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Inicio / Cuenteros Locales / ARZEL / La Oscuridad se Disipa

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La Oscuridad se Disipa

Conforme avanzaban hacia el Zeibhera, los lamentos y los ruidos mecánicos se fueron apagando lentamente, los olores de sangre y carne quemada sustituidos por el fresco y el pasto, con la lejanía los fuegos y las horribles visiones se perdieron tras la llanura.

El viento susurraba insinuaciones de hostilidad viniendo y alejándose con rapidez de los lóbregos viajeros. En el cielo nublado sin estrellas, las nubes giraban con lentitud y se arremolinaban como preludio a una gran tormenta.

Y bajo esta desolación, setenta y tres personas aspiraban encontrar aun una esperanza en un viejo muelle abandonado hacia décadas. Avanzaban silentes y apresurados a través de un camino de grava que se extendía largo hacia el este y después de unos kilómetros doblaba al sur, al Dereien.

Las antorchas que alumbraban acaso dos metros apenas le devolvían color a la tierra y el pasto, luz a un mundo cubierto en el manto negro. Debería haber amanecido hace horas, estaban seguros y sin embargo en el horizonte solo negrura podía percibirse, no había certeza de que ahí hubiese algo. Y de atrás de negras y distantes siluetas de montañas, posiblemente mas allá de los polos del mundo se alcanzaba a mirar una luz blanca extremadamente lejana y de orígenes extraños.

El silbido del viento y el constante traqueteo de la carreta en el camino arrullaban a Langord, quien se veía cansado y afligido. A su lado, Linar observaba el ambiente con detenimiento, se percataba poco a poco de que aunque recorrieron muchos kilómetros, ningún insecto lo molestaba o se escuchaba. Volteaba a su alrededor y veía en ocasiones algunas cabañas abandonadas por sus habitantes. Los corrales y establos abiertos con violencia y abandonados con descuido.

Las horas continuaron y ni un solo conejo, lagartija o ciervo se atravesaron por el sendero, ni siquiera una mosca o libélula, no había nada. En el camino había marcadas cientos de huellas de personas, ruedas y animales, encimadas y entrecruzadas. Todo indicaba una migración masiva, la pregunta era si el peligro del que todos huyeron ya había pasado o era latente.

Pese a todo esto, se sintió alegre al pensar que no todo había sido destruido, que a pesar de el caos provocado por Suldenor de alguna manera quizás esto también seria pasajero, como un incendio o el ardor de una herida.

-Así son estas cosas amigo… - Asintió Langord con los ojos cerrados, como si ya supiera lo que pensaba, su amigo sonrió y dirigió la vista a otros asuntos.

Volteo hacia Asdien y Ae que estaban abrazándose, se habían conocido dentro de la fortaleza durante los días del asedio y se enamoraron profundamente, algo que a Linar le parecía improbable, por no decir imposible. Para el como para muchos, lo único que habían compartido eran dolores y hambre, visiones tan horribles e indescriptibles que destrozaron la mente de muchos y sin embargo lo que fue el ardor y cólera para todos y un fracaso aun para Langord y Linar, era un éxito para ellos dos. Aunque el mundo se estuviese derrumbando bajo esta perpetua noche, se tenían el uno al otro y era lo único que importaba.
No recordaba bien cuando o donde había sentido eso por ultima vez, le era distante ese sentimiento, casi incomprensible. Había pasado tanto tiempo sin poder pensar en ese tipo de cosas, ocupándose siempre en ayudar o salvar a algún “Alguien”, algún “Necesito” que llego a olvidar el por que de lo que hacia, como quien realiza un trabajo ya no por convicción o gozo sino por que debe.

Reflexiono sobre el curso que había tomado su vida, sobre si acaso habría sido mas feliz si hubiese sido un simple campesino o un herrero, conocer una mujer, amarla. Tal vez tener hijos y abrazarlos y creer en algo aunque fuese una mentira, seria mas real quizá, que el vació de su soledad.

Pensó en su vida como algo que paso sin sentido, había respirado, caminado y viajado por todo el mundo, pero nunca lo sintió, jamás encontró un propósito. Hace mas de mil años salio de su hogar en busca de respuestas para comprender el universo y entonces poder disfrutarlo, pero al encontrar esas respuestas el gozo le fue negado. Su código moral y de honor era tan alto que ningún ser podría cumplirlo, ni siquiera el. (Pensaba que Langord era lo mas cercano a ello.) Nadie agradeció nunca nada de lo que hacia y al contrario, su conocimiento y libertad fueron vistos como malos y peligrosos, sus intenciones nunca fueron tomadas en cuenta por aquellos que le temen a la conciencia. El tampoco los entendería nunca, ni podría perdonarlos.

