era flaco y melenudo, también Emerson,Lake&Palmer y no daba crédito a lo que veían sus ojos su disco preferido B.Dylan un clásico de 1961 comienza a tararear el disco y en ese preciso instante un poco asustado Vicente abre sus ojos, salta de la cama y se dan un fuerte abrazo. Toma sus manos y se aleja un metro.

- ¿Pero si ya tienes la cabeza llena de canas y esa barriga de oso?
-La buena cocina madrileña me tiene así. Replico Teodorakis.
-Si no fuera por tu voz, no te hubiera reconocidos, cantas tan mal como siempre.

- ¿y como esta tu esposa? sigues con la Turca-Alemana que trajiste la ultima vez, -ja, ja, ja, riéndose agrega;
Sigue ella en su negocio de traficar hachís en yate desde Marruecos a Ámsterdam.

- No, no, ya no; solo vende objetos de arte antiguo, le va muy bien.

Vicente acompaño a Teo como una sombra esa mañana, muchos recuerdos de amistades, familiares y situaciones casi extinguidas en sus mentes y que con cierta relatividad uno recordaba más que él otro ya sea por vanidad o simple vergüenza.

- Y tú sigues haciendo clases.
- Si tengo una cátedra de Asuntos internacionales en Madrid.
- ¿que te trae por estos lados?
- Varios asuntos; entre ellos papá me contaba que mamá estaba un poco decaída y que se hizo unos exámenes y quería ver los resultados conmigo.

Vicente iba por un pasillo en el supermarket conduciendo un carrito mientras Teo se admiraba de la variedad de productos importados que existían, hasta que confesó el motivo real de su viaje. Lo primero que se le vino a la cabeza a Vicente fue pensar en cáncer, fue frenando, su rostro tomo un color mas pálido, hasta que la perplejidad lo dejo paralizado. Teo lo miro con seriedad directo a los ojos…
“Alzheirmer”- dijo- y como si le hubiesen dado cuerda, Vicente continúo por el pasillo algo aliviado. Para él lo importante era que no se iba a morir de un viaje. Entonces Vicente hizo una pequeña reseña que lo ilustró en cierta manera de los síntomas de la enfermedad y pidió que guardara cierta discreción, que no se alarmara por amnesias temporales que pudiera sufrir mamá dentro de siguientes días, semanas ,meses o años.




Era el último día en que Teo se encontraría en el país. Ya había confirmado su vuelo y todo indicaba que mañana partiría. Los días anteriores había llovido y echo mucho frió, pero esa mañana el cielo estaba despejado y el sol radiante. Vicente se levanto un poco tarde, siempre argumentaba que le gustaba despertar a esa hora por que le gustaba ahorrarse el desayuno, así que se fue a duchar, regresó a su habitación y mientras se vestía y ordenaba la pieza escuchaba el mercado de Tectacio de la banda chilena “Intillimani”.
En la mesa había un pollo asado y ensaladas surtidas, su madre repartía las articulaciones de la ave en cada plato y una vez que terminó el padre tomo un Botellón de Sta Catalina y regó la mesa. Cuando llegó a la copa de Vicente le insinuó que en la terraza estaba el diario y que podría echar una miradita a los clasificados del “Journalista” por si encontraba algo en que entretener su existencia. Luego cuando termino de llenar la copa pregunto a Teo como se encontraban sus hermanas y si iban a llegar a almorzar o no. Respondió que ellas; Almendra y Aline, se habían excusado pero que habían invitado a mamá y a todos para en la noche ir a cenar al Barrio Bella vista. La madre se extraño con la invitación pues desde que se casaron sus preocupaciones son otras, además que ya cada vez menos iban a casa.
La madre recordó los años en que Teo la sacaba al teatro pero antes de llegar a la función se acordaba que tenia que ir a un casamiento, bautizo, cumpleaños o kermés cuestión que siempre le pedía unos pesos pues tenia que llegar con un regalo pero era muy evidente que era para salir con la novia de turno. Todos rieron de la imaginación que tenia Vicente para engatusar a la gente en su juventud. Cuando terminaron de almorzar el Padre fue a la terraza terminar de leer el diario, Miguel fue a terminar de ordenar su maleta y más menos calcular que ellas no tengan sobre peso para evitar pagar impuestos adicionales. Vicente llevo la vajilla a la cocina y de vez en cuando espiaba a su madre para descubrir algún cambio de personalidad pero como si él aun fuese un niño travieso ella lo espanto de la cocina pero él porfió en besarla, abrazarla y jugar con ella solo unos gritos que dio alarmaron al Padre quien desde la terraza grito; “ ¡¡¡ Deja tranquila ha esa mujer, hombre¡¡¡” pero el porfió hasta hacerla enojar y solo con un chorro de agua que ella le lanzo lo alejo riendo en dirección a su cuarto, se lanzo en la cama puso música y abrió con curiosidad y delicadeza un libro de poesías que le trajo Vicente desde Madrid y que había obsequiado esa mañana. Jaques Brel traducido por J.Clouzet para editorial Juncar. Frotó las manos y eligió una página al azar.




Llegaron por calle Sta. Maria hasta Pió Noveno dieron unas vueltas en un nudo vial y por La Recoleta comenzaron a aparecer los letreros de neones de los restoranes de ese sector entraron al Santos & troquilo. Aline y Almendra llegaron con sus maridos que no se veían muy entusiasmados y minutos mas tarde el resto de la tribu Patiño Simerman en su Pegueot 505. Alicia salio a recibirlos a la puerta y enfilo hacia una mesa que tenían reservada. Un garzón se acercó, los acomodó, sirvió un primer aperitivo y se quedo a un lado como un guardia pretoriano; mientras los comensales revisaban la carta. En el escenario una cantante comenzaba su performance con un largo poema de E. Dikinson- que termina …“Que el amor es lo único que hay, es lo único que sabemos del amor”-declamó- luego se lanzo con un vozarrón a cantar un tango de R.L Dargenzola el público con timidez aplaudió su primera interpretación. En un instante de receso pidieron carne vacuna a la inglesa y carnes blancas con salsas con papas cocidas, doradas y fritas y tomates frescos para todos, para beber Wisky Cien Pipas en botella de origen. Y un fino suavinog tinto. Vicente fiel a su paladar o a su extravagancia pidió una botella Sta Catalina una estrella y siete aceitunas verdes rellenas solamente con la cabeza de anchoas. En la mesa se hablaba de cosas comunes a cualquier reunión familiar, salud, trabajo, salarios, casa, escuelas, hijos súper inteligentes temas que a Vicente parecían causar hastió. Pues su participación se limitaba a responder con monosílabas. En realidad se sentía un poco ajeno a esos repertorios lingüísticos prefabricados. No así con lo que pasaba en el escenario y en particular con la cantante; estaba embobado con su despliegue escénico, sus escotes, sus lentejuelas, cualquier palabra de ella para él era la poesía que emanaba de su boca como mariposas que revoloteaban en su oído. Mientras los demás comensales discutían sobre rentas vitalicias y jubilaciones anticipadas, él estaba sonriéndole a la cantante, la miraba sin pestañar hasta que sus retinas se eclipsaran y era en ese momento en que él guiñaba un ojo, movía su copa en varios círculos antes de empinarla en su boca y quedar con su mirada de coyote hambriento sobre la de ella, entonces ahí volvía a guiñar un ojo. Madre y padre se animaron a bailar un Tango, cuando retornaron a la mesa echaron de menos a Vicente quien no pudo evitar ir a acompañar a la solitaria cantante que estaba descansando en la mesa reservada a los músicos. La saludó, la felicitó por su interpretación, por la pasión que agrega a su performance. La cantante algo sorprendida solo se limitaba a escuchar con una leve sonrisa, entonces, él comenzó a halagar su belleza y la belleza del país trasandino desde donde ella por su asentó seguramente provenía. Ella solo sonreía y él insistió en un monologo que sólo tenía por respuesta unos labios estirados que dejaban ver unos incisivos blancos y brillantes. Tomo sutilmente la mano de Vicente agradeció absolutamente todos y cada uno de sus halagos pero que estaba en ese momento concentrada en el bandeón pues luego tenia que hacer la entrada con su voz. Y que esta felizmente casada con el pianista que esta al centro del escenario. El sonrió y por cortesía o naturaleza ella también al mismo tiempo que por un momento bebe un sorbo de su copa y rápidamente toma el micrófono inalámbrico que tenia en su mesa. Un foco de luz la ilumina y ella se levanta, las lentejuelas brillan y el público aplaude, el pelo rojizo le da dramatismo y palidez a su rostro, se pasea por las mesas y cuando vuelve cantando donde estaba Vicente, se ve triste e irreconocible.
“… tu compras el carmín / y el pote de rubor/ que pintan tus mejillas/ y ojeras con verdil/ para llenar de amor/ tu mascara de arcilla/tu/ tu/ tu/ que tímida y fatal/ te arreglas el dolor después de sollozar…”
Vicente atento, con algo de rubor en sus mejillas enciende un cigarro lo pone en la comisura de los labios, pone sus manos en los bolsillos y se inclina hacia atrás. Por minutos queda imperturbable en esa posición. La cantante se pasea por ultima vez por las demás mesas luego sube al escenario hace un paseo y llega donde el pianista terminando los versos de la canción.
“… Sabrás /como te ame/ un día al despertar/ sin fe ni maquillaje/ya lista para el viaje / que desciende hasta el color final/ mentiras/que son mentiras nada mas…”
Antes que terminara Vicente retornó a la mesa de su tribu para no interceptarse con los aplausos del público. Con algo de ironía Alicia lo recibe.
-¿Estas jugando al niño bonito?
-¿Queeeeeeeee?
-No coquetees con la cantante o por lo menos no seas tan evidente.
Y cuando el hizo sus descargos el público aplaudió y Alicia no escucho absolutamente nada, cuando terminaron los aplausos, ella preguntó:
-¿Que me dices…?
-Nada, olvídalo sé feliz.
-¿Pero repítelo…?
-No; está todo bien, salud.
Entonces estiro su copa hacia Teo e hicieron un salud por este reencuentro, le confesó que a veces lo ha echado de menos y que pese a la distancia y a las diferentes ideas que creen, es el mejor amigo que él tiene, salud –dijo- luego se levanta de la mesa va hacia donde su madre y la mima, la besa, la invita a bailar y le toma su mano. La madre se resiste pero el insiste, ella termina cediendo, bailan lentos, suaves, sin mucha pirotecnia, unos pasitos para adelante dos para tras y listo. En eso estaba cuando siente en su pierna izquierda algo que lo moja, algo tibio. Un calor tibio que iba escurriendo por su pierna hacia el suelo. Se despabila y es mamá que se esta orinando, la quiere llevar al baño rápidamente pero por la música ella no escucha la quiere forzar sabe que quizás ha bebido un poco pero esta en su cabales y muy conciente de la gravedad del asunto. El piso comienza a mojarse busco la salida quizás mas coherente pero quizás mas incomprendida jugó al borracho torpe, y cuando un garzón pasa con una bandeja con tragos le choca el hombro y las copas van a dar al vestido de su madre, luego al suelo, el ruido que produjeron alarmó al publico. Los garzones rápidamente reaccionaron Y en ese escándalo aprovechó de llevarla al baño.
Rápidamente un auxiliar y un garzón juntaron los cristales y secaron el piso, la música continúo. Su madre algo sorprendida se quedo en el baño de damas junto a Vicente, tras el lo siguió el Papa y tras él Teo lo que provocó que algunas damas que estaban en el baño dieran alaridos. Como aun no se explicaban lo sucedido Teo comenzó a recriminar a su hermano luego el Padre y más atrás llego Alicia y Almendra a reprocharle como podía seguir siendo… el mismo entupido de siempre. Ellas solucionarían el asunto y pidieron que los demás se retiraran. Teo y su padre Retornaron a la mesa y en el camino Vicente se puso a discutir con un garzón, este no quería aceptar las disculpas y costaba entender que el no estaba ebrio y que todo fue un simple y habitual accidente. La madre cuando salio del baño escoltada por sus hijas se dirigió donde Vicente y le hizo cariños en el rostro, sonrió y le dio las gracias. Las hermanas pasaron en silencio hacia la mesa pero la ira se notaba en sus miradas. Vicente se quedo negociando con el garzón el pago de las copas, incluidos el precio de los tragos que se volcaron, acordaron entonces el pago de las copas y que los tragos serian cambiados si él reconoce frente al administrador su imprudencia que fue la causa basal del accidente en la pista de baile, eximiendo de cualquier responsabilidad al garzón. Luego fue a su mesa los comensales parecían molestos e incómodos con excepción de Simona, su Madre, entonces tomó su bestón y se despidió de forma muy general moviendo su mano, desde el mismo lugar se besa la palma de su mano, la sopla y envía ese gesto a la cantante que estaba cerca del escenario. Saco unos billetes algo arrugados y los dejo en la mesa para pagar sus copas rotas y sus copas bebidas. Llego a la puerta del Santos & Troquilo un garzón no muy contento le abrió la puerta. La ciudad afuera -como siempre- como un abrigo lo esperaba.


