El vuelo
Vuela hacia el oriente, a través de racimos de bordes rosados. Su silueta es una mancha sobre el sol naciente. Volutas de algodón se deslizan por los costados y rozan sus alas; se deshacen en jirones y son el origen de un mundo mágico en constante movimiento, de un deleite para el ojo y la mente. Distingue a lo lejos una bandada de pájaros. Sus cuerpos llamean y se hinchan de luz; se convierten en puños de fuego mientras se alejan en la distancia. Un halo de luz carmesí lo reconforta, lo tranquiliza.
Atrás quedó el hogar y la primavera, el cerezo y el amor, y la lluvias de flor de loto. Emerge entre los bancos de nubes y una piel de plata cientos de metros más abajo lo deslumbra. La sombra de su meta se perfila sobre el mar. Cae picado ganando velocidad. Con un último saludo lo guarda el recuerdo y él, a lo que más ama.
Los proyectiles destrozan su torso antes de que haya alcanzado el objetivo. Su sangre escupe al aire y salpica su bufanda de lino, que como una estela se agita con el viento. Por ironía del destino el “Zero” no explota, estrellándose sobre la cubierta del buque. El enemigo vuelve a perder de nuevo un barco por otro ataque Kamikaze.
Churruka, 08.04.2007 |