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La plaza



Abandona el puerto al anochecer, cuando la luz de la tarde se rompe en la penumbra y grietas ocres y malvas se afianzan en el cielo. Fue un arduo recorrido, le costó regresar. Viajó por senderos extraños y en tinieblas donde el silencio amenazó con devorarle la razón. En otras ocasiones fue la claridad quien lo alivió y le alumbró el camino.



Deambula por los callejones porteños mientras asume la magnitud de su regreso, una alegría apagada que rivaliza con el temor a enfrentarse al pasado. Indeciso y sin rumbo cae la noche a su alrededor, hasta que recuerda y comprende el motivo de su retorno. El ánimo y su paso vuelven a equilibrarse y se aleja, decidido a ir al encuentro de los recuerdos.
Distingue entre las siluetas enmarañadas y oscuras de los edificios pedazos de cielo que comienzan a armarse de luz y de estrellas. Sobre su cabeza tribus de insectos celebran consejo con comunicativos zumbidos alrededor de las farolas. Alcanza las anchas avenidas que lo conducen hacia las entrañas de la ciudad, y a su barrio. Aún huele a sal, a calor y a verano; aunque ya presiente en el aire el inconfundible aroma del despertar del otoño.



Por fin se interna en el laberinto de calles que desembocan en el corazón de lo que fue su mundo, la plaza, su plaza, sobre cuya tierra y asfalto se extendió la infancia por un camino repleto de maravillas, hasta que le llegaron los primeros rudos golpes con la adolescencia.



Le tocó vivir una época en ebullición donde la juventud, a la expectativa y mentalizada, anhelaba cambios radicales que beneficiasen a todos y mejorasen la deplorable situación de la época. Él no fue diferente a los demás y se sumó con sincera militancia a las nuevas corrientes revolucionarias. Pero él y la mayoría ignoraron a la bestia, que inquieta como una pesadilla al acecho, sólo aguardaba el momento idóneo para ser realidad; y despertó, de forma inevitable e infalible. El golpe mutiló en pocos años a toda una generación. El miedo aniquiló la esperanza y la ilusión en el rostro degeneró en una máscara sin brillo, oculto tras el pánico.




Poco a poco los fueron cazando, uno después de otro; también a él, no lejos de su plaza. Su futuro se quebró en la oscuridad. Conoció el terror descarnado; llegó al corazón de las tinieblas. A su mente acuden imágenes que prefiere no revivir. Su último recuerdo fue un rectángulo plomizo de cielo junto a la puerta abierta de un avión, mientras aguardaba ansioso a que la vida se le escapara de su cuerpo, ya roto y sin fuerzas. Luego, sólo la nada, después de aquella sensación infernal de vacío durante la caída.



Se sienta en un banco y contempla la plaza, su asfalto gastado por las huellas de miles de almas; las ramas flácidas de los árboles que cada noche charlan con el silencio; las sombras de las mansas palomas petrificadas sobre los adoquines; los susurros de los otros, indefinidos y distantes, que como él, viajan con el recuerdo.



Jamás olvidará a sus verdugos; y sin embargo sabe que tarde o temprano aquellos deberán enfrentarse a sí mismos. Aprenderán cuando esto suceda, comprenderán el origen y la naturaleza primaria de sus crímenes. Y si no lo logran, mirarse al espejo, entonces, se disolverán en la nada, como si nunca hubiesen existido.



Pero el seguirá a la sombra de su madre. Y como los otros, compartirá la angustia y la impotencia de la suya, cada vez que el dolor hable por su boca y se lo grite a los cielos sobre la plaza. Continuará a su lado hasta que ella lo deje partir; porque aunque en el fondo lo intuye, todavía no admite que el amor no se acaba con la muerte ni aún menos el afán y las ansias de vivir.




Churruka, 21.06.2007

Texto agregado el 21-06-2007, y leído por 278 visitantes. (32 votos)


Lectores Opinan
2007-10-23 19:05:41 Creo que es un buen relato y sobre todo demasiado real.Me gustó mucho. Sofiama
2007-08-04 21:46:56 Un relato muy bello que recopila lo que ha ocurrido y sigue ocurriendo en tantas partes del mundo. no es ni de la décad de los sesenta, ni de Argentina, ni de Chile... Es del Planeta en general donde, efectivamente, la "bestia" acecha. ¿ Sabes? :esos fantasmas que desafían el olvido... y persisten en vivir, son los que acompañan a los dictadores al final. Un saludo. Tensing. Dalai
2007-07-03 20:39:42 Felicidades por tan buen texto. Un saludo de SOL-O-LUNA
2007-07-02 21:40:22 no sabes cuantas veces lo lei, antes de animarme a comentarlo. y hoy, que finalmente lo intento, no logro conseguir las palabras adecuadas. Las emociones no quedan tatuadas, sino que se sacuden violentamente en un torbellino y, finalmente se atoran en la garganta, enmudeciendo al lector. Christian, solo vos logras tanto... con un relato que va mas alla de la plaza... besos.lau. aruald
2007-07-02 20:02:18 Ay churruka! ya quisiera yo narrar como lo haces, de manera detallada y fluida y a la vez atrapando al lector en las profundidades emocionales y psicológicas del personaje central de tu obra. el lenguaje que utilizas? es exquisito, de una variedad temática que incluso yo, debo mejorar; he quedado entrampada en esta plaza.. observando en mi imaginación al creador de este cuento :) mis estrellitas***********************************nfinitas.. Vilyalisse
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