La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net - valens - 'Todos los gatos.'
Todos los gatos.
Todos los días, a las seis de la mañana, salía de su pieza, miraba a los mismos vecinos haciendo las mismas cosas antes de irse a la misma oficina a hacer el mismo trabajo de todos los días, en que a las seis de la mañana, salía de su pieza, miraba a los mismos vecinos haciendo las mismas cosas antes de irse a la misma oficina a hacer el mismo trabajo de todos los días, en que a las seis de la mañana, salía de su pieza, miraba a los mismos vecinos haciendo las mismas cosas antes de irse a la misma oficina a hacer el mismo trabajo de todos los días, en que a las seis de la mañana, salía de su pieza, miraba a los mismos vecinos haciendo las mismas cosas antes de irse a la misma oficina a hacer el mismo trabajo de todos los días, en que a las seis de la mañana...
Ya por la noche, volvía a su casa veía a los mismos vecinos llegando de los mismos lugares y entrando a sus mismas piezas, entonces entraba a la suya y se dormía plácidamente antes de que llegara la hora en que salía de su pieza, miraba a los mismos vecinos haciendo las mismas cosas antes de irse a la misma oficina a hacer el mismo trabajo de todos los días, ya por la noche, volvía a su casa veía a los mismos vecinos llegando de los mismos lugares y entrando a sus mismas piezas, entonces entraba a la suya y se dormía plácidamente hasta que llegara la hora de (hasta que llegara la hora)...
Esa mañana, a las seis en punto, salió de su pieza, miró a los mismos vecinos hacer las mismas cosas de siempre y, de pronto, junto al rellano de una puerta, tirada, indefensa, una gata lo miraba fijamente con ojos de amatista que parecían traspasarlo y mirar todo lo que hubiera de profundo en él. Sin inmutarse más de lo necesario, siguió su camino a la misma oficina a hacer el mismo trabajo de todos los días, ya por la noche, volvió a su casa y vio a los mismos vecinos (y a la misma gata) llegando de los mismos lugares y entrando a sus mismas piezas y, sin comprenderlo del todo, se alegró al notar que la gata seguía en el mismo lugar donde la había dejado en la mañana, entonces entró él a su pieza y se durmió plácidamente pensando en la misma gata que había visto en la mañana antes de irse a ...
A la mañana siguiente, a las seis de la mañana, salió de su pieza y miró a los mismos vecinos, la misma gata haciendo las mismas cosas y tirada en el mismo lugar antes de irse a la misma oficina a hacer el mismo trabajo y pensar en la misma gata y sentir ternura y simpatía por ella. Ya por la noche, volvió a su casa y vio que alguien le había puesto un plato con leche a la gata. A la mañana siguiente, un frazada cubría a la misma gata, luego en la noche había un plato con atún aparte de la frazada y la leche. Así lenta, paulatinamente, la gata fue comenzando a formar parte de la misma vida de la misma gente que se acostumbró a verla siempre en el mismo rellano de la misma puerta.
Pasaron los días (los mismos días) y comenzó a hacerse notorio que la gata estaba encinta, pasaron los meses y aquello estalló. Qué hacerle.
A la mañana siguiente, a las seis de la mañana, salió de su pieza y miró a los mismos vecinos y a la mis...
A la mañana siguiente, a las seis de la mañana, salió de su pieza y miró todo a su alrededor lleno de pequeños gatos, vástagos de la misma gata de todos los días, estaban en cada rellano de cada puerta, en los pasillos, en las macetas, en las esquinas, era imposible pisar algún lugar sin toparse con los gatos. Siguió su camino a la misma oficina y todo lo demás...
Contrario a la simpatía inicial, un sentimiento hostil fue creciendo en él con respecto a los gatos, que parecían tener maravillados a todos los vecinos, quienes los alimentaban, los mimaban y se pasaban las tardes enteras comentando lo-adorables-que-eran. Él comenzaba a verlos como una especie de plaga, que en cualquier momento podía crecer más y más hasta inundar todo y que no hubiera un solo rincón sin gatos. Cada que intentaba decirle a algún vecino que debían llamar a Control de Animales, era fuertemente criticado y señalado de insensible; unas semanas después, cuando la gata se volvió a preñar, se suscitó una violenta discusión entre todos los vecinos y él, quien contaba sólo con el apoyo del vecino del tres; pese a todos sus intentos por deshacerse de ella, no logró echar ni a la gata ni a sus crías.
Cierto día, al salir en la mañana de su pieza, miró al vecino del tres ahuyentar con una escoba a un gato que escalaba por su ventana y repartir golpes de escoba a diestra y siniestra. Fue el momento en que se dijo basta. Esa misma noche volvió a su casa con la firme intención de llamar a control de animales; al llegar notó que todos los autos tenían las llantas reventadas, al intentar llamar por teléfono, el aparato no daba línea. Revisó los cables y notó que habían sido roídos, a día siguiente tomaría medidas, mientras, la cama.
Al salir de su pieza (por la mañana), todos los gatos lo miraron fijamente como hombre que va a llevar a cabo una traición y no lo perdieron de vista hasta que dobló en la esquina con rumbo a su mismo trabajo. Su mismo trabajo había dejado de ser el mismo desde la aparición de los gatos, no podía trabajar, no podía pensar en nada que no fuese felino. Al salir de la oficina, se dirigió a Control de Animales y relató lo sucedido, le informaron que alguien iría en las próximas cuarenta y ocho horas. Volvió a casa satisfecho y descubrió con extrañeza que ya no se veía ningún gato, los pasillos, las macetas, los rellanos, todo había recuperado su calma habitual y no había un solo signo felino por algún lado.
Así, saboreando su victoria, llegó a su pieza e intentó abrir la puerta; la llave no giraba, no funcionaba, alguien había puesto la falleba desde adentro y había cambiado el cerrojo, la llave se rompió al tercer intento de girarla. Al no obtener éxito, fue a la ventana a asomarse para descubrir (en el interior de su pieza) a una manada de gatos en su sillón, sobre su piano, en la mesa y por toda la casa. De pronto, una gato salió y lo corrió a escobazos de la ventana de la casa...
Volteó a la puerta del tres y distinguió a su vecino tirado, acurrucándose del frío, en el rellano de la puerta, no era el único. Poco después, todos los vecinos habían sido desalojados.
Cuarenta y ocho horas después, Control de Animales tomó cartas en el asunto.
A la mañana siguiente, a las seis de la mañana, salió de su jaula en el refugio de animales y miró a los mismos vecinos, haciendo las mismas cosas antes de irse a la misma oficina a hacer el mismo trabajo de todos los días, ya por la noche, volvió al refugio y vio a los mismos vecinos llegando de los mismos lugares y entrando a sus mismas jaulas, entonces entró él a la suya y se durmió plácidamente hasta que llegara la hora de salir de su jaula en el refugio de animales y mirar a los mismos vecinos, haciendo las mismas cosas antes de irse a la misma oficina a hacer el mismo trabajo de todos los días, ya por la noche, volvía al refugio y veía a los mismos vecinos llegando de los mismos lugares y entrando a sus mismas jaulas, entonces entraba él a la suya y se dormía plácidamente hasta que llegara la hora de...
Texto de valens agregado el 01-06-2007. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net
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