-Cuéntame Linar… - Interrumpió Langord sus pensamientos, como diciendo: “Tendrás tiempo de pensar en eso” -¿Qué hay hacia allá? – Pregunto consternado apuntando con el dedo índice hacia el este. Su compañero no entendió muy bien la pregunta.

-Hacia allá esta Delfios y la magnifica torre Laberinto… ¿Nunca fuiste hacia allá? – Respondió lo mejor que pudo.

-Si… - Dijo y pauso, tratando de recordar por que sabia que había estado ahí, pero no sentía que hubiese sido, aquel recuerdo yacía sepultado en los confines de su mente. –Bueno… no la recuerdo… fue hace tanto… ¿Cómo es? – Quería recordar desesperadamente.

-No estoy seguro, creo que para todos es distinta, no quiero equivocarme y darte una mala percepción. Puedo decir que se ve a varios días de distancia, es inmensa… A través de ella corren ríos y cascadas, también hay pasto. – Describió.

-¡Si! ¡Creo que la recuerdo!, Tiene vida propia. – Sonrió Alegre.

-Si, siempre fue y será hermosa. – Afirmo Linar y ambos miraron hacia allá un largo tiempo, ambos con recuerdos distintos sobre la legendaria Torre.

-Esta ahí… ¿Verdad? – quería reafirmar Langord.

-Así es. – Respondió Linar y no se dijo mas.

Langord finalmente satisfecho se paso a la parte trasera de la carreta y se acostó en un montoncito de musgo donde quedo al cabo de un rato, profundamente dormido. Linar en el frente seguiría con sus meditaciones mientras avanzaban.

Ahora tenia otras cosas en que pensar, todos estos acontecimientos lo habían hecho dudar sobre que es la realidad, sobre que éramos nosotros. A lo largo de su vida había aprendido que el cosmos funcionaba y existía independientemente a la conciencia, pero también su conocimiento arcaico, le mostró caminos para manipular a voluntad la manera en que se comporta el todo. ¿Entonces que era la conciencia? ¿Era tal vez un evento del universo a través del cual se reafirmaba a si mismo? ¿O era la percepción el mismísimo origen de todo?

Con esta clase de pensamientos continuo mientras conducía la carreta, y al cabo de unas horas llegaron al redoble del camino donde había un letrero con varias señalizaciones: Unas al este que señalaban Vadassar, al sur que indicaban la proximidad con una villa de Suldenor y mas adelante el Océano de los Atla. Y al oeste la cercanía con la fortaleza de Rhena Aldae y el reino de Sadak Lurie. Pronto quitaron ese letrero y pusieron una advertencia.

Continuaron su viaje después de esto durante cuatro horas mas, hablaban solo lo necesario y nadie se alejaba de mas. Atravesaron su ultimo obstáculo con facilidad: una villa Sulderiana de nombre “Pasto Verde” y a partir de aquí el viaje fue muy corto, sin distracciones ni contratiempos, al fin habían llegado a los muelles.

Despertó Langord y bajo de la carreta, ordeno a todos seguir, no detenerse y se interno en una pequeña casa desolada. Luego, al salir llamo a Langord y le dijo que lo acompañara hasta un gran árbol encima de una colina.

Al caminar a su lado, Linar se percato de que Langord tenia otras ropas, no las mismas con las que había vestido durante todo el asedio. Estas eran hermosas y blancas como las plumas de un cisne, una larga capa casi luminiscente ondeaba en su espalda y las costuras eran invisibles bajo los hermosos detalles del traje que desde las botas hasta el cuello tenían inscrita toda la historia de Sadak Lurie.

Aunque caminaban por el lodo y bajo la lluvia, estas mismas ropas no se ensuciaban. Era pues, el traje que Selhiador le había regalado muchos años atrás, en la época de los Caballeros de la Luz. Linar tuvo un terrible presentimiento.

-Hemos llegado Linar, como te lo prometí… - dijo y se detuvo al lado del árbol. – Sigue este sendero de piedras, al final veras unas escaleras muy largas que descienden hasta el mar, no pierdas tiempo, aléjate lo mas posible. – Lo miraba a los ojos en todo momento.

-¿Qué pasa Langord? Vamos a llegar juntos a los muelles, ¡Al Dereien! –Exclamo dolorido por la insinuación de Langord.

-Eso me habría gustado Linar, pero no puede ser… –Respondió triste.

-No hables así ahora, ¿Qué sucede? – Pregunto.

-Arzel nos alcanza Linar, esto tiene que acabar aquí. – Dijo Langord y volteo hacia atrás. Seguro de que algo los acosaba.

