Desde aquí, desde mi cómodo sillón, sintiéndome a salvo de todo ¿?, con el ordenador sobre las rodillas, trato de ponerme en la piel de:
- de a quien esta mañana no le ha sonado el despertador y ha perdido uno de los trenes de la muerte
- de quien acababa de bajarse de un tren que había llegado sano y salvo a su destino, y ha escuchado la explosión a sus espaldas
- de quien pasaba junto a la estación y al oír la explosión no ha dudado en correr a ofrecer su ayuda
- de quien desayunaba en el comedor de su casa y ha visto romperse los cristales y temblar el mundo
- de quien como médico, enfermero o voluntario ha estado atendiendo a los heridos
- de quien esta mañana escuchaba la radio y ha oído cómo el tren en el que posiblemente viajaba su esposo/a ha volado por los aires
- …
… y pienso en las personas que viajaban en los trenes, sentadas en su sillón, sintiéndose a salvo de todo ¿?, con el ordenador sobre las rodillas, y que ya no podrán jugar a ponerse en la piel de nadie, porque se han quedado sin piel y sin nada.
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