Movimientos bruscos y cariñosos, su pelaje café, brillante, mis manos y mis dedos jugueteando en sus orejas. Susurrándole cosas, riendo, él gruñendo.
Mientras yo y mi perro jugábamos sobre el pasto, sentí un pequeño silencio, el cambio brusco de su rostro, su mirada perdida. Como cuando los humanos piensan en algo profundamente, y olvidan el hoy y se alejan del momento, sienten que todo se silencia, y son sólo uno.
Sentí en él una chispa de recuerdos, en su mente imágenes perdidas, ya partes del inconsciente, por un momento vi en sus ojos vidriosos la estela del pensamiento, recordando lo olvidado, imaginando un antes y un después. Supe ahí que sintió en mí, lo que sintió una vez… de su madre.
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