-¡Que nos alcance! ¡Entonces lo enfrentaremos! – Dijo energico.

-Tiene que ser como te digo o todo habrá sido en vano, yo ya estoy listo, no fallare…

-¡Es mi turno de pelear! – Exclamo llorando y Langord lo sujeto de los hombros.

-Tu turno llegara algún día y deberás estar preparado, hasta entonces vive en paz amigo…

-¿Entonces que sentido tuvo todo esto? ¿Qué conseguimos? – dijo con la mirada baja y decepcionado.

-Enorgullécete Linar, por que hoy todos los que caminan contigo son tus hermanos también, viven gracias a ti, a tu valor y lealtad. – Dijo y lo soltó. Linar tomo todas las fuerzas de su alma y dio media vuelta mientras de sus ojos fluían lágrimas. – Debes irte. – Insistió Langord y el sabia que era cierto, que muy posiblemente Langord era el único capaz de detener a su hermano, y aun así temía. El precio era muy alto. En ese momento se encontraba ante la decisión mas difícil de toda su vida, era increíble que un simple acto como caminar lejos de ahí fuera tan complicado. Más a pesar de su dolor, emprendió la retirada. – Me enseñaste que no todos los hombres son iguales… - Dijo Langord y quedo atrás, con la mano en alto despidiéndose.

Apenas se alejaron un poco, la llovizna comenzó desde ese momento, los vientos se hicieron más fuertes y fríos. Linar quería quedarse y encarar a la muerte una vez mas al lado de su amigo, pero no se atrevería a romper con los deseos de Langord, a faltar a su promesa de cuidar a los sobrevivientes ni a su deber mismo, por eso siguió adelante, por primera vez con esperanza.

Pronto alcanzo a la caravana y sin dar explicaciones fue hasta el frente de la columna y se detuvo un momento. Al verlo venir solo, los demás se detuvieron y escucharon lo que tenia que decir. –Caminen, no se detengan, debemos ir rápido. – Dijo.

-¿A dónde va el señor Langord? – Pregunto uno de los hombres, Linar se limpio la cara sin mirar atrás. Habían llegado a las escaleras.

-Debemos irnos ahora, muy lejos de aquí…- dijo y siguió caminando, no sabia que mas decir y no quería hablar mas.

-¿A dónde ira el señor Langord? – Pregunto Ae, que caminaba a su costado.

-No lo se Ae. – Dijo sin poder mirarla a los ojos al decir eso.

-El es nuestra fortaleza, ¿Qué haremos sin el? – Cuestiono alarmada, entonces Linar volteo a verla y le acaricio el rostro, le causo ternura.

-Su fortaleza esta en ustedes, nunca fue distinto. Ahora deben entender que el no puede venir con nosotros. – Dijo y aunque nadie mas lo escucho, todos los presentes sabían que de poder, se habría quedado hasta el final con su amigo. Linar había llegado ahora a ser tan amado y respetado como Langord, nunca mas entre los supervivientes de Rhena Aldae se referirían a el con desprecio o burla, mas bien al hablar de su nombre habría orgullo y admiración, En su proceder encontrarían siempre un ejemplo a seguir.


En el último tramo que los separaba del mar, los supervivientes de Rhena Aldae bajaron corriendo las escaleras, se tomaban de las manos para no perderse entre la bruma y cuidaban que no hubiera rezagados, ayudaban a los que no podían apresurarse cargándolos a pesar de su cansancio. Ya nada les impediría llegar a los muelles.

Para cuando descendieron, la lluvia ya era mucho mas intensa y helada, la bruma rociaba todo el lugar y enormes olas se estrellaban y salpicaban a chorros sobre la antigua y desolada plaza. Los barriles, costales y otros objetos eran arrastrados por el intenso vendaval, no tardaría mucho en arrastrar a los barcos y hacerlos encallar.

A la vista, las únicas opciones posibles que encontraron eran dos barcos pesqueros, una galera y tres barcazas. De los pesqueros, uno carecía de timón y otra tenia serias averías en el casco, además de ser muy pequeños para transportar a tanta gente, lo mismo que con las barcazas, por lo que la galera fue la opción obvia.

A primera impresión, la galera se imponía como un gigantesco Leviatán que se mecía lenta y perezosamente a pesar de la fuerte corriente. El mástil tan enorme y alargado que se perdía de sus vistas, sentían que llegaba hasta las nubes, sus grandes velas recogidas, lucían sucias, no habían sido usadas en mucho tiempo. Linar tuvo un mal presentimiento acerca de esto.