La biblioteca Nacional era el mismo edificio gris que había conocido en su infancia, la profesora de primaria que los llevo a conocer ese lugar, donde según ella la humanidad guarda las palabras. Subió las escaleras de calle moneda el mismo guardia y la misma señora en el mesón de entrada viendo por años a los usuarios pasar sin inmutarse. Llegó al segundo piso unos computadores eran ocupados por estudiantes de uniforme que buscaban información para resolver sus tareas. Los miro por un instante emulo cada uno de sus movimientos sin resultado, por ultimo consulto a uno de ellos como encontrar el catalogo de geriatría o enfermedades de la tercera edad. Con dos clic en el Mouse y una breve orientación de un adolescente encontró lo que buscaba llenó una ficha con sus datos y subió al tercer piso. Después de unas horas llenó un cuadernillo con anotaciones, remedios importantes, primeros auxilios y posibles evoluciones del mal que padecía su madre. Entrego los libros y con una nueva ficha pidió las últimas investigaciones médicas. Un auxiliar parecido al Jorobado de Rótterdam tomo su papel y desapareció por un laberinto infinitamente Borgeano. Mientras esperaba atisbo el salón de lecturas solo veía cuerpos inclinados y rostros semí tapados con libros de diverso titulo, miro a su lado y una joven niña tenia en su cara “La guerra de los poemas de amor” de D. Turlkentaub. Por simple curiosidad apunto en su memoria la ficha que tenia en la mesa por si algún día lo conseguía. Rectángulo ediciones 1985 ubicación sección chilena 707-A7 un timbre le aviso que los documentos pedidos los retirara en la ventanilla 23 retomó sus anotaciones, luego terminó de leer una tesis de un estudiante de medicina sobre enfermedades mentales realizo sus ultimas apuntes y fue a la ventanilla 23 donde el jorobado recibió los libros le puso unos timbres a su ficha y entrego su carné de identificación. La tarde se oscurecía y el frió apretaba la piel. Con un hot-dog y una bebida que compro fuera de la biblioteca soluciono su repentino apetito. Cerca de la media noche llego al terminal de buses busco un casillero en custodia saco un bolso deportivo que contenía ropa y que días antes había dejado. Metió sus apuntes en el y prefirió no llevar su pistola esta vez. Tomó el provincial Estrella del Sur su asiento el numero 13 lado de ventana a su lado su acompañante un gordo de frondosa barriga le hizo mas estrecho su espacio, bebió un sorbo de agua de agua mineral y se trago un par de tabletas de “Alprazolanes”, rápidamente durmió.


La historia con Ximena S.M se remonta a años atrás, ella había llegado a los 17 años a Santiago desde una provincia austral para ingresar a estudiar en la Universidad de Artes la carrera de teatro. Su linaje proletario no le fue un obstáculo para cumplir sus sueños, así que para financiar su existencia, trabajo de Vendedora de Seguros, en ese mismo tiempo un hombre que parecía amarla, se convirtió en su primer amor metropolitano, él era un hombre mayor que tenía sus mañas y sus secretos. Al los meses de pololeo le arrendó un departamento cerca de su Universidad pero por una extraña razón no podía irse a vivir todavía con ella. La explicación que daba a Ximena era que tenia que cuidar a su madre por que esta se encontraba un poco enferma, que no quería dejarla sola por que él era hijo único. Que por asuntos laborales tenia que salir de la ciudad por largas temporadas. Sin embargo él comenzó a exigirle a ella que dejara de trabajar, que le informara quienes eran sus amigos, a que hora estaba o llegaba a casa y por ultimo que dejara la Universidad. Sus celos fueron abriendo una grieta en la relación que se agravo cuando los negocios del hombre comenzaron a ir mal así que las deudas de Ximena comenzaron a aumentar y como contrapunto el amor del hombre a disminuir, hasta que un día simplemente desapareció. No supo más de él más que por un centenar de acreedores que por meses llegaban a buscarlo. Pero como siempre los males vienen juntos al finalizar ese año su curso preparo una obra para presentarla en un población popular “Esperando la democracia” la intitulo el profesor que era un viejo comunista -exonerado del Teatro Nacional- cuando los militares asumieron el gobierno. La pieza era original de S. Bekett pero él le hizo los arreglos necesarios para quitarle el tono existencial y hacerla mas contestataria, ad-doc con el proceso político que vivía el país fue tan exitosa la primera puesta en escena que la calle Victoria se lleno de pobladores que se colgaron y acomodaron en los techos y en las ventanas de la calle La Feria. En medio de la función llego la policía en un modesto vehículo, molesta por los letreros que avisaban la función, de las pifias y los silbidos se dio paso al lanzamiento de fruta de la estación y de esta a objetos mas contundentes. Esta respondió con químicos lacrimógenos, lumazos y balas de goma lo que dio paso a una batalla campal entre el público y la policía que término con un carro lanza aguas metido en el escenario, una tanqueta en la boca calle y un bus antimotines que se llevo a un centenar de pobladores y a la compañía de teatro en pleno; entre ellos iba Ximena S.M que no alcanzo a ser relegada al norte, acusada de subversiva, gracias a que un joven abogado de Amnistía Internacional se despabilo que faltaba unos días para que cumpliera los 18 años, así que para lo efectos era menor de edad e inimputable y pidió la nulidad de esa medida administrativa. Cuando el bus iba en la mitad del desierto de Atacama un carabinero paró el bus y preguntó por Ximena SM. Le informó que se baje y que puede volver a Santiago. Cuando llego a su departamento el arrendador le dejo una nota para que se pusiera al día con el canon y además tenia el suministro eléctrico cortado. Con objeto de salir de sus deudas pensó que podía compartir su hogar y puso una aviso en el diario mural de su Universidad “Comparto depto, bonito, agradable, cercano, hombre, mujer, 50 mil conversable llame ya” Vicente en ese tiempo estudiaba arquitectura y en su primer año siempre tuvo problemas para trasladarse desde su casa a la universidad mas aun cuando tenia que traer maquetas y cartulinas bajar a la ciudad con el bus repleto para luego a la hora punta subir al metro que ha esa hora es una lata de sardina, y ninguna persona tenia el mínimo respeto con sus cubos de papel. Finalmente llegaba con sus maquetas y trabajos a clases hechos un desastre. Cuando vio el aviso apunto el numero compro un sándwich en el casino y se puso a calcular los gastos de pasajes, de inocentes vicios contra su mesada y otros ingresos informales. Tomó una servilleta y se limpio la boca luego realizo una operación aritmética quedándole un saldo favorable.

