Tarea de todo poeta
Es tarea de todo poeta ser igual de valiente que el más valiente surfista.
No se puede pretender retratar lo más bello, lo más extraño, lo más chocante desde la superficie de las emociones. Es necesario subirse al mar de estos sentimientos peligrosos y asombrosos que todos llevan adentro. Tomar la tabla y salir a buscar algo, sin saber qué se busca.
Muchas veces, todos los días, subo a las olas más altas, porque son las que despiertan adrenalina y generan ideas únicas. Pero siempre tienen algo de peligro estos viajes, porque si uno no mantiene el control de sí mismo, se cae al fondo del mar.
En esa parte, se encuentran cosas interesantes, pero también es un lugar adictivo, del que conviene salir rápido.
Más allá, en ciertas costas, en playas escondidas, hay rincones más tranquilos. Si uno se cansó de luchar contra las corrientes, puede sentarse un momento a disfrutar del sol y de la paz, y darse cuenta que muchas emociones se viven mejor en cámara lenta.
Después de terminado el viaje, es mejor sentarse y tratar de fotografiarlo en palabras, y dejarlo guardado en los ojos, para que todo el que los mire fijamente vea en ellos el recuerdo de mil sentimientos encontrados. |