Antes del Examen / José Julio Llanas
Parece que llegué a tiempo. Sí, faltan quince minutos para que empiece la clase. Qué poquita gente hay. Aquella banca está sola, especial para repasar la lección de ayer, con este sueño que tengo no me puedo concentrar. Hoy es el examen, debí estudiar anoche por lo menos dos horas. ¡Y este mareo! Mejor ni me hubiera ido con aquellos dizque a estudiar. La de jeans blancos que me presentó Jack, vale por tres reprobadas. Qué bueno que mis jefes no me vieron cuando salí de casa... la que se arma. Debo machetear aprisa ahorita para pasar aunque sea de panzazo. Van a estar tres teachers cuidándonos, ¿acordeones?, ¡ni pensarlo! Además, -con las pruebotas que nos pone el ruco ése… necesitaría toda una orquesta.
Beautiful. Qué a gusto se está aquí. Esas plantas en los pasillos siempre me han dado una impresión de frescura y tranquilidad, alivianan un poco mi cruda. Qué buena onda la de los cuates que ahilas pusieron. (A ver si ponen rosales).
Los chavos que están sentados también estudian, como si se les fuera a quedar en la mente lo que no se les quedó en tres meses. Por eso mejor ni me hago menso, presento con lo único que sé y... ¡listo! A ver qué calificación obtengo, un nueve. ¡Ujule! Como si fuera tan fácil. Y Luego que se me hace bolas la lengua en pronunciación. Abro mi libro, la primera página me lanza al rostro un corazón con dos iniciales: L y R, Laura y Rodrigo, una flecha y un cupido. Cubro los dibujitos con rayas de pluma y vuelta de hoja.
Por el pasillo del fondo viene una girl. Pues qué trae esa loca, camina como si estuviera oxidada. No está mal, se ve que tiene lo suyo: Delantera espectacular, defensa trasera en excelente estado, balance perfecto. No como otras, que parece que les estiraron de una parte y se les disminuyó la otra. Ahora ella mira para todos lados como si se escondiera de alguien, aquel bato viene tras ella, se lanza al ruedo, ¿qué quiere ese cabrón? Se detuvo y le está diciendo algo. Ya se fue, nada más le preguntó la hora, le falló la estrategia. La chava trae sus libros entre los brazos y los aprieta junto a su pecho. ¡Ay mamita, quién fuera tus books! Parece como si se quisiera hacer chiquita y no ser notada. Sus actitudes sospechosas aumentan mi curiosidad. What happen to you my love?
El sol se vierte por un ventanal, despistadamente se ha aproximado a ella. Le lame los pies. Pajareo y también le despisto. El astro rey ahora le está tocando las piernas con sus dedos ultravioletas. Se mete por debajo de su falda. Pinche sol, ¡siempre de cachondo! La morrita me recuerda a mi ex, caigo en la cuenta de que es igualita... Tiemblo y se me pone la piel de gallina. Who are you, preciosa?
Su rostro. Lo contemplo una y otra vez. Nadie la ve, sólo yo. Pone cara de sufrida pero no parece ser por el examen, ésta trae un enredo. Sus ojos sueltan un brillo que aumenta, son dos gotas cristalinas. "Cuando alguien llora es por algo", me decía un idiota. Bueno, ¿y ese idiota qué viene a hacer entre mis recuerdos?
Pienso aproximármele, pero no. ¿Qué le diré? Quién sabe. ¡Ya sé! un cotorreo sabroso. ¿De qué? De lo que sea, de las clases de inglés, del curso en que va. Ya hay más people y ella ni caso me haría, después en qué ridículo me deja. Ahí está otro galán, sus miradas se cruzan. Va hacia ella, le sonríe. ¡Ya me la ganó! se pasó de largo, qué bueno, qué imaginativo ando.
La vieja está temblando, desde acá se nota, pero no hace frío. Su cabello se desliza desde su cabeza, como si llorara también. Ya se va. Qué gacho. Y yo aquí como baboso, voy a alcanzarla. Ah no... Se escondió bajo las escaleras. ¿Descubriría que la estoy viboreando? Ya no está al alcance de mi vista, pero sus rasgos se quedan dibujados en mi mente. Un bostezo hace de mis párpados telones de plomo.
