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Inicio / Cuenteros Locales / peco / Prudente Decisión

 Versión para imprimir  Enviar a un amigo [C:295142]

Llamé a Gaspar para verificar si había cumplido con la sugerencia mía de que visitara a Chana y Rafo. Cuando reconoció mi voz en el audífono y sin necesidad de que elaborara un interrogatorio, me dijo: ¡muchacho, si te contara!. Y me contó.

Durante la adolescencia y en nuestro pueblo, Gaspar Grullón y Yo, llegamos a construir una hermosa amistad. La casualidad nos ofreció como escenario, la plaza central. Era el espacio de dos manzanas poblado por gigantescos árboles, algunos exóticos, entre los cuales habían pasillos y en sus bordes, viejos bancos de hierro. Allí, sentados, bordábamos sueños y tratábamos de descifrar un porvenir que contradijera nuestro presente.

Como empujados por un poder mimético, caímos en el vicio de fumar. Pero de donde tela si no había arañas. La adquisición de una cajetilla rayaba en lo imposible, así, que nos costaba esperar quince largos días por la llegada de un propagandista, ubicarle, adivinar su nombre y montarle una guardia en el lugar que se hospedase. Luego, al irse, porque nunca lo hacían a la llegada, emprender veloz carrera tras su coche y vocearle el disminutivo de su apelativo y si a éste le nacía el deseo, nos soltaba lo que sería el paliativo de nuestras ansias.

Después, cada bocanada, la valorábamos como el trofeo ganado a buena lid, en una competencia de docientos, o más, metros planos. No pasó mucho tiempo, para que lo referido fuera parte del pasado y que los estudios forzaran un desplazamiento a la capital. Yo fuí a dar a la sección Este de aquella urbe, ‘aterrizando’ en el hogar de un tío que cuando era un niño, prometió suplirme esas necesidades, mientras, Gaspar se colocó en la parte Oeste como pensionista. Ambos, entonces, entramos en otra etapa de carencias. Yo tenía el calor familiar sin las comidas y él los alimentos sin éste.

Por eso, busqué un suplente excepcional. Y lo encontré en casa de Rafo y Chana. Aquella pareja de estudiantes disfrutaba de un aparente matrimonio estable, donde las veladas eran interminables y muchos caíamos con la soterrada intención de templarnos las barrigas. Rafo era de mi barrio, allá en nuestro particular terruño y Chana también. Además, coincidíamos en la matriculación, cosa que brindaba el subterfugio para que juntos repasáramos materias, actividad que siempre terminaba en festín. Quise incorporar a mi amigo y me atreví a darle sus coordenadas.

El me contó que cuando llegó a aquella casa la encontró vacía y que alertado por un escándalo a media cuadra de distancia, se dirigió hasta allá y que se animó a preguntar quienes eran esos jóvenes que insultaban tan acremente a una señora. Ambos, macho y hembra, parecían haberse programado para intercalar improperios de la más baja estofa en contra de esa indefensa dama. Notó, también, que había un intercambio de roles en las categorías de las imprecaciones. Que Rafo decía lo que mejor se ajustaba a la fluidez indecente y vulgar de una mujer de pobre calaña.

Sin embargo, esa misma tarde, el sol en su ocaso había quedado semi oculto por un cúmulo de nubes, pero por sus extremos y en sentido tangencial, se proyectaban rayos de distintas tonalidades que absorbían la atención del más indiferente de los parroquianos. Mi amigo no pudo substraerse a tan bello espectáculo y de hecho, estaba en el más absoluto de los estados contemplativos, cuando cruzó el umbral de la pensión.









Texto agregado el 10-06-2007, y leído por 54 visitantes. (5 votos)


Lectores Opinan
2008-02-25 07:45:08 muy conmovedor, elocuente testimonio de la amistad.5* jardin erodelasnubes
2007-08-15 00:11:08 Amigo: es atrapante tu relato!...mis felicitaciones y mis cinco estrellas!.. Rosatenue
2007-07-09 00:19:50 Me gusta la forma en que enganchas al lector, me quedo con ganas de más. Besos. dea
2007-06-10 20:23:42 Un buen trabajo en el que nos haces repaso a la amistad y ciertas carencias relativas a la vida misma. Tu relato me atrapó desde el principio y no declinó el interés. ***** Claraluz
 
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