Las mujeres se adentraron a las habitaciones para supervisar que no hubiera fugas y atender a los heridos, todos los demás arriba, preparaban las velas, levaban anclas y ajustaban detalles. Pero parecía que la mala suerte estaba decidida a perseguirlos esa noche, pues pronto se acerco un hombre a darle malas nuevas a Linar.

- ¡Maestro Linar! – Dijo Asdien y Linar volteo absorto, ¿Cuánto tiempo hacia desde que lo llamaron así por ultima vez? Quizás doscientos años o más. Pero no había tiempo de pensar en eso, tenia que atender otros asuntos, pensó. - ¡El mástil esta fracturado, no resistirá el viaje! – Hablaba a gritos por la ensordecedora lluvia. -¡Quizás debamos esperar a que cese la lluvia y repararlo!


-¡No! Si nos quedamos aquí moriremos… - Respondió y corrieron hasta llegar al lugar en cuestión, Linar lo miraba con indecisión, sabía que de perderlo a la mitad del océano quedarían detenidos sin agua ni alimentos, también sabia que de decirle eso a sus amigos se negarían a partir, como capitán del barco no podía haber duda en sus actos. Lo tanteo un rato y lo observo asintiendo, tenia miedo era verdad, pero ya no había otras alternativas. - ¡Resistirá! ¡Lo prometo! – Le dijo a Asdien y dio la orden de zarpar ya.

-¡Mi señor! – Le dijo atemorizado Asdien al sujetarle un brazo. - ¿Se da cuenta que ningún barco ha zarpado jamás en una tormenta como esta? – Le dijo y Linar se quedo serio un momento y después esbozo una sonrisa.

-¡Haremos leyenda entonces amigo! – Le expresó a sabiendas de que eran pocas sus posibilidades. Con todo y eso, camino lentamente hasta la proa del barco y se postro con los ojos cerrados susurrando palabras inaudibles, los que lo vieron pasar pensaron que estaba rezando, sin sospechar que algo mas ocurría.

En cuanto se dispusieron a marchar, los que fueran aldeanos, guerreros y ahora marinos se sentían afortunados aunque fuera levemente, por que al partir esa vez, en las peores condiciones y en vísperas de lo que seria la tempestad mas grande de todos los tiempos, el viento parecía estar a su favor impulsando con fuerza el gran barco hasta el mar. Linar sentía que solo los conducía a una muerte tardía.

Los marinos volteaban a ver a Linar preguntándose si acaso el tenia algo que ver con eso, pues aunque en toda su odisea nunca vieron cometer algún acto sobrenatural al Erenio, era bien sabido que en su país fue temido y odiado bajo el nombre de “El Señor de la Muerte” por actos inconfesables.

De cualquier manera, lo importante era que el barco se hizo a la mar y ya se encontraban camino al Dereien, Linar creía que había muy poca esperanza. Las horas, poco a poco, se tornaron en un infierno marino.

En esta, la noche mas larga y oscura que había visto el mundo, los cielos estaban inundados de nubes negras y truenos que refulgían rompiendo las tinieblas, el océano se agitaba con todo el poder de su ira mientras la mas fuerte lluvia golpeaba un pequeño barco rumbo al Dereien.

Su Capitán, un guerrero leal y de honor al que lo había desafiado ya demasiados adversarios, desde humanos comunes hasta entes sobrenaturales, había peleado en cientos de batallas y sobrevivido a catástrofes. Ahora un iracundo y devastador océano lo retaba vomitando olas y espuma sobre su cubierta, marea, lluvia y confusión.

Corrió manteniendo el equilibrio por todo el barco dando indicaciones, llego al timón y le ordeno a Asdien que se retirara, el tomaría el mando, sin embargo su segundo en el barco se negó, se quedaría con el hasta el final de la noche. Así mientras la tormenta arreciaba mas y mas, el viento azotaba sus rostros con helado granizo y las olas embestían el navío, Linar el Dasiria se aferraba con todas su fuerzas a no permitir que el timón girara sin control. –¡Resistan solo un poco mas! ¡Pronto terminara! – Gritaba a los que pudieran oírlo, dentro de si rogaba por que fuera verdad.

Y desde la distancia, el mar se levantaba monstruoso en monumentales paredes que devoraban a las olas inferiores, se acercaban y arremetían contra ellos. Los marinos apabullados, atónitos, con cada acometida sentían que seria la ultima.

-¡No nos vencerá! – Gritaba su capitán con los dedos clavados como garfios sobre el timón, su mirada obsesiva, loca por sobrevivir expresaba desafió, sus alaridos un llamado a la esperanza.