Una mañana casi al final de ese verano Ximena SM esperaba a un desconocido estudiante quien por teléfono se identifico como Vicente. Como con los anteriores interesados no había podido cerrar el negocio ese día se levanto temprano se cambio a la pieza mas pequeña, se puso su mejor tenida, maquillaje y perfume además estaba dispuesta a hacer una pequeña rebaja si el tipo se mostraba digno. Puntualmente sonó el timbre, se miraron, se sonrieron, se presentaron con sus nombres, ella no paro de hablar y mostrar las virtudes de su hogar. Encantado más por los espacios de su anatomía que del departamento él solo asentía casi con la boca abierta. Cerraron el negocio, Vicente añadió que pagaría un mes de adelanto, cosa que hizo mas evidente la alegría de ella , en el refrigerador no tenia mas que dos huevos y una margarina dieta pero quedaba lo suficiente de una botella de champaña que había quedado del año nuevo. Llenó dos copas e hizo un salud. En la semana traeré mis cosas - dijo Vicente- antes de despedirse. Ella cerró la puerta y puso su espalda por un momento ahí, cerró los ojos con suavidad, mordió uno sus labios, y suspiro. No esta mal pensó; para ser el hombre de la casa. Luego reacciono tomo los billetes y salio a pagar el suministro de agua que la noche anterior la habían cortado.


Los primeros meses se colaboraron como buenos compañeros, como amigos, como buenos convivientes era muy predecible que se enamoran y así no más fue, con toda la pasión, energía e imaginación que les daba la juventud. Ella dejo en suspenso su carrera de teatro para dedicarse a un negocio que se le había metido en la cabeza. El dejo la arquitectura por la arquitectura de sus largas y contorneadas piernas. Largas y bellas como la dicha de aquel que encuentra fortuna. Y si bien muchas veces había periodos de escasez o el dinero les faltaba para llegar a fin de mes, con un poco de pan y cebolla vivían felices. De vez en cuando celebraban con una botellita de algún fluido etílico el haberse conocido encontrado, y amado lúdicamente. En un ataque de cordura que les provoco pasar mucho tiempo juntos, Ximena propuso a Vicente comprar un computador para echar andar un negocio en red Internet, si bien el no tenia la menor idea del asunto gastó todo sus ahorros en un computador usado. Pero como se necesitaba otro con más tecnología se decidió por buscar cualquier trabajo que permitiera capitalizar el negocio de Ximena. Se presentó en un trabajo de repartidor. No le preguntaron ningún dato personal, ni experiencia, ni recomendaciones, Sólo le preguntaron si sabia conducir una motoneta. Tampoco le hicieron un contrato, ni conoció a su empleador y tampoco le informaron que tenía que repartir. La única dificultad de su oficio era que los micreros tenían unas ganas enormes de triturarlo al menor descuido, y la cantidad enorme de garabatos que le lanzaban los automovilistas en las congestiones vehiculares cuando lo veían pasar cómodamente en su motoneta Vespa por entre medio de todos ellos. Nunca entendió si a ellos le molestaba el casco de marciano o el logo “su dinero es nuestro tiempo” que estaba escrito en todas las chaquetas de la compañía. Por suerte nadie hasta ese momento lo había agredido físicamente.


Con las nalgas adoloridas por tantos viajes por la ciudad Vicente no perdió la fe que el negocio de Ximena SM fuera rentable a mediano plazo. Pese a que no tenia la menor idea de lo que era un Red, una Web, el ciber espacio, pero algo le decía que tarde o temprano le darían el “palo al gato”, no podían ser en vano horas y horas con el culo arriba de una jugera -como le decía a su motoneta- y que ella estuviera horas y horas metida con la cabeza en un televisor del computador.
Siguió distribuyendo encomiendas por las calles de Santiago cuando llegaba fin de mes cobraba su sueldo del cual restaba arriendo, gastos comunes, cigarros y un Sta catalina. Lo demás se capitalizaba en el negocio de Ximena que hasta ese momento no había dado ningún rédito mas que unos kilos mas a su amante y dolores de nalgas para el. Sin embargo el amor lo había mantenido muy fuera de la realidad y de la contingencia de esos tiempos. Ese año, en una tarde de otoño y quizás mas por azar que convicción marcaría su iniciación en la Resistencia. Ese día la instrucción era Calle Manque 0021. Subió por Apoquindo cuando un bus “Matadero las Palmas” que iba en su misma dirección comienza a aprisionarlo contra la verma hasta sacarlo de la pista y dejarlo clavado entre los cedros del Banco Sudamericano. Sin embargo el bus llegó al paradero dejó a una señora que ni se percató de lo sucedido. Se levando se revisó que no había sangre y que gracias a la tierra húmeda y blanda de ese jardín todos los golpes fueron muy leves. Corrió a la pista a gritar “chuchazumadre” al conductor que ya era una nube lejana en la pista. Volvió al jardín saco la Vespa algo embetunada de tierra y pidió ayuda al guardia del banco. Este tras un cristal dijo, que no podía abrir, ni salir, ni ayudarlo, pero si quería llamaba a emergencia. Vicente respondió que no, que no se preocupara, que se fuera a la “chucha”. Cogió un poco de correspondencia la metió al bolso, acomodo la cadena de las ruedas que se habían desviado del piñón y revisó el estanque de la gasolina que por fortuna no se rompió. Luego fue en busca de una caja de un metro cuadrado que había saltado metros más allá y quedado ensartada en un asta de un árbol podado, la logró sacar y se dio cuenta que la caja quedo con un orifico en su base así que la volcó hacia arriba para ponerle algún adhesivo que traía en su maletín y mas por sentido común que por curiosidad introdujo su mano para cerciorase de que el contenido no es ningún liquido sulfuroso. Palpó piezas metálicas de diferentes tamaños, cuando sacó su mano se encontró con un cargador de balas vació, por el mismo orificio cogió las balas que se habían desparramado, luego encontró una granada y luego un cargador en cuyo interior estaban los proyectiles intactos y ordenados como una cajetilla de cigarros largos. El guardia del banco estaba atento pero por la distancia no lograba ver con nitidez. Vicente como un niño mimado tapaba con su cuerpo lo que con sorpresa estaba revisando. Discretamente metió los pertrechos por el orificio y puso un adhesivo “su dinero es nuestro tiempo” Se puso el casco de marciano, tomo la caja y se encamino hasta la motoneta que estaba estacionada afuera del Banco. Cuando terminó de amarrar la caja llegó una patrulla policial del cual desciende un policía. De hipso facto le pide “documentos” y lo pone contra la pared, luego en una actitud prepotente le interrogó por datos personales, mientras el otro policía apuntaba en una bitácora y por un Wolky-toky se comunicaba en clave. Vicente explicaba lo sucedido, luego, llegó otra patrulla del cual bajó un policía aun más prepotente quien le da instrucciones a los policías y luego a Vicente, le lanza los documentos a la cara, pidiéndole que se retire rápidamente por que se aproxima la caravana del Papa J.P II. Que baje en dirección opuesta y busque calles alternativas. Siguió las instrucciones pero las calles alternativas estaban atoradas de gente o cerradas. la baja potencia de la Vespa hicieron que los policías motorizados que abrían camino al Papamóvil le alcanzaran, le pedían que se hiciera a un lado pero por la velocidad de la comitiva quedo en medio de 8 motos BMV y 2 Kawasaki que se pusieron a su lado y quienes le hacían señales indescifrables. Pensó que lo lógico era que avanzara así que acelero al máximo. Entró a la ciudad ovacionado mientras mas atrás J.P.II en un cubo de cristal bendecía a todos lados. La seguridad de el Papa se dio cuenta que su vehículo era extraño y peligroso, las dos Kawasaki lo sacaron por un callejón que habían pedido por radio despejar. Lo escoltaron hasta su departamento en calle Cuming. Cuando se detuvo lo interrogaron, chequearon sus datos por radio, cuando se percataron que tenia una mano herida uno le ayudó a subir la caja al departamento. Registraron el departamento y nuevamente se comunicaron en claves, luego se despidieron amablemente. Sorprendida Ximena SM se levanto del computador cogió las latas de coca-cola y las colillas de cigarrillos “Life” que había acumulado ese tarde. En la cocina encendió una olla, puso la mesa al mismo tiempo que preguntaba que le había sucedido en la mano, o ¿Por qué lo venían a dejar policías?, ¿por que registraron sus cosas? Mientras cenaban unos sabrosos tallarines con salsa de tomate, Vicente trataba de explicar -con algo de humor- lo sucedido. Ya en el bajativo ella algo incrédula quiso abrir la caja. Vicente mas influenciado por el mito de Pandora que por el deber ético de su oficio le indicó que no; que no le parecía… que sea una muy buena idea.



