La Página de los Cuentos
Tu comunidad de cuentos en Internet
[ Ingresa
|
Regístrate ]

Menu
Home
Noticias
Foro
Mesa Azul
Eventos
Enlaces
Temas
Búsqueda

Cuenteros
Locales
Invitados


Inicio / Cuenteros Locales / Olvido_Aras / Los cinco días del ángel caído

 Imprimir  Recomendar
  [C:297521]

Día 1.

Ansia. Si tuviera que definirte con una palabra, sería ansia. Desmadejarme los brazos para no dejar de tocarlos, multiplicar la sonrisa al infinito, con unos dientes blancos, perfectos, carnívoros, ávidos. Observas, silencioso, todo está bien, todo está igual, todo menos tu y yo, porque yo ya no te quiero, me ha costado mucho pero ya no te quiero. Lo intuyes, sin saberlo, y entonces. Entonces ansia. Entonces sabes que ahora es el mejor momento para el ataque. Entonces llegan las canciones demasiado alegres, y los comentarios desacertados, y todo lo que sabemos que queremos decir, pero que a pesar de nuestra elocuencia no nos atrevemos a revelar. Nos fluyen las lenguas sabias, que evitan ciertas palabras, que dejan de tocarse y entonces. Entonces ansia. Entonces llega la noche, el sueño reprimido, la certeza de la cercanía, la sutileza, el disimulo, el miedo. Ansia. Una mano que se desliza por el mínimo carril de aire que separa nuestros cuerpos. Entonces no se si dejarte pasar o cerrarte la puerta. Porque yo ya no te quiero, me ha costado mucho no quererte, pero mis piernas no dejan de temblar como las de una virgen añeja, yo ya no te quiero pero no puedo dejar de temblar, y entonces. Entonces ansia. Entonces miedo, un movimiento brusco de cadera, una puerta que se cierra. Te desnudas, yo no me muevo, no puedo moverme. Ya no te quiero pero estoy petrificada, te clavas en lo más profundo. Estamos haciendo demasiado ruido, demasiado ruido, demasiado ruido y entonces. Entonces ansia. Entonces me haces todo el daño que puedes y a mi me gusta, y yo no lo estoy disfrutando, porque ya no te quiero, yo ya no te quiero, pero no puedo dejar de gemir y entonces. Entonces, te desplomas como muerto sobre mi semidesnudez y no dices nada, no me dejas besarte, te quedas un momento sudoroso y ciego, arrepentido sobre mí y después te vas. Entonces. Entonces, ansia.

Día 2.

No dirás mi nombre. No me dejarás tocarte cuando haya luz. No me besarás. No me darás la mano. No me leerás poemas al oído. No hablaremos de lo que ha pasado. No hablaremos tampoco de lo que pasa. No dejaremos de comportarnos como lo que somos. No seremos lo que no somos. No querrás ver mi cuerpo. No querrás dormir a mi lado. No querrás tener miedo. No querrás complicaciones. No admitirás que tiene que haber una razón para todo. No entenderás mis silencios. No perderás la sonrisa. No dejarás de hablar de una novia, de un novio, de otras mitades. No pensarás. No me dejarás pensar. No me quedará más remedio que entender que no me quieres, no así, y que no me querrás nunca. Y yo no me negaré a entenderlo
Día 3.

Ya no hago preguntas. Me limito a intentar dormir a tu lado como buenamente puedo y a encajar las cosas como van viniendo. La fuerza de voluntad la perdí hace tiempo. Se fue con la razón. Intento no pensar demasiado, y cuando nos vamos a dormir dejo la persiana levantada para poder ver por la mañana como el sol ilumina tu cuerpo. Así, de lejos, es más fácil quererte. A ratos, cuando el sueño es demasiado intenso, cierro los ojos e imagino como sería si no hubiera que fingir que soporto que duermas a mi lado sin poder tocarte. Escuchar como te frotas con las sábanas, como respiras demasiado fuerte, o demasiado rápido. Saber que no me está permitida tu piel, que tú tampoco duermes. En parte por la misma razón que yo. En parte por otros motivos muy diferentes. Intento no provocarte, pero si me levanto hago mucho ruido, para que me presientas, para que sepas que estamos solos. Pero sobre todo para que no puedas más, revientes y saltes sobre mí. Dejo la puerta del baño abierta mientras me ducho para que me escuches gemir, deshacerme entre los dedos y las gotas calientes. Todo es mucho más previsible a pesar del teatro que estamos montando y cuando mentalmente cuento tres, dos, uno, ya, ya está todo hecho, te tengo sacudiéndome la espalda, erguido, erecto, mojado, perfecto. Más duro, más estriado que nunca. Me limito a mirar para otro lado, dejar que mi piel se funda con la tuya, con la pasión de siempre y el desconcierto de nunca. Total, ya no importa. Yo ya no hago preguntas.