Las titánicas olas alzaban a la nave mas de cien metros en tanto los hombres se afanaban a lo que podían para no salir por la borda, los que podían se amarraban de barandales y palos, el barco crujía y bramaba adolorido.

Se montaba sobre las olas y continuaba meciéndose a merced de la marea, los marineros volteaban hacia atrás donde centenares de truenos y relámpagos iluminaban el horizonte, se dieron cuenta que el ojo de la tormenta estaba posado justo donde estaría Langord en ese momento.

-¡Maestro Linar! ¿Qué sucede allá atrás? ¿Puede ver los rayos? - Le grito Asdien que le ayudaba a sostener el enorme timón, pero no recibiría respuesta de su maestro. Bastaba con ver su perfil para darse cuenta que no voltearía hacia atrás aquella noche, para darse cuenta del dolor y arrepentimiento de saber que en ese horizonte caótico, su mas grande amigo estaba solo.

Sin decir mas, enfrentaron una, dos y diez olas mas en el resto de la noche, el mástil trono por ultima vez y salio disparado con la fuerza de una catapulta, perdiéndose en la inmensa bastedad del océano. El que parecía un fuerte y macizo barco, se perfilaba ahora como un diente de león a merced del torbellino. Parecía que aquellos que habían sobrevivido ya a tantas pruebas, habían encontrado por fin su destino en aquel mar. Es cierto que todos los que estaban ahí lo creían, hasta Linar comenzaba a confrontarlo.

-Parece que esta vez moriremos maestro… - Le dijo Asdien al erguirse en el horizonte la mas grande de las olas que aplastaría el barco como una mano a una hormiga.

-¡No! ¡No nos rendiremos Asdien!, ¡Sobreviviremos! – Grito mirando al fondo un muro de agua, quizá ya había perdido la razón.

Apretó sus dientes y se aferro al mando con su vida, sus músculos se inflaron y sus venas exaltaron, estaba totalmente determinado a vencer ese golpe. - ¡Escucha Asdien! ¡La ola embestirá al barco elevándonos hasta su superficie o estrellándonos en el fondo del mar! ¡Tenemos que hacer que nos alce!- Grito feroz.

-¿Cómo? – Pregunto Asdien, el aire de por si ya frío descendió aun mas.

-¡Al estar en el centro de ella nos inclinara hasta volcarnos si el timón permanece rigido, no podemos permitir que nos incline mas de noventa grados! ¡Si lo hacemos después de eso nos volcaremos! – Gritaba.

-¿Y si lo hacemos antes?

-¡Nos aplastara entonces!

-¡Entiendo! – Grito Asdien y acato las ordenes de su capitán. Sabiendo que era una muerte casi segura. La ola se veía como una escalera de agua hasta donde nacen los truenos, parecía imposible superarla.

-¡Aquí viene! – Anuncio Linar y la nave ascendió como impulsada por un elevador hasta el centro de la ola, se inclinaba rápidamente mientras mas subían. -¡Cuando te de la orden, suelta el timón! – Grito eufórico y esperando no equivocarse. Asdien pensaba que de existir, los dioses tal vez los ayudarían.

Sesenta, setenta, ochenta y ochenta y cinco grados se inclino el barco, estaba a punto de llegar al límite. -¡Suéltalo ahora! – grito y en ese momento el timón giro frenético y violento mientras ellos se aferraban a lo que podían.

El barco fue literalmente devorado por la cresta y todos los pasajeros sintieron el helado, cruel toque de la muerte que los reclamaba, pero contra toda posibilidad, lejos incluso de la lógica pensable, el barco se elevo y atravesó la ola.
Hasta Linar no podía concebir ese merito, el barco escurrió a chorros agua salada y se tambaleo mucho, pero seguía en la superficie. ¿Había alguna posibilidad para un pequeño barco en aquella tormenta?

Si la galera se perdía en el abismo del océano, ¿A quien le importaría? ¿Quién se preocuparía o percataría siquiera del destino de setenta y tres proscritos? Esos eran los pensamientos del capitán, que al ver caído de cansancio a su segundo y saber que la tempestad no estaba ni cerca de terminar, pensaba que esta era una muerte mejor de la que esperaba, y estaba agradecido.

Fue después de esto, que desde atrás, ya a cientos de kilómetros de distancia, una luz tan grande como el sol se impacto sobre donde estaría Langord, tan breve como los demás rayos y sin embargo mortífera. Linar sabia que algo había sucedido, algo grave.

-¿Has muerto Langord?... – Dijo y su vista se torno hacia el frente, se sentía derrotado.

No podía pensar mas en eso, a decir verdad ya no podía pensar en nada, sus músculos adoloridos, entumidos y acalambrados ya no respondían a sus ordenes, su mente confundida , cansada y harta no discernía bien la realidad, su alma dolida, casi muerta pedía el descanso final.

