Me espera una luz
acabada y vacilante,
los incontables círculos de una rosa
sumergida en la arena,
las copas que una vez
llenaron acaso el agua
y acaso la sangre.
Me espera el fuego
que consumió la sombra
de una sola noche
hasta las heces.
Me espera la fatigada bruma
de un mar que no conozco,
la niebla orillada en las aceras
y la quietud de una voz
en el eco absurdo de mi voz.
Me espera el lobo
que en mis sueños
devoró la luna,
todos los hombres que fuí
y sus muertes sucesivas.
Me espera el rostro fatál
que tejí innumerables veces
en mi memoria,
el insalvable camino
que no desandé,
el olvido de alguien
que me enseñó una tarde
a olvidar.
Me espera un abrumador
recuento de cosas muertas
y otras tantas
que guardo en secreto
y morirán conmigo
al atardecer, en el día
del último suspiro. |