Poesía V
El ángel negro
se aclara
con una mueca;
teje preciso
otra tragedia,
casual y diminuta;
y la hierba,
sigue meciéndose
arrullada por la brisa.
La ilusión
es una bestia sanguinaria,
que descuartiza los minutos
y destripa los segundos;
y el sol,
continúa cegando
a los enamorados.
No sólo la materia,
sino el ánimo,
también se pudre
con el tiempo
entre la angustia y la medalla.
El poeta se muere,
y otro,
seguirá chillando
sin suerte
en su abismo.
Churruka, 10.06.2007 |