Un numeroso grupo de personas se encontraba arrojando monedas a una bella fuente, donde brotaba agua cristalina. Se decía que, moneda que fuese allí introducida concedía el deseo a la persona.
El Rabí se encontraba caminando por el lugar y preguntó a las personas:
- ¿Qué hacen?
- ¡Oh, maestro! – Dijo uno de los presentes-, esta fuente es muy conocida; concede los deseos de quienes depositan una moneda en ella.
- ¡Ah! – y procedió el Rabí a depositar su moneda, la cual arrojo con todo un ritual cómico que insinuaba no errar el tiro.
- ¡Miren, el maestro cree en la suerte, pide también un deseo de su corazón!-exclamó una mujer emocionada.
El sabio respiró tranquilo y apartó su mirada de la fuente hacia el cielo.
- ¡Cierto! ¿Pidió usted un deseo al igual que nosotros, maestro?- preguntó un anciano.
- ¡Por supuesto! ¡Cuando nadie más venga a esta fuente conocerán todos cual fue mi deseo!
En ese momento cada cual tomó su camino, incluido el mismo Rabí.
Existe el comentario de que allí donde antes hubo una fuente, un proyecto de urbanización se erigió, y en su justo lugar, hoy existe un supermercado donde venden alimentos a los más necesitados a un precio muy ínfimo. Buena suerte.
|