Ya nadie estaba de pie, los que no había caído rendidos por la tormenta ya estaban resignados a perecer en este barco. Desde hace mucho tiempo ya se sentían muertos, y sinceramente, ya no parecía tan malo.

-Ya no puedo mas… - Dijo Linar en voz baja mirando al cielo, que de no ser por la lamentable circunstancia en la que se encontraban, seria un bello paisaje para admirar, una de las cosas mas bellas que hubiera visto. Eso pensó Linar por ultima vez antes de soltar el timón y dejarse caer sobre la cubierta.

El paisaje iba inclinándose mientras caía, el océano se extendía enfrente de el, infinito y poderoso. Y aunque le pareció que caía lentamente, en realidad el choque contra las maderas de la cubierta fue violento, vio un pequeño charco de sangre que se diluía con la lluvia y luego solo vació. Desapareció el cansancio, desapareció el dolor y la tristeza.

Las imágenes de un pequeño niño arrojando piedras a un lago de pronto abarcaron todo el universo, resonando en cada roca de las montañas, en cada gota del mar y pétalos de una rosa, en cada planeta y estrella, aun en el vació. Existiendo para siempre…

¿Fue ella real? En un momento lo fue todo, al otro momento había desaparecido. Su imagen, ahora menos que un recuerdo, le daba sentido a todo lo que es…

Luego la sangre, la pena, el ardor…

¿Valió la pena todo esto? Habían sucedido ya tantas cosas, tan malas, tan irreparables.

¿El universo era así? Reverbero en el vació esta pregunta…

Nadie respondió.


Al intentar abrir los ojos, tuvo que entrecerrarlos y restregárselos, la luz era muy intensa, el sol lo bañaba por completo ahí tirado en la cubierta. El agua salada se picaba en sus heridas y cicatrices, se toco la cabeza y sintió una gran contusión que punzaba agudamente.

El mecer del barco era suave pero se sentía que avanzaba, arriba en el cielo no había mas truenos o lluvia, ni una sola nube que tapara la vista. Había una brisa calida y tranquilizante. Parecía que nunca pasara una tormenta en aquel pacifico mar.

Se incorporo con dificultad estando aun aturdido y con dolor muscular, de inmediato su mente trato de reconstruir los hechos y atender los asuntos que fueran urgentes. ¿Dónde estaban todos? Se pregunto al ver que no había nadie en cubierta de proa a popa. ¿Había sido el único sobreviviente? Pensaba. Todo estaba tan callado.

De pronto salio de una de las puertas Asdien, su segundo, corriendo apresurado hasta la proa, lucia cansado pero con algún apuro. Linar lo detuvo, estuvo callado unos momentos pensando en que decir.

-Es bueno verlo despierto maestro. – Menciono su segundo.

-¿Qué sucedió Asdien? - Pregunto con esfuerzo, la garganta le quemaba por el agua salada.

-Bueno… - Dijo Asdien sonriendo – Sobrevivimos señor, eso paso.

-¿Dónde están todos? – Temió de la respuesta.

-Remando Maestro, ¡Tierra a la vista! – Dijo a carcajadas, señalo hacia el sur y ya se distinguía la playa y los riscos, el Dereien estaba a muy pocos kilómetros. –Nosotros nos encargaremos, usted descanse. – Dijo y se adentro de nuevo a los camarotes.

Durante todo el trayecto hasta llegar a la playa Linar se quedo quieto y callado mirando lo verde de los árboles del Dereien, a las olas rompiéndose en las rocas de la costa, el sonido de las gaviotas surcando el cielo. No sabia que sentir, no esperaba volver a hacerlo.

Era muy pronto para alegrarse por estar vivo. Ya no podía estar mas tiempo triste o desesperado, seria un absurdo. Había algo más en esta ocasión, tal vez la lluvia había lavado todos esos sentimientos, tal vez la tempestad de su existencia había cesado. La calma reinaba al menos por un momento en su alma.

Bajaron los botes y comenzaron a remar hasta la arena, Linar estaba sentado y pensativo. Los demás, impacientes y demasiado alegres para contenerse brincaron a las aguas antes de que la primer lancha llegara, jugaban con el agua y se acostaban en la arena.

Esa tarde se ocuparon de recolectar leña y prender una fogata, otros salieron a cazar mientras se improvisaban mesas y sillas, esa noche habría una gran fiesta. Sacaron algunos instrumentos musicales que encontraron en el barco, sabanas y herramientas para comenzar a construir casas.

