La flaca lo hacía bien. Majestuosa, escultural cuerpo de arcilla. La flaca me dio el primer toque de queda en su interior, con los dientes entre las flores, la alfombra, noche y saliva de dulce especie.
Cuando se me acercó y lo propuso, ingenuo yo, perversa ella, diametralmente dispuestos, cerramos el romance con un beso y dimos partida a la bestial sacudida, su cama rociada en letras que rebotaban antes en el techo cargando el más profundo de sus alientos...... y de los mios también. Siempre en las noches, como rapaces urgentes, cercamos perímetros a distancias proverbiales, ella siempre ha sido una silueta de besos, yo algo más que un ruin joven déspota, un perfecto molde a su cintura.
Que iba a perder. En su espalda se arrastraban caracoles y en la mía aún se cernían libélulas pubertosas. Pero ella todo lo rompe. Día tras día la busqué, me encontró y escondidos habitamos los nichos oscuros que yacían en sus recuerdos. Que yacen aún a pesar de nuestra muerte. La flaca me debe un tanto por despojar mi piel nueva y dejarme en estos harapos, me debe noches invariablemente suyas, me debe un sueño, algunos murmullos y parte de mi soledad.
Si nos vemos, lo hacemos, y no hablamos, después si quieres, por ahora desnuda llamando.........
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