Ilusión, ¿para qué?
Esperanza, ¿para qué?
Si todo es desdicha,
¿para qué vivir?
¿Para qué aguantar
otro día más aquí?
¿Para qué quedarse
en esta insidiosa vida?
¿Para qué no nos gane
esta dura partida?
¿Para no rendirnos
ante su desafío?
No conocemos la respuesta.
Mas conocemos algo.
Estamos aguantando,
sufriendo, llorando
sus duros reveses.
Y nos recompensa.
Nos recompensa, sí,
con un beso traicionero,
con un abrazo engañoso,
con una imagen bella,
bella e inaccesible.
Es así la vida, así.
Nos enseña el camino,
camino de nuestra felicidad,
y llegando a sus puertas…
¡zas!, se cierran de golpe.
Es así la vida, así.
Nos ilusiona, nos da,
nos llena, nos nutre
de falsa felicidad.
Pero no la adivinamos,
no adivinamos esa falsedad
hasta que nos la quita,
nos quita la felicidad.
Es así la vida, así.
Entonces ¿para qué la ilusión?
¿Para qué la esperanza?
¿Para qué vivir?
Para combatir, para pelear
y no dejarnos vencer.
Para no rendirnos nunca,
para ir tras eso,
eso que amamos,
eso por lo que lloramos,
por lo que morimos, eso.
¿Para qué vivir?
Para morir con dignidad,
para ir tras eso, sí.
Incluso hasta el fin del mundo,
incluso por siempre jamás.
Luego…¿para qué vivir?
Para luchar.
|