Detente viento de la sabana,
detente y contempla belleza;
no son los mil colores del atardecer que te acompaña;
no son los palmares en la mañana;
Ni los morichales que atraviesas.
Detente arpa furiosa,
silénciate y escucha su voz;
no es el vaivén de la maraca furiosa;
tampoco la bandola altanera y celosa;
mucho menos el cuatro y su ritmo feroz.
Detente padrote recio;
calma tu galope y mírala caminar;
no detengas en mi ese mirar con desprecio;
como si fuera el camino que destrozas trecho a trecho;
detente y mirala tu camino iluminar.
Detente chigüire lejano;
detente y detén la armada del morichal;
no te olvides de besar su mano,
mira su rostro por el sol besado;
dile esto también al gabán.
Detente hombre criollo de la inmensa llanura;
calma tu pecho y ayúdala a pasar;
has que por los caminos, ella transite segura;
protege con tu vida su sagrada dulzura;
que mal alguno no la vaya a tocar.
Detente corocora;
baña sus caminos con cayenas amarillas;
y que el joropo que ella tanto adora;
suene por todos los caminos que recorra;
deja caer una flor sobre sus bellas mejillas.
Detente recuerdo triste;
detén tus ojos memmoria sinuosa;
revive el momento en que por primera vez la viste;
se te alegró el alma y un caudal sentiste
recorrer tu espalda de alegría morosa.
Detente llano amigo;
escucha de mis labios este canto quejumbroso;
ella no me ha abandonado, con certeza se lo digo;
como triste canta el carrao, como largo es el camino;
lo que pasa es que tenemos el amor en reposo.
Detente camino fiel,
ayúdale y acorta el recorrido,
ponle sobre el alma el tierno beso aquel,
que es para ella, esté donde esté;
porque me puede más el amor, que el desgraciado olvido.
Detente corazón idiota;
calma tu galopar que su amor también es puro;
ella entrega su alma en cada beso, gota a gota;
y en sus ojos, el amor, como sol furioso se nota;
de eso puedes estar seguro.
Detente mujer llanera,
detente a escuchar estas palabras;
que se me caen de la vida con magnificencia altanera,
para decirte que no me alcanzaría la vida entera;
para amarte como mereces, otra mitad de mi alma. |