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Los Compadres




Los Compadres / José Julio Llanas






No compadre, ¡Ni mais! Orita el horno nosta pa bollos, como aluego dicen, ¡Lárguese de aquí! No venga a decirme que Ramoncito es un mentiroso nomás porque es hijo de Rosa la Chismosa. Ese tremendo güercón los vio a los dos juntitos, y yo le creo porque es mi amigo – ya ve que seguido viene a mi casa a hacerme mandados y favores- y él no tiene porque inventar cosas. Además yo vi muy bien con mis meritos ojos su riacción cuando le pregunté a usté pa tantearlo. Si hubieran sido mentiras, hubiera riaccionado de otro modo. ¡Pero mire qué desgraciado pa atreverse a preguntarme por ella! Y pos si quiere saber… le diré que mi vieja ya nostaquí. La mandé con su mamá pal pueblo a la muy méndiga. Y yo no quiero oir sus explicaciones, mucho menos sus disculpas, ni mais, que usté estuviera borracho no lo justifica, ni a usté, ni a ella, y no soy un pendejo pa creer eso de que ella lo violó.

Qué bueno que se les olvidó cerrar la ventana del cuarto, ya ve cómo es ese Ramoncito de fisgón. Pos si. Pos él agarró esa distración, esa maña de asomarse a las casas pa ver viejas encuerdas, bendita maña compadre, pos ta en la edá, él quería vivoriar a sufija y encontró cine gratis. Así que esas tenemos, ¡Con que una traición! ¿eh? Sólo Dios y el diablo saben cuántas veces usté se echó a mi mujer… ¿cómo pudo compita?

Después de irle a reclamar a usté, llegué aquí a la casa y me la receté, me la surtí con unos buenos chingazos. Le dije: “Cabrona, ya supe que te juites a revolcar con el chingao compadre”: Si viera la cara que puso. Decía: “no”. Y yo que sí. Y ella terca que no. Me alebresté. Tuve que cariarla con Ramoncito, pa que lo admitiera. ¡Ah condenado güercón! Ella no aguantó más y se puso a chillar. Fue cuando me pidió perdón, pero yo yastaba fuera de mí… y que comienzo a castigarla, se lo merecía por traidora, “ya no te quiero volver a ver”, le grité, la retaché pal pueblo media muerta. Le dolían las patas y no pudo caminar. Llevaba los ojos que parecía tecolote. No debía dejarla aquí por más tiempo. No quise arriesgarme, ni modo, tuvo que irse de esta ranchería, yo sé que era su tentación compadre. Y aquí estaba yo, compadrito, pa hablar de hombre a hombre, sabía que vendría. Quiero que sepa que estoy muy enchilao, enojao y encabronao…. Y no quiero volverlo a ver porque jamás me imaginé… ¡Suélteme! Que usté fuera a… ¡Oh, tese quieto!... me fuera a engañar con mi propia mujer. Y yo que lo quería a usté ritiharto, pero ya ni mais compadre, me quedo con Ramoncito. ¡faltaba más!






Texto de jjllg agregado el 12-04-2007.
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