Acordes de agua
El bullicio precede al concierto, las luces apagadas son un preámbulo del juego de luces que aparecerá en cualquier momento. Los ojos en la oscuridad flamean segundos antes de que brote la música de Jazz.
Inicia el concierto y toco el teclado, las percusiones fondean la noche, el bajo se une al saxofón creando una trama de efectos góticos. El público, agitado, busca el sortilegio. Mi voz engatusa los sentidos, La trompeta flota en el ambiente, sus agudos, altísimos, levitan en las luces, los graves se insinúan estremecidos en la nostalgia. Vamos equilibrando la entropía que nos envuelve. Durante el vuelo nos aproximamos al umbral de lo esotérico. Déborah me mira, girando en la magia. Entonces, viene un solo de bajo, el talento se palpa en cada una de las pisadas que penetran el aire y lo transforman en fractales. Luego una flauta abanica una melodía que surge instintiva, las palabras van apareciendo espontáneas:
“La tarde cae... el sol repliega su manto... y en la oscuridad latente brilla una luz.” Cierro los ojos, permitiendo al resto de la letra salir. “Tornábase grisáceo... pero aún existía... inmensa melancolía dentro de mí”. En ese momento, la trompeta irrumpe matizando, sólo merodeando los tejidos. La melodía se continúa encadenando y cada uno de nosotros inserta nuevos eslabones. Déborah con la boca abierta parece no tener límites en su capacidad de asombro, lleva el ritmo con todo el cuerpo y parece disfrutar tanto como nosotros.
La música cae en cascada y puedo olerla, la rozo y siento su humedad. Sonidos van y vienen, se mezclan, convergen entre las butacas. Las imágenes son melodías, respiro corcheas, por mis venas fluyen notas que desembocan en un río imaginario. No percibo el aire, son violines o flautas. No tengo conceptos sino variaciones sobre un tema, no hay ideas, sino ondas acústicas, no hay desconcierto, hay gotas de arpegios que inundan el salón, arremeten contra mí y mojan mis zapatos. Las notas fluyen en un torrente líquido que se esparce por los pasillos y el escenario. Al subir el nivel empiezo a flotar entre los instrumentos, choco con el piano. Me topo con una ventana y la abro, entran algunos silencios, van equilibrando las armonías que pretenden ahogarlo todo. Llego hasta la pared y me aproximo a la puerta, si logro alcanzar el picaporte, crearé un enorme silencio en medio de la semioscuridad.
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