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VIRUS... El compi de La Caro
A un amigo mío, de vuelta de Japón, lo han retenido 19 horas en Londres por que al parecer, un pasajero de su avión tosía sospechosamente. Ya no puede uno ni toser. La gripe del Pollo la llaman a la nueva atracción.
Antes, los emperadores romanos mantenían al pueblo entretenido con eso de “Pan y Circo”, ahora los modernos emperadores nos entretienen haciendo un auténtico Circo del Pan.
Desde mi privilegiado sillón; veo las cifras, higienizadas e impolutas, que reflejan cuanta gente desaparece de este mundo por comerse un muslo de pollo gruposo; un chuletón que resultó no ser de buey o cualquier cosa envenenada vete a saber con que matarratas de diseño. Algunos ni siquiera por eso; también desaparecen por recibir una transfusión, por echar un polvo de sabadete o por salir a tomar el fresco.
Cifras minimizadas por gobiernos, que declaran que la situación está controlada, cuando en realidad deberían decir que se les fue de las manos hace tiempo.
Quien sabe de donde surge el Ébola, el SIDA, el mal de las vacas locas? o la reciente gripe asiática, o la del pollo que también es oriental.
Nadie te dice que hacer. Nadie te indica a las claras. Solo se justifican. “Las importaciones han sido suspendidas”, “se han establecido todos los controles necesarios”…La desvergüenza; no hay responsables, nadie sabe. El culpable siempre es un pollo nacido en China, una vaca Irlandesa o un mono de Senegal.
Toda clase de bichos sospechosamente delineados en algún oscuro laboratorio se introducen en nuestra comida, en el aire que respiramos, en nuestras relaciones sexuales.
Yo creo que las vacas deben comer hierba, bien verde y no piensos a base huesos triturados de oveja. Y los pollos maíz, a poder ser que no sea transgénico. Pero se ve que todo el mundo no opina igual, hay que olvidarse de la dieta natural y engordar a los animales más, más rápido y más barato; caiga quien caiga.
La culpa es nuestra, de todos; por comprar los filetes en bandejas blancas, que además son contaminantes y dan mal sabor; las lechugas envueltas en plástico; el jamón en paquetes envasados al vacío y el puré de patatas liofilizado. Por no hablar de los huevos enriquecidos o la leche con calcio añadido…Por dejar manipular las cosas mas importantes; por olvidar aquello de “Con la comida no se juega”. Nos han acostumbrado a esa falsa asepsia que esconde carne hormonada que nunca pisó un prado; lechugas sospechosamente perfectas y tomates artificiales y asombrosamente rojos. Hasta el pene nos plastificamos para hacer el amor; además te la juegas si nó. Al final, la naturaleza que sin ser tan sabia, tampoco es tan tonta, se cabrea y con razón.
Me gusta recurrir a la sabiduría de mi madre en estos casos. Ella decía que le gustaba ver las manos enrojecidas, de tanto lavárselas…de la carnicera; mientras le cortaba los filetes. Esas bandejas esterilizadas no le inspiraban ninguna confianza. “A saber”,,, decía ella, “quien ha trasteado esos filetes”.
Eso, “A saber”…quien ha trasteado.
Texto de la_columna agregado el 02-03-2004. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net
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