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No me gusta que me la mamen. Así se lo hago saber a la vieja puta que, envuelta en un perfume rancio, me abre la puerta de su cuartucho en el primer piso de un edificio amarillo, descarapelado y feo como sus habitantes. En la minúscula sala hay dos niños como de cinco o seis años, uno desnudo del ombligo para abajo y otro del ombligo para arriba. Mocos secos y manchones de mugre, cuatro ojos negros y deslavados por llantos que nadie atiende. Son mis nietos, dice la vieja. Entramos a un cuarto caldeado en el que la cama ocupa casi tres cuartas partes del espacio disponible. Un sagrado corazón cuelga junto a la ventana que da a los patios de los edificios adyacentes, desde donde llega el sonido de un radio sintonizado en una estación cumbanchera.
Saco el dinero acordado y ella lo guarda en un bote metálico sobre una repisa encima de la cama. La vieja comienza a desnudarse y le digo que tampoco eso es necesario. No quiero verte desnuda. ¿Entonces? Deshazte de los calzones y súbete la falda. Ella obedece y puedo ver la congregación de estrías verdes y azules que deforman la carne fofa de sus muslos. Eso me excita tremendamente. Abro el cierre de mi pantalón y con una mano libero mi verga y con la otra froto las estrías. Me siento sobre la cama y un olor a pies brota de las sábanas. La vieja se queda torpemente rígida, sus cuatro labios son del mismo color amoratado. Siéntate sobre mí dándome la espalda. Ella lo hace y entro a su viscosa y usada rendija. Veo una verruga en su nuca y comienzo a chuparla mientras ella hace pequeños círculos con las caderas. Su cabello huele a jabón. Puedo escuchar a los niños allá fuera, el chapoteo de una humedad espesa a cada movimiento de la vieja sobre mí. Puedo ver sus manos estranguladas por anillos de bisutería, sus uñas pintadas de un rojo grotesco y la flacidez de sus brazos. La verruga tiene pelitos que cosquillean en mi lengua. Antes de que ella comience a jadear profesionalmente le ordeno que se calle. Sé que tengo un pene pequeño y me encabrona que finjan. Te la voy a meter por el culo. Ella asiente son la cabeza, se separa un poco y con las dos manos separa sus nalgas mostrándome el orificio. La meto entre esa masa blanda y deforme, caliente y seca. Una estampa azul escupe luz por la ventana y yo alcanzo a sentir algo en esa estrechez sexagenaria. Sí, ya comienzo a sentir algo. La cargo, damos media vuelta, se hinca sobre el colchón y arremeto. Dos minutos después he terminado. Todos los olores, toda la miseria, todos los sonidos caen sobre mi como un chorro de lodo estancado. Cuando se la saco se le escapa un pedo. Perdón, me dice. Le suelto una bofetada. Puerca. El terror le produce grietas en el maquillaje barato de su rostro. Podría patearla, escupirle, tomarla como sparring, como costal. En vez de eso, la dejo ahí, sobándose, con mi semen escurriéndole por el recto.
Abro la puerta y los niños han desaparecido. Oye, le digo, ¿su madre es tu hija? Sí, responde. ¿Y dónde está ella ahora? Trabaja en una fábrica. ¿A qué hora podría encontrarla? La vieja duda un momento en responderme. A las ocho llega del trabajo, dice. ¿Cobran lo mismo? No, ella no es así. Me río. Todas ustedes son así. La vieja no dice nada. Se ha levantado y entra al baño junto a su cuarto. Me dirige una mirada hosca, invitándome a largarme de ahí. Sí, ya me voy. Tengo una hora todavía para llegar a la junta. Escucho cómo la vieja se lava. Cuando sale parece asombrada de encontrarme todavía. Me ignora y abriendo la puerta principal llama a gritos a sus nietos. Ambos aparecen y me observan sin curiosidad. La vieja los lleva al cuarto desocupado y se encierra dejándome solo. Salgo de ahí. Todavía alcanzo a darme un baño en mi casa. De todos modos la junta no puede empezar sin mí. Tal vez vuelva a las ocho para conocer a la hija.



Texto agregado el 09-05-2007, y leído por 183 visitantes. (8 votos)


Lectores Opinan
2008-02-16 13:11:07 Excelente cuento; el autor de "Maquina de follar", de haber sido del mismo lugar que tú, hubiera tenido que sudar la cerveza para superarlo. stefan
2007-12-28 13:04:15 Este cuento provoca asco, leves erecciones y desilusión. No me gusta pero es bueno. marBin
2007-12-24 18:26:25 Este es un buen texto, realista y jodido, sí precisamente como la realidad, tienes una forma genial de reflejarlo en letras. Blimunda
2007-11-15 16:38:45 Me encanta este cuento, la manera frontal decadente y totalmente cotidiana. Saludos, eres de mis cuenteros preferidos. -Rex- -Rex-
2007-07-10 03:10:47 esto es muy muy bueno. El realismo de la situacion es tan vívido que uno la ve. Se siente asco, asombro, se lee de un tiron y atrapa. te felicito Gourmet
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