Llegó a la ciudad de Concepción muy temprano. Se sentó y reviso el mapa de la ciudad unos regimientos, el estadio regional y unos condominios de militares rodeaban el rodó viario, lo mas civilizado que encontró fue un Campus Universitario que se encontraba cerca de ahí. Se dirigió hacia allá con toda la calma que uno tiene a las 6 de la mañana, cruzó un arco esculpido con mitologías griegas. Pregunto a un jardinero que llegaba al lugar donde podía encontrar algo abierto a esta hora. Después que dudo un poco le indicó que sí quería servirse algo, en la facultad de tanatologia que queda frente o en la cafetería que queda bajo ese campanil que apuntaba con su mano. Entró a la cafetería, las maquinas recién estaban encendidas. Esperó con paciencia su capuchino, revisó el diario local y en la página del obituario buscó la hora y el lugar del funeral de su compañero Jury. Uno de los “hermanos” que había caído en el banco. Anotó la dirección, busco las calles exactas en una guía de la ciudad que traía en su bolso. Una joven señorita se acerca con su pedido un pan con queso caliente y un café de maquina con espuma. Mientras pone la merienda encima de la mesa, él observa las ojeras en su rostro, su pelo mojado que aun conservaba el suave aroma de su baño matinal. Tomó levemente su mano y le preguntó como llegaba a los puntos que indicaba su índice, acercó el libro a sus ojos, luego tomó unas servilletas anotó los microbuses que le servían. Antes de alejarse le pregunta ¿azúcar o sacarina?- así esta bien respondió Vicente - la ciudad le hacia acordarse de Ximena S.M ella muchas veces le hablaba que era una ciudad, fome, contaminada, sin muchos lugares que visitar: Sin embargo por razones que desconocía estaba acá, la dirección quizás sea la misma pensó y mientras dejaba pasar la hora la busco en la guía telefónica. Encontró que su madre vivía en el mismo remitente de las cartas que enviaba a Ximena hace una década atrás. Salió del Campus tomó un taxi e indico al chofer que le llevara a un hotel económico, finalmente le dejo en el Sexcil un hotel cómodo y de buena atención pero enclavado en medio de las peores discoteques y bares de la ciudad. El taxista le dejo su tarjeta de presentación por si necesitaba, niñas, drogas, o contactos- gracias está bien, dijo-. Entró al Sexil se registró tomó las llaves de su habitación, luego se dio un baño, cambio su ropa y ordeno las pocas cosas que estaban en su bolso. Luego se sentó a leer “Metamorphoes of Leatherstoking” un ensayo de Henry Bamford editado por Meridian Book. NY 1957, Sobre ficción popular norteamericana y la construcción de anti-héroes, en particular del “fugitivo” en la cultura literaria norteamericana. Sonó el teléfono el recepcionista requería saber si bajaría almorzar o quería atención a su habitación, preguntó la hora, tiró el libro cerca de un sofá. Respondió que bajaría enseguida y que le diera línea a su habitación para realizar una llamada local.

-Alo, alo, hola, buenas tardes; se acuerda de mí, soy Vicente…Mire soy un viejo amigo de su hija, o sea no sé si se acuerda, pero fui su pololo en Santiago… y quiero ubicarla quiero saber que esta haciendo…

-Ha si, si, ahora me recuerdo de ud era el joven con quien vivía en la capital. Si yo la visite un par de veces… y que anda haciendo por acá, mire Ximena no ha tenido mucha suerte con sus maridos del primero se separo y el segundo era un mal hombre, la golpeaba, por lo menos tiene un buen trabajo…

-Y…¿ sabe su dirección?

- mire, no me la recuerdo pero es en la galería del boulevard Gastón pregunte en el primer piso sino en un mural sale su oficina 8… o 28, no, no, no, es el 18… haber no es en el piso 8 oiga si quiere puede venir a almorzar si ella me llama le diré que anda por acá.
-No, no, se preocupe quiero sorprenderla por si se acuerda de mi. Gracias.

Bajó al comedor, se sentó cerca de un ventanal. Mientras terminaba su plato de almejas con queso atisbaba una vieja estación de ferrocarriles. Pidió una copa de “Santa Catalina”. En el horizonte, nubes oscuras amenazaban, con un fuerte temporal de lluvia, el viento norte silbaba tras el vidrio inquietando a los viejos árboles que dejaban caer sus hojas amarillentas y mustias.




Frente al hotel esperó el expreso “Cementerio Tierra Amarilla” se bajó en la parada mas cerca del portal. Compró una clavel rojo lo guardo bajo el chaquetón y espero a que llegara el cortejo. Desde su posición podía observar que una tanqueta era custodiada por policías, soplones y periodistas quienes se encontraban expectantes a lo que pudiera suceder. Desde lejos irrumpe en la avenida el cortejo que doblo hacia la puerta central, la carroza en su techo trasportaba el ataúd de Jury. Era seguida por una veintena de personas, cuando la columna quedo frente a la columna de la policía antimotines algunos deudos gritaron ¡asesinos¡ , ¡asesinos¡, ¡fascistas¡ . Se podía notar el odio, el miedo y la tensión en ellos. pero estaban quietos como autómatas con sus cascos, escudos y sus armas al hombro que apuntaban a un cielo oscuro, la tensión se confundía en una brisa helada que comenzaba a mojar el paisaje y dar paso a un temporal de viento y lluvia que en cualquier momento se dejaba caer en la ciudad. Como una bestia negra, de muchas cabezas y rostros tristes. El cortejo pasaba frente a Vicente, él mordía sus dientes para evitar ese nudo en la garganta que le dejaba sin aliento, avanzó unos pasos con ellos pero lo invadió la emoción, se angustia, siente impotencia, el cortejo cruza el portal. La policía se retira quizás decepcionada que no haya alteración al orden público. Vicente quedó unos metros rezagados, sacó la flor roja desde su chaqueta y la lanzó hacia el ataúd. Adiós hermano, compañero –dijo- mientras la flor trata de equilibrarse entre las demás flores que estaban ahí, se da media vuelta. Camina, en ninguna dirección definida pero camina, enciende un cigarro, muerde el filtro con rabia, siente pena y camina, camina como un perro callejero. Sus pasos no van a ninguna parte, intenta cantar “hijos del pueblo te oprimen cadenas…” -una vieja canción de la revolución española- “ si tu existencia es un mundo de penas…” murmura, tararea, la lluvia cae, quiere gritar, llorar pero se contiene “antes de esclavo prefiero morir…” y finalmente se le quiebra el alma y llora, llora tanto como un temporal, que la angustia de su rostro pasa desapercibida entre el paisaje. ¿Cuanto había caminado?, no lo sabía pero ya era noche. Una noche iluminada por la tenue luz de los faroles y de las ventanas de los edificios que daban la impresión que caminaba por un espejo de luces que proyectaba el agua en el pavimento. Encontró el edificio boulevard en que trabajaba Ximena, 8 piso, oficina 711 arte & Castilla. Tocó el timbre dos veces. Una secretaria algo sorprendida lo miró mientras su sonrisa hacia un surco en su rostro por donde corría el agua de su pelo mojado. Apareció Ximena, lo mira con cierta incredulidad y algo enojada, una vez que le reconoce salió al encuentro afectuoso de sus brazos.
- !Y… tú¡ ¿ que haces aquí? - Casi dando un grito.- ¡que sorpresa!

Entonces quitó el impermeable, le hizo sacar los pantalones y pidió a su secretaria que trajese un café e indicó que con el secador de pelo que tiene en el baño hiciese todo lo posible por secar sus ropas. Se quedó en un frió y minimalista sofá con ropa interior, cubierto por una manta de figuras precolombinas. Con el café de grano en sus manos ella se puso a su lado e interrogó por los motivos de su estadía en la ciudad.
-Andaba en un funeral-dijo – De paso me acorde de ti y de estos diluvios que alguna vez echabas de menos, siempre me decías que preferías la lluvia al frió seco y contaminado de Santiago. Se me ocurrió sorprenderte un rato, espero no incomodarte
-No, no, para nada.
-Y tu como has estado.- Repuso suavemente Vicente;
-Bueno, yo… por acá, radicada desde mucho tiempo, pero en paz conmigo, cuidando a Natacha que ya tiene ocho años. Divorciada, nuevamente casada y actualmente separada y sola… Ya no puedo seguir jugando a la chica bonita, así que trabajando en esta oficina decorando departamentos de la empresa constructora de un amigo- luego añadió coqueta- Uno de los pocos que me quedan.
-¿Y tú sigues jugando a los pistoleros?- Preguntó presumida y casi con una leve sonrisa- Quizás acordándose de los años de tormentoso, peligroso y apasionado romance. Una mirada cómplice fue el acorde que acompaño un momentáneo silencio.
- Mmmm…, Sí -respondió Vicente- y ambos se pusimos a reír como en sus mejores tiempos.




