La Página de los Cuentos
Tu comunidad de cuentos en Internet
[ Ingresa
|
Regístrate ]
Menu
Home
Noticias
Foro
Mesa Redonda
Eventos
Enlaces
Búsqueda

Cuenteros
Locales
Invitados


Inicio / Cuenteros Locales / Claraluz / Espejos.

 Versión para imprimir  Enviar a un amigo [C:288513]



Andrea parecía una chica del montón. Aquella tarde apuró los minutos del almuerzo para poder visitar a un compañero de trabajo al hospital.
Lo encontró mejor de lo que pensaba y eso le alegró. La recuperación se esperaba corta.
Ya se habían despedido cuando, cansada, arrastraba sus pasos camino del ascensor para bajar al aparcamiento. En un pasillo próximo sonaba música, le era familiar. Si, era Miguel Ríos “a menudo me recuerdas… a alguien…. tu sonrisa la imagino sin miedo…..”
Quiso meterse en la canción y siguió aquella letra que la llevó hasta la habitación 658. Cuando llegó a la puerta, una señora mayor levantó la mirada.
- ¿Quién anda ahí?- dijo-
- Disculpe, perdón - fue lo único que su garganta pudo pronunciar-
- No joven, no se disculpe. ¿Quiere pasar?
- La música me trajo hasta aquí, siento la intromisión.
- No se disculpe más por favor. ¿Ve el sillón de visitas? Puede sentarse en él.
- ¿No le molesta tanta luz?- preguntó a la señora-
- ¿Qué luz?
- La ventana de esta habitación no tiene cortinas y hoy el sol está sonriendo de lleno.
- No vemos la luz pero podemos sentir su calor -respondió-
Sintió vergüenza, no se había percatado de la ceguera de la mujer. Un señor estaba acostado en la cama, apoyaba la cabeza en su brazo derecho mientras escuchaba con atención a la señora que leía un libro. En realidad eran sus dedos los que leían los puntos de braille.
Creo que la anciana se dio cuenta de ese gesto.
- No tenemos muchas visitas -dijo- ¿Qué hace usted en el hospital?
- He venido a ver a un compañero, se acaba de operar de rotura en el menisco. No es grave, se recuperará pronto. -¿Y ustedes?
- Mi nombre es Soledad y él es mi marido, Raúl. Le ha dado una subida de tensión y ya sabe usted cómo son los médicos siempre quieren pecar de prevenidos. Pero nos han comunicado que mañana le darán el alta.
- Me alegro que tampoco sea nada grave. Disculpe, no lo he dicho aún, mi nombre es Andrea.
- Bonito nombre - inquirió el anciano-
- Gracias. ¿Sabe? Su habitación es muy curiosa, diría que es la más luminosa que he visto nunca sobre todo en un hospital. Ya sabe…. todas suelen ser tristes y apagadas.
- Aunque parezca una incongruencia, nuestra estancia siempre está así allá donde vayamos.
La señora se levantó y apiló unos enormes espejos uno al lado del otro. El sol daba de lleno y regalaba destellos de luz de mil colores.
- Me gustaría que vieran lo bonito que es esto –le dijo a la joven- Para nosotros es como un regalo. Gracias a esos destellos podemos ver halos de luz y eso nos llena de fuerza.
Cuando Andrea se acercó al primer espejo sintió algo muy extraño que la paralizó. Creyó notar a su espalda el rugido del tiempo pasado y un estallido de aplausos a su alrededor. Ella, que siempre había sido muy crítica consigo misma y su físico, de repente en aquel espejo vio el rostro de una hermosa mujer, de grandes y bellos ojos, unas alineadas cejas y un noble semblante que terminaba en una dulce sonrisa.
De un salto retrocedió un par de pasos.
-¿Qué le ha pasado, hija? Parece asustada- dijo el anciano-
Es que….. ese espejo…..- dijo casi titubeando-
- ¿Si? Dígame.
- Pues que ha sido muy generoso conmigo.
- No lo creo- dijo la anciana acercándose a ella- Son espejos de la verdad. Me acercaré hasta él para que me veas en él y juzgues por ti misma.
Aquello sorprendió aún más a Andrea. El espejo era fiel al verdadero reflejo de la anciana ¿Por qué con ella lo veía distinto?
