Suenan los timbres de aviso, mientras todos los miembros de la compañia ocupan paulatinamente su sitio.
Se oye el carraspeo de algún espectador a lo lejos, y adivina tras el telón, el patio de butacas, al cual se ha dirigido vacio durante los ensayos previos al estreno de esta noche, y que hoy por fin cobrará vida, tras haber colgado en su taquilla el cartel de "no hay entradas".
Se abre el telón, la obra comienza, transcurre en tiempo real, una pequeña habitación donde se debate la inocencia de un muchacho acusado de asesinato - ¿habra piedad de el?... doce actores sobre el escenario, "Doce hombres sin piedad"... bueno... en realidad sólo once,´él es el único que duda de su culpabilidad.
Ahora, por fin comienza el espectáculo, poco a poco irá convenciendo uno a uno al resto del jurado, 11, 10, 9, 8..., no cuenta con efectos especiales ni con mundos virtuales; tiene en sus compañeros el contrapunto perfecto, crece con ellos en cada acto, del negro pasamos al blanco, todo un arco iris de sensaciones, es una obra coral perfecta... 7, 6, 5 ,4...
Ha soñado mucho tiempo con este momento, palabras escritas que cobran vida con su voz y con sus gestos, nota como la adrenalina acelera su pulso y la ficción pasa a transformarse en realidad con cada movimiento... 3, 2,1.
Lo ha conseguido, su personaje ha convencido al resto; doce interpretaciones diferentes de la misma realidad en que al final ha vencido la piedad.
Baja el telón mientras un aplauso atronador que emana del patio de butacas puesto en pie les hace estremecer de emoción.
Mientras escucha el agradecimiento del público, se pregunta...
En realidad ¿a cuentos hombres sin piedad he conseguido convencer esta noche? ¿cuantos se han desdoblado conmigo y se han sentado alrededor de esta mesa para buscar la verdad?
Eso es lo que esperaba ver reflejado en sus ojos, comprobar que todos ellos habian participado en ese veredicto final.
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