Camila Di Mónaco, o quizás Paola Di Mónaco. Carezco de segundo nombre. Yo pienso que mi destino hubiese sido diferente si mi padre hubiese ganado la batalla para llamarme Paola. Así que decido escribirle esto a esa que no pude ser yo. Paola Di Mónaco, te dedico mi delirio pasado en papel:
Vos, que quizás estas guardada en mí, lista, cariñosa, hubieses sido inocentemente feliz. Te hubieses dejado el color de tu infancia en el pelo, o a lo sumo lo hubieras hecho marrón. Porque te imagino así; una chica alta, ojos azules, pelo lacio marrón, flaquita, plana. Te hubieras regocijado en la libertad que me ofrece el pensamiento. La hubieras aprovechado para crear cosas magnificas que a pocos les interesaría. En los momentos más oscuros te hubieses hundido en la lástima propia, tanto como hago yo, pero con menos frecuencia. Hubieses estudiado las cosas que poco te interesaran para llegar a algo estable. Quizás no te hubieses separado en tres, hubieses sido una sola, satisfecha de lo que es. En otra vida, en otra realidad hubiésemos sido amigas. Te envidiaría tanto que la panza agonizaría por el desgaste que es sentir celos. Te miraría agotada y pensaría que esa que sos, debería ser yo. Tendrías labios tristes, pero tus ojos no revelarían el incesante dolor que revelan los míos, sabrías ocultarlo mejor. Pero no conmigo. Conmigo te sentarías a saborear las lágrimas. Nos sentaríamos a recordar el pasado, reírnos de las pequeñas diferencias de nuestra niñez, tan pequeñas con tan grandes resultados. Porque comiste esa torta y luego la vomitaste sos así de flaca. Porque comí esa torta y luego la masa cruda soy así de gorda. Reiríamos en melancolía.
Pero siento que debo confesarte Paola, que te mataría. Me levantaría y te asfixiaría con mis propias manos. No habría lugar por muchos más tiempo para las dos. Pronto mis amigos preferirían tu estable y oculta inestabilidad a mi eterna locura. Mis amados te llamarían dulcemente Pao e imaginarían tu suave cuerpo desnudo, sin estrías, sin celulitis. Me llevarías al plano irreal después de tantos años que luché con las otras dos para no dejarme ir. Por eso Paola, te besaría en mis labios y te los arrancaría. Te asfixiaría hasta el desmayo; luego cortaría tus arterias como si fuesen las mías y bebería sedienta de tu sangre. ¡Ay Paola! ¡Lo que te busqué en mi memoria! Pero no existís, no naciste del vientre de mi madre. Te desintegraste por la acidez de la vagina que me pario. No había lugar para los dos. Pero ahora entiendo porque papá se alejo, el siempre te quiso a vos. Quiso a Paola, “La pequeña”, no a Camila, “la que está presente en Dios”, “la que ofrece sacrificios.” El nunca deseó la locura que se alimenta de mí ser. Por eso Paola yo tengo ojeras, por eso vos jamás las hubieras tenido. Por todo esto Paola, se feliz de que en verdad no existís, de que sos producto del deseo de mi padre, de mi imaginación, de mi dolor.
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