Sin pensar en nada avanzó por la habitación y fue directa al segundo espejo. Este tenía un marco muy antiguo, como de oro viejo. El metal empezó a despertar, lanzaba chispas entre ella y unas rocas de una preciosa playa, rompiendo la oscuridad y regalando halos de luz. Ella, que siempre había hecho más caso a sus defectos que a sus virtudes comenzó a equilibrar la balanza. Descubrió un alma sencilla, entrañable y sincera, capaz de conquistar cualquier idea y ablandar los corazones ajenos. Vio su ternura y supo que podría acariciar el alma con ella mientras con su sensibilidad podría llenar muchos huecos vacíos.
- ¿Me permite acariciar su cara? – le dijo la anciana en ese momento-
Andrea asintió con un hilo de voz, aún estaba asimilando el descubriendo.
Soledad palpó los ojos de la joven y vio más allá de ellos.
- Niña, no te sorprendas de lo que ves, siempre has sido así. Eres grande e importante. En ocasiones la gente y la sociedad en general nos colocan capas encima y se van anclando, convirtiéndose en lacras pesadas.
- Pero…. ¿Usted sabe lo que estoy sintiendo?
- Ten por seguro que así es.
Recorrió con la mirada el tercer y último espejo. Muy despacio se acercó hasta él. Cuando estuvo delante, un reflejo le tocó el hombro llamando su atención. Se vio superando los muros de una gran fortaleza sin necesidad de arietes, tan sólo con su inteligencia las puertas se abrían. Los años y la rutina le habían hecho parecer muy pequeña e insignificante y de repente recordó éxitos ya olvidados y vio un futuro prometedor y generoso en los actos.
Se dirigió a la anciana y cogió sus manos.
- ¿Sabe?- le dijo- No me reconozco en esos espejos.
- Pues es usted querida sólo que tenía olvidada su verdad.
- ¿Y ustedes cómo recuerdan la suya?
- Lo pregunta por el hecho de que estamos privados de vista ¿verdad? Verá, no nos hace falta pues con los ojos cerrados se vive igual de bien, o mejor; el olfato se despierta, el gusto se concentra, el oído se agudiza, el tacto se intensifica, la vista se aclara y el gusto se complementa.
Andrea no cabía en sí, parecía una mujer nueva y no podía disimularlo. Habló largo y tendido con aquella pareja tan especial que se habían cruzado en su camino a ritmo de rock. Y hubiera seguido charlando de no ser por la llamada de atención de una enfermera.
“Las visitas se han terminado”.
Prometió volver al día siguiente, luego salió de la clínica pero ya no arrastraba los pies, se sentía pletórica.
Cuando llegó a casa sonaba otra canción “cartas en el sillón….no te conformes con ver el mundo tras el cristal….háblame de tu oscura habitación…..de tus noches sin dormir…..de tu calor.”
Su marido fue a recibirla y la cogió en brazos llevándola a la cocina entre la risa nerviosa de Andrea.
- He preparado tu plato favorito- le dijo-.
Las risas se multiplicaron.
Ella le contó lo ocurrido y comprobó por primera vez en mucho tiempo que sus sentidos se multiplicaban. Calor, como decía la canción, era precisamente lo que se había intensificado en su alma y ahora rebosaba por todos los poros de su cuerpo.
Los dos se sumaron al silencioso respeto con que el alma observaba.
Las velas no iluminaban lo suficiente, pero su voz….ya era la de una mujer, grande e importante, como le había recordado la anciana.


Texto agregado el 10-05-2007, y leído por 157 visitantes. (17 votos)


Lectores Opinan
2008-03-20 16:25:44 Son mágicos tus espejos de la verdad, sorprende lo que son capaces de hacer ver, verdades olvidadas o incluso desfiguradas por las circunstancias. 5*. taber
2007-05-30 16:26:08 Precioso relato.Muchas veces caemos en la trampa de nuestro propio olvido.Saludos. beamf
2007-05-26 19:48:14 Percepción. Perdón. peco
2007-05-26 19:46:24 Un ángulo interesante de tu cuento, Neli, es que un cambio interior, dispara la pecepción de los otros y con hechos. Me place leerte. Felicitaciones. peco
2007-05-25 03:17:49 Será que la mayoria de los seres humanos tenemos esa tendencia a menospreciarnos y no ver lo que en verdad llevamos dentro...?. Sabes tus cuentos llegan siempre en esos momentos en que una más los está necesitando, gracias! NANAI
Ver todos los comentarios...
 
Para escribir comentarios debes ingresar a la Comunidad: Login


[ Privacidad | Términos y Condiciones | Reglamento | Contacto | Equipo | Preguntas Frecuentes | Haz tu aporte!]