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Inicio / Cuenteros Locales / roggeralzamora / LAS FORMAS

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Cuando recuerdo su nombre- y vaya que para mi castigo casi todas las mujeres a mi alrededor se llaman como ella- me retorna la vida. A pesar de que es muy probable que ella ya ni me recuerde. A pesar de eso. O precisamente por eso. No lo sé.
Recuerdo la mañana en que estuvimos sentados por última vez en el gran parque. Horas enteras. Peleábamos y amistábamos. No sabíamos qué hacer para demostrarnos que no andábamos equivocados.
Nos rozábamos las manos y sudábamos. Yo la veía con su falda a medio muslo, que hacía destacar sus rosadas piernas. Y se lo dije. Tienes las piernas más perfectas que he visto. Sentada todas las piernas se ven buenas, dijo ella. Y era cierto. Cuando se acercó al enrejado en una de esas peleas, le vi las piernas más delgadas, los muslos menos fabulosos. Y la falda menos corta.
Pero era sensual. En su caminar, en su parada, en su mirar, en su sonrisa. En su furia. Llevaba adscrita la sensualidad. Tenía los labios gruesos, hasta donde recuerdo. Gruesos y rojos, como si hubieran sido encarnecidos por algún genio.
Tenía también los ojos firmes y pardos. Y la mirada demoledora.

Entre las diez de la mañana y las cuatro de la tarde que nos albergó aquella banca de granito, buscamos la manera de hacernos justicia. Que ella fuera de mí y yo de ella. Lo intentamos en las mil ecuaciones que pudimos plantearnos. Pero no. No había cómo nuestras vidas confluyeran de ese, ni de los demás modos. Caminamos de ida y vuelta nuestra historia. Planteamos disyuntivas. Cuestionamos nuestras realidades. Ella y yo no pudimos coincidir. A menos que fuese en una próxima vida. No en esta. No como estábamos: rodeados de convencionalismos, ni siquiera ajenos sino propios. Colisionábamos por todas partes. Hasta en la talla, que es lo de menos, pero que en medio de nuestras disquisiciones se convertían en complejos. Ella era casi diez centímetros más alta que yo. Y eso sirvió para enraizar aún más hondo nuestras discrepancias.
Y sin embargo sabíamos perfectamente que nos merecíamos.

Ahora es diferente. No sé si me odiará después de lo que hice. Lo tendría bien merecido. O peor aún, tal vez ya ni me recuerde. Ella ya debe estar por los cuarenta. Yo cumpliré treinta y cuatro la semana que viene. No se casó, lo sé. En cambio yo tengo una esposa y tres críos, de los cuales los gemelos nacieron hace apenas un mes. Se me ve feliz (¿Se me ve feliz?).
Toda la música me trae a ella. No puedo cantar alegre, porque todo me suena a nostalgia, a separación, a ausencia.
Pero esos mismos recuerdos me traen la vida.
Una vida impropia, pero vida al fin.

Texto agregado el 10-04-2007, y leído por 34 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
2008-01-11 17:26:48 Bueno! placer en descubrirte. Me gustó mucho esta narración. Te sigo leyendo. aicila
2007-04-27 02:48:52 Un placer leerte, me gustó mucho***** gfdsa_elisa
2007-04-10 18:21:57 pa mi, esta narración en particular es muy buena, te atrapa desde el principio, te lleva hasta el final; muy disfrutable. ednushka
2007-04-10 01:27:38 El matrimonio es tratar de solucionar entre dos problemas que nunca hubieran surgido al estar solo.///La vida cotidiana nos hace "idealizar". Quizá la mujer de buenas piernas, tampoco era la "ideal"///Felicitaciones por los gemelos///La llegada de los hijos es la época donde comienzan a gestarse los divorcios***** monica-escritora-erotica
 
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