El amor como la guerra tienen una genealogía parecida nadie tiene muy claro por que suceden, y cuando todo termina, los contendientes nunca saben con certeza, si se llegó al final o sí ese tiempo es solo una tregua para recoger los muertos y curar las heridas, en fin… nadie sabe sí se sobrevivirá. Vicente la amó como a nadie había amado en el mundo y sin trámite alguno un día ella le dice que se enamoró de otro y que ese otro se viene a casa o ella se va de la casa. Así que se podía ir o quedar para ella le seria indiferente. Fue un día extraño por que ese mismo día hubo un sismo que derrumbo algunas casas viejas en la periferia de la ciudad. Pero él aun recuerda ese día como un cataclismo personal. Llegó a su trabajo a pedir una pequeña explicación por el tráfico de armas que estaba realizando sin saberlo, en el sector más elitista de la ciudad. Fue entonces que su empleador un joven casi de su edad pero con lentes ovalados y aspecto de corredor bursátil le entró a su oficina y le hizo una pequeña biografía familiar, luego lo comenzó a tratar de “Compañero” continuó con una clase de historia para indicarle que ese era el año decisivo, año en que el pueblo iba a terminar con la tiranía. Que esa era una empresa del pueblo creada con objeto de abastecer de pertrechos y logística al ejército del pueblo.
-Y si me sorprende la policía…
-Bueno el problema es nuestro –dijo - atento como un pájaro ante una serpiente.
-Si me sorprenden, me detienen y me interroga a mazazos.
-Bueno, insistió, por lo mismo no te queríamos informar es mucho mejor que te movieras por la ciudad con toda confianza.
-Bueno y si… fuera un soplón, espía, o infiltrado.
- no,…no hay razón para que te temamos, Vicente.
El se levanto y se alejo de él, con los nervios crispados y paso vacilante.
-Bueno sabemos que no lo eres; eres de confianza.
Entonces marco un numero de teléfono pregunto por Camilo C. y le hizo un gesto.

-¡Acércate! Vicente, dijo; y con la mano le pasó el auricular.

- Aló sí, hola “hueon”… -La voz le pareció familiar muy parecida a la de su hermano Teodorakis.

-Mira voz me pediste que te ayudara a buscar un trabajo bueno el trabajo es como te lo explica el compañero…

-si, si, tu sabes que soy orgánicamente un rebelde, pero no sabia que esta huevada era riesgosa…

- Mira hagamos un punto en el “Galindo” y almorzamos juntos, yo estoy en la U de Chile… me desocupo a las 3pm, te parece. ..No puedo seguir con esta conversación por teléfono. .

-ok. Teo, nos vemos… cuídate.

El joven Jefe, con algo de paciencia lo miró y le explicó detalladamente los planes operativos de la empresa, luego de media hora le dijo, que si quería lo podía pensar y razonar con mayor detención. Que se tomara unos 15 días de vacaciones y a la vuelta, si su respuesta era negativa el dinero de su finiquito seria enviada con vale vista a su domicilio.
Lo mismo y con los mismos gestos repitió Vicente mas tarde en el Barrio Bellavista. Su respuesta fue negativa quizás fue un cobarde quizás no quería morir tan joven o simplemente quería disfrutar esa eterna agonía sentimental, disfrutar esa triste melancolía que lo embargaba por esos días.
En casa por el contrario Ximena S.M estaba muy alegre unos Japoneses se habían interesado en sus Sofwear y querían comprar sus bases de datos y distribuir productos por correo electrónico. Gano dinero a manos llenas, Al tiempo llegó su amante un hombre que retornaba del exilio con tanto dinero como el que había ganado ella. Vicente siguió en el departamento con ellos. Simplemente por que no tenia donde irse, y también a la espera que Ximena le hiciera la devolución del dinero que había invertido en el asunto de la Red. Pero aun no llegaban a un acuerdo, el tiempo pasaba, se recluyó en una pieza al fondo y a diferencia del kafkaiano “Gregorio Sams” salía de su habitación de vez en cuando, a tomar por asalto el refrigerador y coger un suplemento de diario que traía los avisos económicos. Por las noches cuando los espasmos del amor ajeno le desvelaban, tomaba una vieja maquina de escribir marca Olivetti, que nunca supo como había llegado ha ese lugar. Se puso a escribir una novelita, mecanografió cada letra, línea y hoja como quien dispara al aire. Cada una de esas hojas fue cada una de esas noches en que, en soledad mordía su derrota. Cuando la terminó la intituló la “Copa Rota” y fue casi una hazaña terapéutica pues cuando la leyó completa, sintió un alivio pues comprendió la subjetividad de todos los males que le aquejaban, hizo una copia poniendo un calco entre las hojas, puso dos corchetes y al despedirse de ellos le regaló una copia como regalo de matrimonio, ese simbólico acto exorcizó el odio que sintió, en fin el dinero sabia como recuperarlo y otro amor también. A los días siguientes el Joven Jefe de la empresa “Times and Money” le recibió, lo ascendió al cargo de coordinador de la Zona Oriente así que ya no usaría la motoneta sino el Suzuki utilitario de la empresa. Y como el día decisivo se acercaba le triplicaron su estipendio.




Los años pasaron para él, tan iguales como los años, los meses, los días y las horas anteriores, Un día de marzo se encontró con Ximena S.M en una fiesta popular denominada fiesta de la Cultura Democrática. Increíblemente ella andaba bajo el brazo con esa copia de la Copa Rota.
- !Y tu que haces con esto¡- mas sorprendido que avergonzado gritó- con sutileza lo saco de las manos de ella, y la miró a los ojos, terminando de convencerse que el pasquín era el original.

- No sé. Estoy viviendo cerca, dijo; Salí un rato a leer, tomar sol y me encontré con este carnaval en el parque.

Se fueron a la terraza del Café Villavicencio, se pusieron al día con los acontecimientos de sus vidas, del último amante que Vicente le conoció, no había mucho que decir, solo que gastó todo el dinero de Ximena y por extensión también el de él, en una candidatura parlamentaria, de la que no salió electo, sus amigos le ofrecieron un cargo en un ministerio. Al poco tiempo la dejo por una rubia secretaria de tetas y culo de plástico.

-Ja, ja, ja, ja, nadie sabe para quien trabaja…Así es la vida no más mi negrita-dijo, agregando con mas seriedad;
Estás hermosa, muy bonita.

Mientras con atención miraba su cuerpo envuelto en un vestido azul liviano y casi transparente estampado con pequeñas flores blancas.

- Estoy embarazada, se me nota – dijo ella, y el casi sorprendido espero que le dijera que no era cierto, pero luego que sonrió y subió sus hombros como disculpándose o más bien resignándose. Supo que era cierto.

- Cuantos meses tienes, de quien es, ¿no me digas que del mismo Papanatas que conocí? Ella solo respondió evasivas y agrego:

-Vamos a vivir al sur, ya no quiero vivir aquí. - le planteó.- Pero él sabia que no era posible una nueva convivencia.

- Acompáñame; en el sur nos ira bien. -sus ojos se encontraron con los de él, lúbricamente.- Además que a ti te busca la policía.
- Escucha, Ximena, yo creo que fuimos felices, tú conoces mis límites y no quiero terminar matándote – con una traviesa sonrisa y suave voz, agrego.-… no lo digo por mí, sino por la policía…



Hojeó ese pasquín artesanal, una tonta historia de amor, entre una nube y un pez volador. No podía creer lo que ella le estaba pidiendo y ella menos saber, con cuanta furia había manufacturado esas páginas. Páginas que a Vicente se le perdieron en algún lugar del tiempo, de su vida o de esa ciudad. Ximena puso el pasquín en sus manos, y con una cara de niña engreída, moviendo todos sus encantos se levanto de la pequeña mesa y le dijo; De todos modos me iré sola, por siempre te esperaré. No, no me esperes-dijo Vicente- y pensó que quizás era la primera, única y última vez que le decía que no, no era posible seguirla en esta aventura. Ella se perdió entre el carnaval, él se estremecía con la breve pugna entre su corazón y la razón. Sobrevivirás murmuró, con mas deseo que certezas de volver ha encontrarla.
La secretaria le devolvió sus pantalones casi secos. Ximena le prestó una camisa azul de microfribra que le quedaba algo estrecha pero abrigaba rápidamente su piel. Salieron de la oficina abrazados bajo un solo paraguas, se separaban solo para sortear las pozas. Buscaron un restaurante para celebrar ese sorpresivo y fugaz encuentro. Comieron unos pescados cosidos con limón acompañados con ajos, champiñones, pedacitos de queso roquefort todo bañado en salsa blanca. Conversaron de lo humano y divino al mismo tiempo que íbamos descorchando botella tras botella. Se fueron al Hotel Sexil. En la recepción ella pidió el teléfono para hacer una llamada, el subió al bar a pedir una botella de “Santa catalina” para que el garzón la fuera a dejar a la habitación. Cuando ya había desabrochado su camisa y sacado los zapatos llego Ximena con dos copas y la botella. La miró, le dijo que había olvidado algo. Ah gracias por la cena –respondió-. No, no, se te olvido algo mas importante entonces le dio un beso y terminó de sacarle la blusa. Soltó su pelo y la lanzó con suavidad a la cama. Estaba claro que ella ya no era el mismo cuerpo de hace diez años dos meses y tres días que la yemas de sus dedos la tocaron por ultima vez, pero aun conservaba la virtud de excitarlo rápidamente, de inflamarlo, de quemarlo con sus besos, de enloquecerlo. Mas tarde cuando ya estaban exhaustos, palpitantes y casi desfallecidos. Los labios de ella rozaron su oído -¿he olvidado algo? –dijo; Si contesto él y con algo de complicidad se rieron. Se te olvido el destapador… para abrir la botella. Tomó el citófono y solucionó esa pequeña omisión, llenaron las copas y se sentaron como budistas frente a frente, iban recordando su vida juntos y de los amigos que quedaron en el camino sus cuerpos se fueron acercando, acomodando como un abrigo de piel en la piel de cada uno, cuando sintieron un poco de frió se taparon. Siguieron conversando despacio, ronroneando casi sonámbulos, hasta que ciertas palabras, acentos, conceptos y reproches los fueron despertando, alejándolos; Hasta que uno de los dos apagó el fuego de la ira con más bencina. Se levantaron, discutieron y salieron de sus bocas palabras horribles para ese divino momento, afloro el resentimiento y las cuentas acumuladas y pendientes desde tiempos inmemoriales. Me voy –dijo ella-. La miró desde la cama como trataba de encontrar sus prendas de vestir, pero todo lo resolvió con su abrigo azul de gruesas solapas y sus botas largas, de serpiente, le fueron suficientes para; sin despedirse ni cerrar la puerta, desaparecer. Esperó que volviera pero no lo hizo, rápidamente se abrigó y Salió tras ella…





