En el mundo que nos ha tocado vivir –o en ésta dimensión (no hiramos suceptibilidades)- la inocencia no es sino un estímulo más hacia la autarquía del individuo. Por ejemplo: los caballos de un tiovivo, con su pintura desgastada y su desgastado gesto, representan la eterna soledad a la que se ve abocado el ser humano en un mundo -éste que nos ha tocado vivir- que gira amenazando con detenerse cuándo ya hayamos muerto.
Con todo esto no quiero decir nada.
|