Durante la noche hubo celebración y alegría, se hizo un banquete y todos bailaban. Pero Linar se quedo sentado en un tronco observando y reflexionando, pensaba en Langord. ¿Qué había sido de el?

Lo que siguió después pasó muy rápido para todos. Comenzaron un proceso de adaptación para vivir en lo que seria su nuevo hogar, en las semanas siguientes levantaron casas, domesticaron caballos y construyeron un molino, muy pronto todo lucia como un verdadero pueblo, al que llamaron Desaia. (Después de la lluvia)

Linar siguió visitando la playa durante algún tiempo, unas veces esperaba ver a Langord regresando en una barcaza después de su fatídico viaje, otras veces en cambio, creía ver la figura de Arzel que venia en busca del Corazón de los Sueños. El puro pensamiento lo inquietaba demasiado. Apretaba su espada con fuerza.

El tiempo paso y Linar dejo de visitar aquellas playas, la esperanza de ver regresar a Langord se desvaneció tristemente, el miedo de ver a su hermano se hizo menos abrumador al pasar los meses. Trato de rehacer su vida, tranquila y feliz.


Sin embargo en algunas noches, cuando todo quedaba callado y tenia solo a sus pensamientos, no dejaba de pensar que aun había peligro, que quizá ya estaba en camino.

Una de esas noches, se soñó de nuevo en Rhena Aldae, los cuerpos de sus amigos tirados en los campos de batalla, el hedor de la podredumbre y las aberraciones de la mente creadas por Selhiador. El Horror, la Bestialidad…

Despertó sudando y con el corazón agitado, sintió con sus manos sus ropas que ya no estaba empapadas de sangre ni olían a sudor, estaba secas y limpias, es seguía acostado en la cama de su nueva casa, la luz de las dos lunas se filtraba por la ventana, que tenia largas y finas cortinas blancas que se agitaba con la brisa. Solo el sonido de los grillos irrumpía la calma.

Se levanto urgido por ir a la playa, tan apresurado que olvido ponerse sus botas y sombrero, solo con su capa y su espada. Corrió descalzo cubierto con la capucha esperando no despertar a nadie, el amanecer ya estaba cerca, no podría estar en paz hasta ver de nuevo el océano. No sabia que alguien mas lo observaba y lo seguía.

Llego hasta cerca de la resaca y se sentó en una de las frías rocas que ahí había, se abrigo con su capa y pensaba solo, o eso creía.

-¿Puedo sentarme contigo? – Dijo una voz y Linar volteo sorprendido, era su amiga Ae, lucia triste también.

-Si… - Dijo después de un breve lapso, ella se sentó a su lado y guardo silencio mientras miraban al mar.

-Gracias. No he podido dormir bien estos últimos días, ha sido difícil… - Pauso y trago saliva. – Después de lo que paso… - Linar asintió dándole la razón.

-Escuche que pronto te casaras con Asdien. – Menciono.

-Así es… - Esbozo una sonrisa. – Lo amo… - Dijo.

-Me alegro por ustedes. – Dijo, hubo un rato de silencio. Ae quería decir muchas cosas, no sabia por donde empezar.

-Gracias… - Dijo y tomo su mano. – Gracias por todo. – Sus ojos se humedecieron.

-De nada. – Respondió Linar y quedaron viendo un rato mas el horizonte, el sol se levantaba grandioso sobre el mar, las gaviotas comenzaba a graznar y la oscuridad se desvanecía dando paso a la luz. Fue cuando Ae tomo valor para hacer una pregunta que había quedado sin respuesta mucho tiempo, era ineludible ahora, los dos sabían que tenia que llegar.

-¿Qué sucedió esa noche con el maestro Langord? – Pregunto y Linar sintió de lleno el golpe de la pregunta. Fijo su mirada al cielo y no dijo nada durante un tiempo, tanteaba con los dedos el Corazón de los Sueños tratando te cobrar valor, las palabras no salían de su garganta, las explicaciones ahogadas en un abismo de sentimientos. -¿Maestro Linar? –Insistió ella con aparente crueldad, pero no lo era, la respuesta a esa pregunta tenia que llegar, o jamás volvería, ninguno de los dos a ver un amanecer en paz.

-El… -Dijo y se cubrió la boca con la mano conteniéndose, su rostro bañado en lágrimas reflejaba la complejidad de su conflicto. – El peleo aquella noche como ningún otro héroe había peleado antes, contra toda posibilidad y creencia su lucha fue por nosotros, aun por sus rivales y enemigos, aun a pesar de el mismo.