Preguntó al botones del hotel por donde fue la señorita que acababa de salir, este levanto sus hombros en señal de no saber. Un taxista que estaba estacionado afuera del Sexil le indico que por calle Barros y ofreció sus servicios de trasporte. Respondió que no, y pegó las solapas de su impermeable en su mentón. Apresurado caminó calle abajo. El frió calaba sus huesos y las sombras que veía a lo lejos le hacían pensar que era ella, pero una vez que la alcanzaba le decepcionaba de encontrarse con una sombras de ramas, letreros agitados por el viento o en el mejor de los casos con algún vagabundo esperando sobrevivir a esa noche. Se rindió y pensó que era mejor volver al Sexil por la misma calle. Su cabeza iba inclinada para proteger su rostro del viento, de pronto la levantó y se sorprendió que ella estuviera ahí, muy quieta, bajo un alero, afirmada contra un ventanal que decía café Nubia, relajadamente fumando un cigarrillo. Ya lo había visto pasar y no atinó a decirle nada. Se detuvo frente a ella y esperó que ella cruzara la calle, como la mínima recompensa a sus esfuerzos por encontrarla. La tenue luz del alba los iluminaba como una tarjeta postal del día de los enamorados. Tuvo que cruzar la calle, se instaló al lado de ella,- ¿que pasa? – pregunto él-. Algo indiferente ella le ofrece lo poco que quedaba de su cigarrillo, en dirección contraria expulsa el humo de su boca que se confundía con la humedad de la atmósfera. !Vamos¡ insistió él.
Ella respondió que no,-agregando- que quería tomarse un café ahí, que en unos minutos más abrirían, que si quería la esperara o la acompañara. Vicente fue en busca de sus cosas y volvió minutos mas tarde cuando la señora dueña de la cafetería, elevaba la cortina metálica, encendía la calefacción y luces del cafetín. Se sentaron pidieron un café mientras se pedían recíprocamente disculpas. Llegaron a la sabia conclusión que juntos no podían estar por mucho tiempo. Ximena se despedía, cuando salía del café ya casi en la puerta él gritó !espera¡ …. Espera que pase un poco la lluvia, es temprano, desde el portal ella le miró y antes que abriera la puerta él insistió;- !te invito a un ultimo café¡-. Fue en ese momento en que ella se volvió hacia él, y se quedo quieta. Sus ojos brillan como a punto de querer echar unos lagrimones, de pronto, sintió un ruido. Un ruido quizás al sonido de una copa rota en el piso. Miró a la dependienta pero en fracción de segundos se despabilo que es el vidrio de la entrada, por donde entró un proyectil que fue a dar a la espalda de Ximena. Se acercó a ella casi arrastrándose y con algo de temor -! ¿Que mierda paso?¡- preguntó. La tibia y espesa sangre de ella se disipa por el piso, mira hacia afuera parapetado. Ximena le pide disculpas, murmura le pasa su cartera desde donde Vicente saca un revolver Taurus, termina de quebrar el vidrio y da un primer disparo hacia los edificios del frente, tomo levemente la cabeza de ella, la inclina en su muslo, su cabello como un pincel manchaba su gabardina. Ella aun respira, Grita a la dependienta que llamé a una ambulancia, al verla inmovilizada quiere escapar pero un segundo disparo lo detiene en la puerta. Reconoce la dirección de donde proviene, responde. Comienza a escuchar sirenas policiales y vehículos que frenan con violencia, escucha ruidos de botines, como el ruido que hacen las ratas en los economatos. Aun no divisa nada, ni entiende nada, intuye que esta cercado, que la policía espera que salga con las manos en alto. Ximena ya cerró sus ojos casi no respira aterrorizado sabe que la herida es mortal y que hay poco tiempo para ella. Se lanzó a la calle, con los tiros que le quedaban pego un tiro a un lado y cuando gira a pegar otro, un mordisco en su pecho y su cabeza azota el pavimento, lo último que sintió - como un alivio- la lluvia mojar su rostro.




Manuela. (Segunda parte)


Un día sencillamente llegó a ese lugar, como la docena de jóvenes artistas, anarquistas y estudiantes crónicos; de la Universidad de la Frontera (UFRO) que llegaron a un viejo castillo que encontraron Abandonado en el sector las Quilas en la ciudad de Temuco. Se presentó como Manuela y el dato de cómo llegar se lo había dado una amiga Travestí conocida como “La Miguelina” eso fue suficiente para quedarse. No sabia hacer nada, ni sabía mucho de nada, no profesaba ninguna fe, credo e ideología y se arrancó de su casa por que el papá adoptivo abusaba sexualmente de ella cada vez que se embriagaba. Su honestidad y candidez llamaron mucho la atención al resto de esa tribu. Con el correr de los días se trasformó en la musa o mascota de los destartalados habitantes de ese lugar. Quizás el único problema era que no tenía ningún vicio, el sexo le producía vómitos y su daga de acero inoxidable siempre afilada era una articulación mas de su anatomía. No había piezas disponibles pero podía ir al “Hogar de cristo” que estaba a media cuadra del lugar o dormir con quien le diera la real gana o simplemente le aceptara. Eligió la cama de Harkolito un rokero-punk simplemente por que estaba mas ordenada. El no tuvo reparos pese a que tenía una novia que lo visitaba algunas noches. La primera noche cuando Harkolito llegó de una tocata se sacó sus botas militares de caña alta, emergió una hediondez a pie casi insoportable para ella así que rápidamente abrió un poco la ventana y solucionó el problema. Con el tiempo se acostumbró pues no hubo forma de hacerle cambiar las botas. Uno de los habitantes le dio la tarea de qué, cada mañana a los hospedados le pidiera el dinero que pudieran dar para hacer el almuerzo; Cuando se reunían las monedas otro habitante las contaba y preguntaba a cada uno, que se hacia de comer. Luego, otros iban al mercado y otros realizaban el almuerzo. Solo se almorzaba en el lugar las demás proteínas del día cada uno las conseguía como podía, pero habían soluciones; la primera era la fila de los hambrientos en el casino de la UFRO, la segunda era simplemente entrar a un supermercado y antes que el guardia los detuviese, comer todo lo que pudiera caber en sus bocas y la tercera; esperar la noche, ya que por arte de magia siempre llegaban al castillo, los más variados fluidos etílicos del planeta e ir a la pieza de una joven pianista a pedir cualquier tipo de psicotrópicos, narcóticos o antibióticos gratuitamente, con eso podían estar unos días en el nirvana. Todas las noches el castillo podía convertirse en una desenfrenada fiesta, eso sí, todo dependía de un extraño sujeto que llamaban Rasputin, con su sola mirada todos sabían a que hora se terminaba la fiesta o los días que duraba. Vivía en el subterráneo y no se dejaba ver mucho. Los que no entendían sus códigos nunca más pisaban ese lugar. Un disidente alguna vez contó que su poder radicaba en que era un Burgués con el suficiente dinero para comprar conciencias. El disidente lamentablemente terminó con esquizofrenia predicando en la plaza de esa ciudad e informando a los transeúntes que Cristo Vive y Satanás también… en las Quilas 431 interior subterráneo.


