Maquilla las ganas de amar con polvo y su miedo escénico cohíbe el instinto más feroz.
El deseo por las rendijas de la noche, los poros brotando hasta en invierno, empapando camisas rojas de tantos jueves
El celo apocalíptico como evidencia de muerte y resurección, rezos a los vivos para vivir entre los muertos.
Pieles de seda en efímera erosión como volcán.
Noches que ni el diablo podría haber sido capaz de inventar con tanta perfección. |