Poema IX
Tiene una coraza,
dura y blanda,
por donde le resbala
la amargura,
agrietada aún luce
cicatrices.
Ayer
conoció a un ángel,
moribundo y bajo un puente,
con miedo a las alturas,
y sin abusos de confianza.
Poco a poco
se le cae el cielo a pedazos,
sin ruido y a estocadas,
más dolorosas que el olvido.
Su risa ya es recuerdo,
seca y lineal,
como la gracia hueca
de una calavera.
La aguamarina de su rostro
abandonó la mirada;
dejó de ser mar de verano,
para ser sólo granito.
Y yo pienso,
que habrá de pasar algún tiempo,
antes de que vuelva
a mirarme al espejo.
Churruka, 29.06.2007 |