Llegó el fin de ese año, el Castillo renovó el staff de habitantes; los estudiantes crónicos desaparecían por que generalmente no eran de esa ciudad. Los artistas por esa época era la única vez en el año que trabajaban animando alguna fiesta y los anarquistas la fecha los deprimía por que son fechas que generalmente se pasan en familia y las de ellos eran simplemente unas mierdas. Pero Siempre estaba un núcleo de habitantes estables entre ellos Rasputin, La Pianista, un par de poetas y Manuela que no tenía ninguna virtud más que escuchar y observar pacientemente a sus amigos. Pero también esa fecha traía a antiguos habitantes que Vivian en esa ciudad pero estudiaban en otro lugar especialmente Santiago, Concepción o Valparaíso. Un día por la mañana llego “La Miguelina” muy excitada, contenta y pedía hablar con Rasputin, de este nadie sabía sí estaba o no en el subterráneo, “La Miguelina” despertó a todos los residentes. Manuela insistía en la importancia de la noticia que ella no pudiera resolver. El amor mujer –dijo “La Miguelina”-; Te falta para que me puedas entender, pero, es una buena noticia. Bajó al subterráneo y después salió con Rasputin, este recorrió cada una de las piezas y comunicó que la “La Miguelina” va a traer cuatro corderos y que al medio día comienza la fiesta. Todos bajaron un poco aturdidos y somnolientos al hall del primer piso. Que “huea” pasa que hay tanto escándalo.- Uno de los poetas reclamó-. Entonces, Rasputin hizo hablar a Manuela. Bueno…- dijo ella, en la mitad de la escalera- Un cliente de “La Miguelina” se enamoró de ella, como señal de compromiso verdadero le regaló cuatro corderos. Pero como “La Miguelina” solo tiene la calle su hogar, no tiene donde tenerlos, ahora los tiene amarrados en la plaza y Carabineros le pidió si en una hora más, no los saca de ahí, serán requisados por el Servicio Agrícola de Salud.
-!¿Y que quiere que seamos pastores?¡ Interrogó un Rockero casi desnudo.
- No hueon, quiere que los comamos rápido antes que el enamorado se arrepienta cuando sepa que es “Miguelino”, replicó Manuela. Esto último hizo reír a los habitantes, unos volvieron a sus piezas. Otros partieron a la plaza, Rasputin se saco un medallón de oro llamó a la pianista y a Manuela, pidió que vendan la alhaja y traigan todo lo necesario para celebrar por que además llegaran artistas de Valdivia y Concepción.

Fue una de las grandes veladas del Castillo que aún se recuerden. Los rockeros se demoraron todo el día en parar un escenario con amplificación y pantalla electrónica. En medio del patio “La Migelina”, Rasputin y los dos Poetas descueraban y fileteaban los animales, La pianista se sumó a la banda roquera “Los CNI” y deleitaron con Hard- Punk. En la cocina Manuela preparaba las ensaladas y a su vez esquivaba las insinuaciones amorosas de los habitantes e invitados que mas por conocerla que acosarla la acompañaban indagando sobre su vida o sus gustos. Los primeros invitados que llegaron fueron cuatro artistas de Valdivia tres bailarinas y un artista plástico de nombre Himen Rivera. Las chicas pusieron un compilado de la banda “Kim Crimsón” y bailaron por todos los pasillos del Castillo, y por el patio, con quien se les atravesará. Himen buscó a pintores que estuvieran presentes, prepararon los atriles y bastidores, para pintar durante toda esa noche al fragor del champán y la camaradería. Encontró nueve colegas. Bien entrada la tarde comenzaron a llegar los artistas de Concepción pero llegaban de a uno por que llegaron haciendo dedo. El primero fue un pintor que hacia colage y Art. Naif, rápidamente se sumó a Himen y paró su atril, el segundo era amigo del primero y sólo venia a “cachar la honda” -dijo a Manuela- mientras de su mochila sacaba seis botellas de Wisky y un kilo de hojas verdes de marihuana -para compartir agregó-. Un tercero era como el jefe, le decían “Huaso” y traía libros, videos y parecía conocer a una buena parte de los invitados. Un cuarto personaje aun mas extraño rapado, gafas oscuras, traje de látex negro y una daga en su cinturón. Rápidamente sedujo o llegó a un acuerdo económico con “La Migelina” y se perdió por el Castillo con ella por unos minutos. Luego se presentó como especialista en Arte Undergraun. Rasputin tomo el micrófono, dio la bienvenida a todos, disfruten dijo; y se fue su subterráneo.



La primera noche, pasó muy rápido por que todos tenían algo que mostrar que contar de que reír de que sorprenderse. Hubo sexo, alcohol, rok and roll y también amor, solidaridad y compromiso con nuevas tendencias políticas y artísticas. Lo más novedoso de la noche fue un par de videos- artes, un llamado “Fluctuaciones” relativo a las genuflexiones faciales de los corredores bursátiles de Wall Street y otro denominado “Los hijos del golpe golpean” sobre las performances estudiantiles del 11 de septiembre en las universidades de país. Manuela se sentía muy cómoda y si bien todo el mundo le sorprendía quiso dejar para la segunda noche su acercamiento a los personajes que le parecían más atractivos. Rasputin discretamente vigiló la actividad y confiaba en el criterio de los residentes para resolver cualquier hecho impredecible. La fiesta con menos intensidad continúo en la mañana pero era más discusión teórica que expresiones artísticas. Se repetiría el menú del día anterior y se haría además un caldo sustancioso para pasar la resaca. Los que se comenzaran a levantar asumirían las tareas domesticas que les placiera. Una niña se quejó esa mañana que se perdió su cartera pero nadie dio mucha importancia, otro preguntó donde podría encontrar preservativos y otro le resolvió esa contingencia. Himen levantó a los pintores y les propuso poner las pinturas en la fachada del castillo para que los vecinos las vieran. Propuso a Rasputin llamar al Crítico de arte para que juzgara la creación de los pintores. Rasputin pragmático, respondió que haga lo que quiera que no es jefe, júnior, ni papá de nadie. Sin embargo, Himen insistió, levantó a los 10 pintores y luego buscó al Critico de arte. Este se levanto no muy contento, con resaca y algo molesto con la luz del sol, miro los bastidores muy de cerca, luego, apuntó con unos de sus dedos.
- ¿De quien es esta obra?- preguntó; una niña se acercó, el Critico la miró de pies cabeza a la niña y le señalo que lo que le faltaba no era mejorar la técnica sino le faltaba “pico” esta sorprendida solo se rió y se empinó una media botella de ron “Silbar” que compartía con un trío de amigos. Luego el Crítico preguntó nuevamente:
-¿De quien es este otro?- Un joven algo trasnochado desde un lugar lejano respondió; mió. El critico lo miró, pasándose la mano por su mentón, como reflexionando y dijo: Oye sabes, estas súper bien, súper creativo, pero te falta “zorra” el pintor se limitó a hacer un gesto obsceno levantando el dedo índice. Luego miro un tercero, Himen señala sobresaltado y emocionado que es de su autoría. El Crítico le pega un patada al atril, la tela de Himen salta lejos, luego el Critico va donde la tela, con un palo la rompe y la sigue pateando. Luego vuelve a su posición original y hace astillas el atril - que mas tarde sirvió para encender el fuego-, no conforme con lo anterior se abalanzó sobre Himen, y agarró a patadas parte de su anatomía. Por suerte se lo sacaron de encima unos poetas que se venían levantando. Manuela que observaba el incidente quiso saltar sobre el Crítico de arte pero le asustó la daga que llevaba, pensó que él podía manejar mejor el utensilio. No se arriesgó pero esperaría la noche.



La violencia del Crítico causó estupor e indignación en gran parte de los invitados. Los punk querían medirse con él, las niñas bailarinas preferían declararlo persona non-grata, sus compañeros de Concepción lo negaron tres veces. Rasputin ofreció disculparse con Himen y seguir la fiesta en paz. Manuela quería justicia por mano propia. El ruido de la improvisada reunión hizo que el Crítico bajara con su traje de látex y sus gafas oscuras, luego fue al patio a buscar a Himen quien con el susto que había pasado minutos antes, se había bebido unos tragos de Ron y estaba ya un poco ebrio. Lo agarró de sus ropas, lo llevó al hall, mientras era seguido de cerca por las bailarinas que imploraban paz y amor y por la tribu de destartalados artistas que no sabían en que minuto enfrentarlo. Sentó a Himen y dio una mini conferencia que justificaba su actitud, argumentó que Himen era un idiota, que no podía pedir su opinión, sí se considera anarquista y menos artista.- agregó- Que la critica, como los concursos, los subsidios y fondos estatales solo prostituyen al creador. Que si él es pintor, que pinte y que no pida limosnas, ni halagos, si quiere fama que no se promocione como “undergraun” - y buscando un arquetipo a su discurso continuó;- Que hoy se lo dice él pero mañana se lo dirá la vida. Por ultimo agregó; con el estropajo pintado por Himen en sus manos, “esto también es arte” y con voz suave pide disculpa a todos y que en realidad sufre de “narcolepsia” que cuando un idiota lo despierta sin su consentimiento por osmosis también se convierte en idiota. Sus descargos disolvieron a los punk quienes se alejaron encontrando cierta razón en sus palabras, además que a esa hora de la mañana sus cuerpos estaban un poco descompuestos para meterse en líos. Las niñas no justificaban su violencia pero se alejaron motejándolo de loco. Manuela sin embargo se sintió un poco avergonzada, por no saber nada de lo que él estaba argumentando, quizás el encontrarse equivocada o la posibilidad de haber cometido una injusticia con el niño de látex. Y si bien no estaba en su lista de los más atractivos, sus palabras y su traje que ahora le parecía de súper héroe le provocaron entusiasmo en conocerlo un poco más. En la tarde le hizo esos comentarios a “La Miguelina” quien con algo de estridencia, juraba que no se arrepentiría agregando; que en la noche la buscará por que quería contarle un secreto.

