La mañana llega lentamente, y con ella tu recuerdo tras los cristales del tren. Te veo en el andén. Te llamo y me miras. Apoyas tu mano en el cristal; la mia también, y por un momento parece desaparecer el vítreo frío que nos separa. Me sonríes y en tus labios dibujados puedo leer un "te quiero" teñido de azul. Del mismo azul que tus ojos; del mismo que tiñe el cielo en los atardeceres de primavera. Suena el silbato del tren; ese que te hace desaparecer tal y como viniste: de repente, sin avisar; como la visión que eras.
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2007,R.M.M
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