Cada vez que este hombre buscaba tinta,
en papel encontraba una serpiente
que corría asustada sobre la niña,
dibujando sus labios tan suavemente.
La serpiente engullía toda la dicha
y el pintor se aquejaba, casi a la muerte,
pero la dulce niña sólo sonreía
de pensar en pintores sobre su fuente.
El hombre entristecido, en su desdicha
oprimió los dibujos contra su vientre
la serpiente asfixiada, seco su tinta
y la niña en la hoja encontró muerte.
De tus celos no hay nada, hombre perverso,
evitaste la dicha por el encierro.
Aquel bello dibujo, hoy un recuerdo,
no pudo terminarse por tu lamento.
Esa niña soñaba con tus abrazos
y la tinta volaba sobre tus manos.
Fuiste menos amante, y más tus celos,
pensando en esa tinta, que la amó primero. |