La segunda noche fue conversación, Manuela buscó a La Miguelina quien le confesó que una noche de lujuria con su padre adoptivo este le confesó que su madre era de la ciudad de Concepción que era una niña joven que la había entregado en adopción en una antigua iglesia de esa ciudad. Manuela si bien estimaba a La Miguelina, esa historia la incomodaba, le pidió que no continuara, que ya no le interesaba el asunto, ya es tarde, filo, de todos modos gracias dijo; Sin embargo, por su cabeza el incidente de la mañana aun estaba fresco, sabia que no podía juzgar a su madre biológica por que quizás se podría equivocar sin tener la opinión de ella. Luego fue a la cocina a buscar un vaso de jugo y conversar con alguien que la entretuviera, sin embargo la mayoría se encontraban ebrios. Buscó a Rasputin quien no la tomó en cuenta, pues discutía con un tal “Huaso” de Concepción sobre sí; ¿los Mapuches eran anarquistas o no? Subió al cuarto de la pianista, abrió la puerta y vio que ella estaba completamente desnuda mientras un poeta le escribía versos en la piel con el semen que había saltado en su ombligo. Cerró la puerta disculpándose. Contemplativa desde un ventanal del tercer piso miró a los músicos de la banda “Lord Bayron” que hacían sonar sus guitarras con estridencia. Una niña que se presentó como Carola la invitó a fumase un pitillo de marihuana, -no gracias le dijo;- cuando Carola terminó de fumar volvió a la ventana y se insinuó sexualmente a Manuela esta solo sonrió, sin embargo cuando Carola quiso estirar las manos sobre los senos de ella, la envió al infierno alejándola con el brillo de su daga. Imperturbable siguió en la ventana, buscó desde ese lugar a alguien que estuviera tan solitria como ella para hacerle compañía. Atisbo al Critico y corrió escaleras abajo. Cuando llegó al patio este se había allegado a la discusión de Rasputin y Huaso, sobre si; ¿los Mapuches filosofaban o no? En silencio se quedó al lado de ellos. El Critico la abrazó con una mano y a ella no le molestó que él cubriera su cuello por que además ya comenzaba a ser mucho frió. Algo sorprendido los demás comensales los observaron abrazados instruyendo que en cualquier momento quedaba una desgracia por que ambos aparentaban ser extremadamente violentos.
Ya a las 5 de la mañana, Manuela acompañó al Crítico a la cocina para asesorarlo como hacer un café ya que el estaba en notable estado de ebriedad. Mientras el Critico sorbía su café, y de paso quemaba el paladar, ella inquirió en aspectos mas personales sin ningún resultado ya que no lograba entender lo que su lengua traposa decía. ¿Don-de -pué-do- dor-mir?, lentamente repitió, ella se acordó que Harkolito no llegaría esos días y le ofreció su cama, se acostó al su lado, soñaron sueños imposibles.

La noticia circuló con rapidez por las comarcas aledañas y tribus urbanas del sector, se dejaron caer esa tercera noche, el Castillo estuvo al máximo de su capacidad. Y si bien es cierto que la fiesta se comenzaba a desperfilar con la llegada de gente normal o de tendencias más clásicas como comunistas, Guevaristas, cristianos, Tronquistas, Maoístas, Alcohólicos y Drogodependientes. El staff continuaba coordinado para mantener la seguridad y el abastecimiento a los invitados originales. Todavía quedaban dos animales que a media noche posiblemente se sacrificarían. Los artistas si bien bajaron en calidad, aumentaron en numero, cualquiera podía subiese al escenario. Sin embargo; esa era la gran noche de los poetas. Ellos eran los encargados de lidiar con los ebrios y uno que otro punk pendenciero que quería subir al escenario. Manuela y el Crítico no se separaron ese día, hubo un momento en que ella se sintió en confianza y se atrevió a preguntar: Si creía que ambos podían ser una pareja feliz, él respondió, con una voz suave a su oído:
- Noooooo. - y casi susurrando agregó- Yo no creo, yo sé o no sé.
-¿Pero no te acerques tanto? –dijo ella-
-No, si solo me acerco por que con el ruido no escucho nada, nada, nada.-insistió él-
-Vamos a otro lugar. ¿Quieres?
-¿Donde podríamos ir, si esto esta repleto?
-Yo sé, si quieres me sigues se como llegar al techo…
En el trayecto al techo, el Crítico se abasteció de un par de cigarros y un vaso de piscola. En ese lugar relató a Manuela un capitulo del Principito de A. Saint Exupéry y luego filosofó sobre la invisibilidad de lo importante. Miraron las estrellas y pidió que buscara una estrella fugaz y que pidiera un deseo. Desde arriba veían en panorámica a los comensales y a los artistas. En ese momento un poeta bien o mal llamado “Cara de culí hambre” se subió al proscenio, pidió que la pianista le improvisara algo incidental para recitar su largo poema que se llamaba “fuego”, la bella pianista accedió, he hizo una fantasía lúdica con la séptima sinfonía de Mahler. Cuando el largo poema terminó “Cara de culí Hambre” se lanzó un poco de Ron sobre su sus ropas y se incendió a lo bonzo. La rápida reacción de la pianista evitó que la performance terminara en desgracia. Luego el poeta bajó simplemente ovacionado por los invitados quienes, quienes no se abalanzaron sobre él para abrazarlo sólo por que aun sus ropas humeaban. Manuela y el Critico sintieron que se estaban perdiendo la fiesta, cuando llegaron al patio, hubo un receso a los parlamentos poéticos, declamaciones y recitados, todo el mundo bailó con desenfreno las cumbias de “Tommy Rey” a la espera de la banda ultra ecológica “Masa punk” los deleitara con su puesta en escena. A las 2 de la mañana,- y con cierto aire de Divos- comenzaron a tocar; luego de un par de temas Rasputin pidió al vocalista de la banda que terminará, con un gesto que consistía en pasar la mano por su cuello, el músico algo extasiado no dio importancia a sus gestos. Finalmente pidió al vocalista que le pasara el micrófono bajo la amenaza de comérselo vivo, Informó que la fiesta terminaba por que avisaron que Harkolito apareció muerto en la línea del tren. A nadie a esa altura le importaba quien era Harkolito, los “masa punk” tocaron su último tema. Cuando terminaron recibieron pifias del público que quería más música, más desenfreno y más fiesta. Rasputin se fue al subterráneo cerró una gruesa compuerta y bajo los interruptores de la energía eléctrica. A Una lluvia de botellazos, le siguió un festival de combos y patadas. El Critico parecía estar simplemente en el paraíso y Manuela como una princesa de esos cuentos infantiles había perdido un zapato esa noche, la diferencia quizás; que fue pasada la medianoche y que el zapato lo perdió en el hocico de algún comensal. El mas contento, un cordero que soltó sus amarras y escapó corriendo calle abajo, llevándose de paso una tropa de imberbes que desaparecieron para siempre tras el animal y de esa gran noche.



Nunca quedó claro que paso con Harkolito por mucho tiempo se especuló que la policía lo había detenido se les pasó la mano con los golpes y cuando este no respiró más, lo dejaron en la línea férrea a la hora que pasa el expreso Estrella del Norte. Algunos, dijeron que por la fecha navideña el muchacho andaba un poco deprimido y que posiblemente se suicidó. Los menos se sumaron a la tesis oficial de un simple accidente de un borracho que se puso a dormir en línea férrea.

Manuela siguió por un tiempo más en el Castillo pero quería irse de esa ciudad aburrida y mustia, pensaba que alejándose de ahí iba a dejar la mala fortuna y los malos recuerdos que le provocaba andar por sus calles. También en su cabeza rondaba la idea de buscar a su madre biológica y esto concatenado con una carta de un amigo que le invitaba a conocer una ciudad próxima fueron lo que gatillo su decisión. Tomo todas sus cosas que cabían en un pequeño bolso deportivo y a modo de homenajear a su amigo Harkolito; La ropa de él que quedó en su pieza le pegó unos tijeretazos y la puso en su cuerpo, encontró sus fétidas botas las limpió puso algodón en sus puntas, calzándole perfectas a sus pies. Se despidió de todos y en especial de La Miguelina quien la encaminó al Terminal de buses. La extravagancia de ambas provocó que las señoras al verlas pasar, sujetaran sus carteras. Los niños se sorprendían con tantos adornos brillantes en sus ropas y pese a la risa y mofa de los chóferes logró subirse al bus más económico, desde la ventana hizo las últimas señas a La Miguelina quien exageró la despedida con unos lagrimones de teleserie Venezolana.

Todo el temor que acompañó en el trayecto se disipó cuando en el Terminal de Concepción, su amigo Mario la esperó con una flor en la mano y una guitarra en la otra.
En pocos minutos llegaron al “Juanmá” un viejo casino de una Sociedad Mutualista. Mario se acordó de los versos más hermosos de su repertorio y le dio la bienvenida. A medida que iba bajando unos vinos para barnizar sus cuerdas vocales. Llegaron sus amigos que se iban sentando y a la vez conociendo a esa desconocida niña. Sin embargo Manuela aun no tenia muy clar