Del libro Cuentos al margen editado en enero de 2006.
El desorden en la habitación creaba una estética agradable, como si cada elemento en el lugar equivocado y las prendas desparramadas por el piso, tuviesen asignado ese territorio en su particular concepción del mundo. En la casa de Nancy y Augusto las cosas parecían poseer el dominio absoluto de la situación, desplazando a las personas a un segundo plano. Pero las circunstancias que producían ese desconcierto no le iban en saga a las necesidades que lo promovían y a los seres humanos que, terminaban sobrellevándolo.
Las moscas revoloteaban pegajosas en la calurosa mañana porteña y Augusto intentaba pajearse sobre el cuerpo desnudo de Nancy, pero el suspiro exánime del ventilador desvencijado lo desconcentraba, le quitaba vigor a su miembro, tornando imposible la tarea.
-¿Qué significa pajearse, papi? Fernando dejó de escribir ante la pregunta de su hija, que se había acercado con sigilo y apoyaba la carita sobre su hombro.
-¿Qué hacés acá? Se supone que deberías estar en la cama.
-Tenía miedo y me levanté ¿Qué significa pajearse, papi?
-Además ya habíamos acordado que no debías leer lo que escribo en la pantalla del monitor.
-Ya sé, papi, no te enojes ¿Qué significa pajearse?
-Masturbarse.
-¿Y masturbarse?
-Tocarse uno mismo las partes pudendas.
-¿Y pudendas?
-Mirá mi amor, cuando llegue la tía Elvira te lo va a explicar mejor que yo, ahora andá a la cama que papi tiene que entregar este trabajo mañana sin falta, o mis jefes se van a enojar.
-¿Es un cuento?
-Sí, es un cuento y si no lo termino a tiempo, en lugar de pagarme por el me lo van a descontar del sueldo.
-¿Termina bién?
-Sí, creo que sí.
-¿No estás seguro, papi? Mirá que mami se enoja cuando los cuentos terminan mal.
-Éste va a terminar bien, andá a la cama bebita.
Alguien preguntó a los gritos desde la puerta.
-¿Qué mierda tienen escondido ahí adentro?
Augusto oyó como la persona que lo hizo se alejaba rápidamente hacia la esquina
¿Se habrá dado cuenta de lo ocurrido con Nancy?
No tuvo más alternativa que reconocer el insoportable olor que impregnaba el interior de la casa, y que para algunos podría resultar desagradable. Buscó una botella con desodorante de ambiente, que sabía en algún lugar, y la encontró en la heladera ¡Esa esposa suya!
Nancy, como en los últimos diez días, seguía en la cama y él en algún momento llegó a
preguntarse ¿Cuánto alprazolan podía soportar una persona en su estómago antes de morirse?
Esta vez Fernando oyó cuando Marisol intentaba abrir la puerta de su habitación.
-¿Ahora qué querés? mi chiquitita.
-Tengo miedo papi ¿Cuándo llega mami?
-No sé, y no tengo idea, pero espero que sea pronto.
-¿Y cuándo va a volver?
-No sé mi amor, de verdad, mejor acostate y dejá abierta la puerta de la habitación, que en cuanto termine voy con vos un ratito.
Augusto decidió penetrar a Nancy que desnuda en la cama y con unos kilos menos, se veía sexualmente tentadora. Tardó un rato en eyacular debido a la rigidez de la muchacha, pero cuando lo hizo sintió un placer nunca antes experimentado, creyó que su miembro se derretiría en la cavernosa vagina de su amada.
Luego fue hasta el cuartito del fondo y volvió con un bidón lleno con kerosén, arrojó el contenido sobre la cama y empapó el cadáver con minuciosa paciencia. Masajeó a su amada por última vez, se acostó a su lado y se echó encima el resto de combustible que quedaba en el recipiente.
Sacó su encendedor del bolsillo.
Uno, dos, tres intentos y el maldito aparato chino se desarmó. Buscó un fósforo por toda la casa sin suerte. Tuvo que salir en muy malas condiciones a la calle, y bañado en kerosén, para comprar fósforos en el kiosco de la esquina. Claro, no podía ser de otra manera, estaba cerrado. Volvió a su casa y se convenció de que alguien fuera de este mundo, con un poder sobrenatural, intentaba frenar una locura. Se acostó nuevamente al lado del cadáver y se quedó profundamente dormido.
-No puedo más, es imposible continuar con este cuento- Apagó la máquina, luego el monitor y se dirigió presuroso hacia la habitación de su hija.
-Acostate a mi lado papi, tengo miedo.
-Ahora no puedo mi amor, tengo que ir a revisar que las puertas estén cerradas y luego iré a acostarme, pero me quedo un ratito charlando con vos.
-Hay mosquitos, y me están picando.
-¿Qué problema no? ¿Y ahora que hacemos? Por aquí debe haber un espiral- dijo Fernando mientras revisaba la mesa de luz de su hija y agregó –Por suerte encontré un pedazito, voy a buscar fósforos.
-Yo tengo en el cofrecito, papi, se los robé a mami el día de mi cumpleaños ¿Te acordás que lindo fue mi cumpleaños?- dijo Marisol en medio de risitas.
-Claro que me acuerdo, mi amor. Bueno, solucionado el problema, se acabaron los mosquitos. Dejo la radio encendida para que no te aburras y me voy a mi habitación. No te olvides que en un rato viene a buscarte la tía Elvira ¿Te quedás sola mientras papi va a descansar? ¿Está bien?
-Está bien, papi.
-No te preocupes por nada, decile que necesito reponerme del trabajo excesivo que tuve durante la semana y que mañana, a primera hora, la llamo a su casa.
Fernando subió a su habitación y cerró la puerta con llave, luego se acostó al lado del cadáver de su esposa, con los fósforos en la mano. Solo tenía que esperar la llegada de la tía Elvira.
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