Recorro la trastienda de esta ciudad de papel;
La metrópoli de pensamientos prófugos,
Esta vastedad de ausencias,
De totalidad,
Vino,
Veneno;
Bondad.
Y los viernes, un poco de muerte, seda y fantasmas.
Divaguemos juntos por los callos de mis manos,
Busquemos solución a lo que no tiene cura,
Juguemos a ser alquimistas,
Y asesinos.
Y los sábados, payasos de restaurante.
Perdámonos en las idioteces promiscuas de tus ojos en mi cabello;
Profetas de futuros exiguos,
Fantasmas de mañana,
Escritores de Biblias prófugas y profanas,
Farsantes.
Y los domingos, evangelistas apasionados.
Construyamos torres blasfemas de dolor,
Finjamos lastimarnos,para que no duela la partida.
Engañémonos,
Mintamos,
Matémonos
Digamos lo que no es.
Y los lunes, continuemos la rutina.
Naufraguemos en mares rojos,
Ríos de humedad en tu entrepierna,
Desterrado de lo demás,
Refugiado de tus zonas innombrables.
Hijo adoptivo de tus senos,
Ciudadano de tus gemidos.
Y los martes, bastardo de otras, esclavo de tu éxtasis.
Dejemos que los soles se nos extingan,
Que los relojes nos caduquen en las manos,
Que los colores sean desterrados del cabello.
Y mis manos, en las tuyas,
Testigos de lo cumplido.
Y los miércoles, seamos niños, que al final es lo mismo.
Y el último día,
Deja que sea como el primero,
O como el del medio,
Que sea como cualquier otro,
Lleno de alegría y dolor;
Euforia y tristeza,
Totalidad y ausencia.
Porque los jueves, y los demás días de mi calendario, son para vos...
Y los jueves, déjame jugar a ser poeta. |