Alta, con una gracia especial que la hacía bonita a su manera, pelo rebelde, desaliñadamente rubio, de no más de veintitantos años y unos enormes anteojos oscuros.
Cantaba bajito, casi susurrando, se detenía de vez en cuando para hablar con algún pasajero que bajaba.
Lo que no entendía quien la veía, era el porqué de un lugar sumergido, tan oscuro y hundido en las entrañas de la ciudad como esas viejas escaleras de subterráneo, había elegido la muchacha para detenerse cada mañana a pintar.
Se podía percibir la vida y el sol, cuando uno se acercaba al lienzo, hasta el ruido de las lagartijas sobre los yuyos más espesos, un rancho, un caballo, y la vista jugando a perderse en la amplitud luminosa del campo.
.
¿Va a seguir parado ahí nomás?..- me dijo cuando se dió cuenta de mi presencia.
Cuando salía antes de mis clases de Historia o Literatura, me quedaba mirándola trabajar, usaba tanto los pinceles como las manos.
Algunos días como el de hoy, estaba totalmente ocupada en pintar.
La hermosura de su cuerpo delgado y la vida que se expresaba desde sus manos me hicieron decidir.
Me acerqué mas... con un tímido...
.-Buenas tardes.-
.-Hola, al fín se decidió a bajar.- contestó sin detener las manos.
.-Me gusta mirar al artista pintar.-
.- Y a mí me apasiona que miren cuando trabajo, pero mas aún, cuando me compran lo que hago.- contestó con gracia.
.-¿Me podrías decir cuánto vale?.- pregunté.
.-Depende de quién y para qué lo compra.- contestó.
.-Me sorprendes.- le dije.
.-No veo qué relación existe entre quien lo compre y el destino que quiera darle quien lo compre.- continúe.
.-Pues yo tampoco lo veo, sin embargo lo valoro de esa manera.- contestó la muchacha.
.-Tanto te importa lo que hará con él quien se lo lleve.- agregué.
.-Sí, absolutamente. Puedo llegar a triplicar el precio si es que no lo utilizará en su casa.-
.-¿Cómo te llamas?.-
.-Cristian.-
Sin volverse me ofreció una sonrisa que adiviné, pues la veía sonrojarse de costado.-
.-Pues mira, si quieres la obra para regalar, debes pagar doscientos, si en cambio lo vas a utilizar para tu cuarto, la mitad.-
Solo si estás decidido a quedártelo y para eso, debes darme tu palabra de que así lo harás.-replicó.
.-Es un trato. Me lo voy a quedar.- agregué.
.-Bien son cien, si quieres el que estoy pintando, lo terminaré mañana. y si no, puedes elegir alguno de los que veas contra la pared.-
.-¿Queda alguno no?.- agregó.
Me sorprendió su pregunta, sabiendo que tenía al costado sobre la pared, tres pinturas más.-
¿Acaso tú no la ves?.- le pregunté sonriendo.
Se dio vuelta con una hermosa sonrisa y contestò...
.- No, por supuesto que no.-
(*) Escrito por Cristian Chedrese
|