Día 4.

Espejismo perfecto de noches, dos, hace. Con la diferencia que esta noche, después de un día espejismo perfecto de dos, hace, días, hemos calentado el terreno por vez, primera. Será el alcohol que no hemos tomado. Será la risa, será que la adulta incoherencia de estas veces clandestinas nos embriaga. Será que no puedo decir que estoy triste, ni alegre, aunque debería. Será que siempre fue así, o mejor, no lo fue nunca, pero ahora hemos violado una regla secreta para intentar fingir que no queremos pensar. Será que en realidad no importa, que no es lo que pasa lo que trasciende, sino lo que queremos recordar el uno del otro. No me arrepiento de nada. Esta espejo noche, días, hace, dos, descolocada e inquieta, tú no subes a la cima y yo no desciendo al infierno. Ha sido como otras veces, pero mejor, mucho mejor. Esta es mi manera de decirte que te quiero. Ya lo sé. Pero no quiero que pienses en mí, porque no valgo la pena. Eso también lo sé. No merezco que nadie se obsesione conmigo. Eso no lo tienes que decidir tú. Pero no pienses en esto, por favor, cuando me vaya. No lo haré. No quiero que esto cambie las cosas. No cambiarán. Eso me hace sentirme mejor. Me alegro. Silencio, silencio, silencio, te acaricio mientras me das la espalda y ya no puedo más, no quiero seguir mintiendo, no puedo no preguntarte porque nunca quisiste quererme cuando si pudimos hacerlo. No sabes que contestar, porque también estás harto de mentir, de saber que todo lo que decimos no es nada más que el disfraz de un pensamiento mucho más sincero, mucho más cruel. Porque te quiero demasiado, me dices al final, mientras me levantas para que todo vuelva a ser como era antes del dos, espejo, de, días, hace, normal, tranquilo, limpio. No te olvides que esta es mi manera de decirte que te quiero.

Día 5.

No me sueltes los dedos. No me sueltes los dedos, por favor. Aunque haya curvas, aunque sea difícil y duela. Aunque resbalen. No me sueltes, no te vayas para siempre. No me sueltes los dedos, y finge por favor que no me estás viendo llorar. No me digas lo que tienes ganas de decir, que yo tampoco diré nada. Así está todo bien. Abrázame como lo haría un amigo de verdad y dime algo simple, que sea sincero y que sea intrascendente.
- Fue muy grato volver a verte.
Cae una lágrima, te abrazo de nuevo. No me digas que no llore. No llores tú. No me sueltes los dedos. Y vete, ahora, por favor, ya sí, vete.

Día 6.

Do you remember when we first met? I should do, it was sometime in early September... Las paredes se están acercando. Faltan las fronteras de tu cama, y hace frío, mucho frío. Todo es demasiado grande, demasiado vacío. Tengo miedo a la inmensidad de este espacio tan minúsculo. Flotan los pedazos de lo que era imaginario en el vientre de lo real. Lo real es que nada de esto es cierto. Y que lo único que pasa es que no soporto la idea de que ahora estés con ella. Simplemente.
















Texto agregado el 22-06-2007, y leído por 101 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
2008-04-18 15:48:25 Tiene fuerza, como todos tus textos, pero creo que a veces pierde un poco el hilo, y se pierde un poco el interés. Creo que básicamente porque eludes toda narración y a veces cuesta contextualizar las imágenes. No sé si me explico. Tengo la vaga sospecha de que no. LeoMendoza
 
Para escribir comentarios debes ingresar a la Comunidad: Login


[ Privacidad | Términos y Condiciones | Reglamento | Contacto | Equipo | Preguntas Frecuentes | Haz tu aporte! |
]