Hoy recibí su llamada, luego de un día lluvioso en Sevilla, me parecía que quería acabar ya con una etapa de su vida, o la mía, tenía voz de premonición al otro lado de la línea y yo con el celular estropeado...me preguntó si aún conservaba su guitarra, aquella que me ha acompañado casi cuatro años de mi vida aquí en España, desde que vine a seguir un doctorado en historia desde que decidí seguirla a ella, a sus particulares andares de "abelardo" (una versión de la gallina Caponata de su Barrio Sésamo, para mí, Plaza).
La descubrí casi uno de los primeros días que fuí a su casa, casi como ella, recorría con ojos curiosos toda su casa en Sevilla, muy moderna, muy pituca para mi gusto, pero me llamaron la atención los discos de Leonard Cohen de su padre y una foto que tenía ella de niña vestida de flamenca segurito para la famosa feria de abril de la cual puedo sacar a la fecha una decena de cuentos más.
Antes de subir a su cuarto, bajamos a su sótano donde tienen otra habitación al parecer cuarto de estudios y almacenamiento de uno y tantos olvidos, ahí encontré unos "elepés" a mi no me costaban hacerlos familiares, para ella en pleno reino de pendrivers y DVDs pues le resultaban tan antidiluvianos como la radio a tubos de mi bisabuela que vivía en el puerto del Callao, ahí resaltó el "burbujas de amor" de Juan Luis Guerra, bien colorinche como imponía en su época el otrora filósofo cantante.
Y mientras ella se empeñaba en enseñarme lo que hacía en su computadora (o ordenador como extrañamente le dicen aquí a una PC) vi una funda de cuadraditos, algo vieja y polvorienta, y dentro de ella ¡una guitarra!, la misma era un recuerdo de su abuela, una trianera de pura cepa y muy hábil para colarnos en primera fila para ver los pasos sentaditos en plena Semana Santa sevillana, pensando seguro la gran señora que alguno de sus nietos tendría vena flamenca o por lo menos interés en rasgarla...
Pero poco más que una zampoña o charango que tiene mi hermano haciéndose polvo en una caja en nuestra casa de Lima lo tenía esta poco farandulera pero bonita guitarra y lo más importante, aún con sus cuerdas sin templar ¡sonaba!.
La Chola Andaluza sabía que tocaba y que canturreaba algo, prueba de ello fue mi serenata que le dí una tarde-noche en Chosica en nuestros paseos campestres por la Lima que se me va pero vuelve con ella, cada vez que la veo, cada vez que hablamos, nada a cambiado en ella, persigue su ilusión, persigue sus sueños, o ellos a ella, y la lástiman, la agobian, es la razón por la que hoy me llamó, hoy me llamó para pedirme la vieja guitarra...
Entonces me dio la guitarra, como quien da una flor, como quien da un suspiro, como quien da un beso con todo su amor...y la desenfundé, la templé, la afiné al oído no más y le toqué y le canté aquella canción que hice mía sin que Pablo Milanés lo supiera "el breve espacio en que no estás", no se si bien, no sé si mal, pero sé que esa tarde ya cayéndose de estrellas y una luna firme en el cielo, le toqué profundo su corazón "...no es perfecta más se acerca a lo que yo...simplemente soñé", y la hice otra vez mía, a la guitarra, a la canción y a ella, esquivas las tres, ajenas las tres, aquella soleada tarde en Sevilla allá arriba, allá abajo fuimos de los dos una vez más, como por primera vez borrachos en ayacucho, como una vez en La Merced, como aquella vez en la casa de los padres de Luis Jaime...tantas veces y lo más importante, el uno para el otro, de lo que yo enamoré.
Así la guitarra pasó a pertenecerme, me acompañó mis largos tres años en la casita de Mairena, pueblo Sevillano tan abúlico como exasperantemente parsimonioso, sin embargo supe hacer de él mi espacio, y llegó la guitarra y llegó mi otro cuento "Soledad" y llegaron canciones pero quien nunca acabó de llegar fue la chola andaluza, pero si dejó claro su recuerdo, su humor, sus celos...
Así pasó la guitarra sus días y noches a mi lado y a mi mudanza a la Macarena, en el territorio apache, donde se acomodan los inmigrantes como yo, y veré quizá como crecen nuestros hijos sin que tenga porque convertirse esto en otro incendiario Paris...espero...
Dice la chola que está harta, harta de sus bichos, de sus pelotas verdes y rojas, de sus palitos y rombitos en la pantalla, de descifrar evoluciones químicas sin saber de qué para qué, y sólo quiere coger su guitarra, y esta vez sí narrar quizá la historia de la Chola andaluza, pero con guitarra y quizá cajón, con guitarra y cajón sí, como se hace en Lima, como lo vio con sus ojazos curiosos allá en mi ciudad añorada, aunque ella no sabe ni tocarla, pero como todo en su vida, como vivió en Perú, prefiere no saberlo, prefiere probarlo sin saber, porque como algunas cosas en esta vida y en las que pueda haber, es el no saber lo que nos hace aprender mejor...(julfito).
Sevilla, 3 de mayo 2007
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