“Y aunque hubo al final de la fatídica batalla gran melancolía, dolor e incluso odio, todo fue para bien el lo sabia, y le pidió al Corazón de los Sueños que estaba en ese momento en su mano, un ultimo deseo. Tan grande y magnifico que desvanecio toda oscuridad pasada.

Un breve momento de dolor y después solo vació, creyó que fue el fin pero fue un nuevo comienzo.

Al intentar abrir los ojos, tuvo que entrecerrarlos y restregárselos, la luz era muy intensa, el sol lo bañaba por completo tirado ahí en la cubierta. Sintió sus ropas que ya no estaba empapadas de sangre ni olían a muerte, estaban secas y limpias. Tan blancas como las plumas de un cisne.

Se levanto y se dio cuenta que ya no se sentía cansado ni tenia la mortal herida que le provoco su hermano, el mecer del barco era suave pero se sentía que avanzaba, arriba en el cielo no había mas truenos o lluvia, ni una sola nube que tapara la vista. Había una brisa calida y tranquilizante. Parecía que nunca pasara una tormenta en aquel pacifico mar.

Le tomo todo el trayecto reconocernos por nuestros nombres, casi como si no supiera que ya nos conocía, pero sabia que éramos amigos. Se sentó a mi lado mientras el bote se acercaba a la playa, no quería que estuviera triste, aun así guardo silencio.

Un parpadeo y ya estaba en otro lugar y otro tiempo, había una gran fiesta en la que nos veía bailando y bebiendo, nos acompañaba y reía, recordando poco a poco quienes éramos. Seguía viéndome preguntándose el por que de mi tristeza. Quería quedarse a festejar con nosotros.

Es ahí cuando mas sonoro que la música y las risas, escucho una voz que reconoció de inmediato, tan hermosa como los cantos y tranquilizante como el mar. “No lo hagas” dijo la voz cuando quiso tocar mi hombro para consolarme. “Ya no perteneces aquí” le advirtió dulcemente y el volteo de un lado a otro hasta encontrarla, ahí estaba ella.

No necesitaba siquiera recordar su nombre, su alma desde el primer momento que la vio en vida quedo impregnada de sus ojos azules, su hermosa piel blanca y suave, sus cabellos rubios y lacios, la majestuosidad de su espíritu.

Corrió desesperado conteniendo todas sus emociones como lo había tenido que hacer durante muchísimo tiempo, su corazón palpitaba y su mente olvido por un instante todo lo que había pasado antes. Quería llegar eso era todo.

Y al llegar a ella se hincó y la abrazo de la cintura con todas sus fuerzas estallando en llanto, desahogando su dolor, su tristeza, su frustración reprimida. Ya todo estaría bien, en aquel llanto se irían todos los amargos recuerdos de su alma cansada.

Para Langord la pesadilla al fin había terminado…”


Texto agregado el 11-05-2007, y leído por 158 visitantes. (9 votos)


Lectores Opinan
2008-10-02 21:20:43 Aquí hazme un resumen del cuentico y de los comentarios. Ni en pedo leo todo eso. Mándalo a mi email: mipollasuda@golfafacil.net mente_ranch era
2007-11-29 01:56:12 Mmm la verdad el principio del cápitulo me hizo pararme de la silla e ir por unas galletas y ver el discovery channel. Las descripciones son tan seguidas y desde difirentes vistas que la verdad me confundí demasiado no sé como le habran hecho los demás o si simplemente leyeron como cuando lees una noticia en un periódico que lo primero si lo lees lo lees de seguido hasta que llegas al acontecimiento sangriento y morboso que es lo que te interesa, luego le terminaré de leer, si te critico fuertemente es por que la literatura epica-fantástica es de mi predilecta y la verdad me ofende que un "cualqueira" se tome el trabajo de hacerlo, no es un hobby ni mucho menos eso es de corazón que se hace sacrificando gustos y demás para hacer de algo imaginario una realidad infinita de letras y colores, así que no te ofendas mucho pero así seré. The_Forsaken< /a>
2007-11-05 16:40:00 Pero que magnífica historia. Realmente fue fascinante leer cada una de tus palabras. 5* kone
2007-10-28 01:10:50 ahhh, definitivamente tus textos son mucho mejores que tus foros. un admirador obtusus
2007-08-18 09:46:58 haaaa porke el final? No pude dejar de imaginarme a George Clooney en el timón del barco. Es bueno, la pasión de los personaje surge por doquier, aunque de inicio lento (Pero como toda gran historia) de final atrayente y glorioso. Es crucial que no dejes personajes a la deriva, aunque salgan otros dos tomos XD, definitivamente tienes madera de Escritor amigo mio, no la desperdicies y tampoco te des por vencido. Y ponte a leer zokete! El_Magnifi co_ZX
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