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Inicio / Cuenteros Locales / fabiangs / Alfred y la montaña (II Parte)

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Alfred Lucchetti, se desmontó, se despidió del hombre que lo había llevado y siguió su ascenso sólo. La montaña era un lugar de caminos estrechos, peligroso y traicionero. Según había contado el hombre del asno, era un lugar raro y solitario que emanaba una especie de fuerza en su extrañeza.

Subió a la montaña caminando a través de un agradable bosque de pino, luego se encontró con dos caminos que se dividían en una extraña forma de i griega, el camino de la derecha era una subida bastante fuerte y la vegetación era mucho más densa, el de la izquierda dominaba un valle de cerezos en flor, así que el extranjero se fue por este último. Cuando terminó de recorrer el valle, tuvo que atravesar un pantano, donde los vapores de niebla flotaban sobre él. Su avance era muy lento por el fango, surgían bosquecillos de árboles cuyos troncos se abrían por abajo en cuatro, de forma que parecían grandes cangrejos, sostenidos sobre muchas patas en el agua negra. Del follaje pardo colgaban por doquier raíces aéreas, como tentáculos inmóviles. Era para Alfred casi imposible saber dónde era firme el suelo entre las charcas.

Con la niebla no divisaba bien, se vio de pronto con el agua hasta la cintura y el lugar donde estaba pasando, plagado de sapos. Estos eran su más grande fobia. Un súbito escalofrío recorrió su espalda. Pensó en regresar, pero una rabia se apoderó de su ser. Había viajado muy lejos para estar ahí, y recordando que tener miedo es de prudentes; saberlo vencer es de valientes, cerró los ojos, respiro profundo y siguió su camino. Al atravesar el pantano miró hacia atrás y los sapos habían desaparecido.

En una ruta pedregosa, casi cerca de la cima, a medida que iba caminando, Alfred se sentía más agotado, se dio cuenta que sus manos adquirían vejez, tocó su rostro y estaba lleno de arrugas y más arrugas cada vez que daba pasos, pero continúo su recorrido.

No muy lejos, en la cima, sus ojos de anciano toparon con la figura negra de un hombre con sombrero, con palidez intensa, y una sonrisa aterradora. Alfred recordó que el hombre del asno le había contado que en la montaña con perfil de indio, se encontraba el miedo y en efecto, el miedo mismo lo estaba observando. Lo había puesto a prueba con su fobia y con el miedo a envejecer, entonces, una ráfaga de viento entró en su alma y aclaró sus pensamientos. Comprendió que el miedo a envejecer nacía del reconocimiento de que no estaba viviendo la vida que deseaba, y estaba usando mal su presente.

El no hacer más de lo preciso se estaba apoderando de Alfred. Su miedo y el miedo mismo desaparecieron, porque él era el labrador de su propia alma, el responsable de su vida. Ahora volvería a su país, con el deseo de hacer algo por los demás porque subir a la montaña es como la vida, con esto puedes probar tu paciencia, tu persistencia, tu coraje, se expresan tus habilidades y tus valores y en muchas situaciones de esto depende tu vida.

Texto agregado el 29-06-2007, y leído por 107 visitantes. (13 votos)


Lectores Opinan
2008-01-09 22:05:31 No es sólo un cuento, sino una gran reflexión en la búsqueda del yo interno. Me gusta la forma sencilla cómo narras y lo cautivante de este tema. Sofiama
2007-11-09 17:24:27 Como siempre, encantan tus textos y al finalizar, haces reflexionar. 5* islero
2007-07-30 15:23:55 Excelente! Reflexiones ilustres para tomar muy en cuenta. Me agrada tu forma de subir las montañas de la vida! Saludos!***** josef
2007-07-24 04:28:07 Para cuando la III parte amigo!! espero la invitacion ya... jajajaaaaaa besitosss ///NIL/// NILDA
2007-07-07 04:32:28 Buen desenlace.Alfred al subir la montana descubre que su miedo a envejecer nace de vivir lo que no desea.Entonces vivir con plenitud es hacer lo que uno quiere y ama. Vivir haciendo el bien a otros.Este cuento tiene ensenanza de valores: No al egocentrismo. Practiquemos la solidaridad. Un abrazo con ***** Felicitaciones lengua_de_p uma
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