Entonces mis sentidos se esfuman a un lugar donde no existe el tiempo: Ahí la veo, está gritando. Angustiada extiende su mano y me pide ayuda. Huye de algo no muy claro, un bulto negro, se mueve velozmente y adopta diversas formas, se transforma en un par de conchas gigantescas color de piel que lanzan rayos de mar blanco, luego en lenguas de serpientes venenosas que la alcanzan y la torturan introduciéndose a su cuerpo por todos los lugares posibles. Gritos de parto. Soy el culpable de su sufrimiento, ella me lo reprocha... son tan igualitas... no me lo perdona, una sacudida tremenda hace que me duela el pecho. Después voy tras los fantasmas que incendiaron aquellos días de campo, cuando íbamos a nadar con los muchachos del gang, y las noches en el antro, donde las luces de la disco nos embriagaban y vivíamos el amor a todo volumen.
Como la vez que nos pasamos a la plaza y en el camino rayamos los coches con fichas de refrescos. Bajo el mini-bosque del parque hicimos un baile a todo dar con la grabadora del Escurrido. Recuerdo que nos trepamos a los árboles que protegían la zona. Pero de pronto a Laura le cambió la cara, se convirtió en la señora gorda de la que no me quería acordar, con su sombrero rojo y toda la cosa. Esa vieja panzona me quería entregar con mis padres, les fue a contar de las noches que estudiábamos. Mi padre, con la cara de fuego, trae un látigo de rayos láser, me lo recrimina. Arriba, sobre las nubes, el violeta es más intenso que otras veces, por primera vez veo el cielo retumbar con rumores de voces inaudibles, esas que siempre están ahí sofocando la diversión. ¿Son las culpas?
Me le escapo a la panzona mantecosa que me tenía bien sujetado, me obligaba a tomar entre mis brazos al feto muerto. Corro con los demás: Laura corre dejando resbalar su sangre entre las piernas, el Escurrido, Jack y Melsman en una frenética carrera. Esa señora botijona aparece de nuevo frente a mí, le tomo de su grueso brazo; por soplona la arrojo a lo alto y cae pesadamente muchos metros lejos, explota al tocar el suelo. Llanto de niño. Todo se tiñe de rojo. Hay un pedo loco, ruido por todos lados. Gritos. La gente sale de sus casas y escapa asustada, los polis y mis padres me llaman por enormes bocinas, el aullido de las sirenas me enloquece, me irrita, estalla en mis oídos, alcanza un volumen desquiciante, siento miedo. Logro ver cómo los policías revisan mi carro. Llevan unas bolsas de plástico transparente y meten en ellas algo que sacan del auto, uno de ellos me apunta con su pistola, un disparo parte en dos el chillar de las sirenas, las deforma. Un timbre que insiste me estremece, las figuras se reflejan borrosas y van desapareciendo poco a poco. Las sirenas... el timbre... las voces...
El murmullo vuelve tras las siluetas de gente portadora de expresiones de terror, enmarcados todos por una luz que lastima mis ojos, cada quien va a su salón, los pasillos de la escuela se han vaciado y yo estoy aquí aturdido. Bostezo. ¿Y la chava? ¿Qué estará haciendo todavía ahí? Si se fue tras las escaleras para ocultarse, que salga, ya no hay nadie. Mis párpados me recuerdan el party. Allá voy. Tan a gusto que estaba ahí sentado. I have to go with her. Mejor no, mejor le llego al examen. Ya están todos adentro, seguro que el teacher ya repartió los exams. Ahorita no me siento nada happy. Voy a tronar, lo sé. Y mi progenitor me va a colgar de los wevos. Stupid boy.
Tengo que verla por última vez antes de entrar, le voy a mandar un guiño de ojo y un kiss por correo aéreo. Volteo para verla. Un horrendo escalofrío azota mi cuerpo, pues con la mirada de extrañeza, una señora gorda con sombrero rojo me sonríe bajo las escaleras.
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