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Inicio / Cuenteros Locales / Claraluz / Una llamada inesperada.

 Versión para imprimir  Enviar a un amigo [C:300643]

(Este cuento nació de una idea en común entre "anyglo" y yo. Ella es una gran persona y cuentera de la página. La experiencia de escribir un cuento a medias ha sido muy positiva y tengo que darle las gracias por TODO. Para mi ha sido un placer, algo nuevo y muy gratificante.)




Como todas las tardes, Miguel trabajaba en casa los casos que no podía despachar en su oficina. Su socio y él tenían un bufete de abogados en el casco antiguo de la capital, donde con esfuerzo, deseaban abrirse camino.

Pasadas las seis de la tarde sonó su teléfono móvil.

- ¿Sí? ¿Quién es?

- ¿Es usted Miguel?- respondió una voz al otro lado de la línea.

- Sí. El mismo- y escuchó sin apenas dar crédito, las palabras que llegaban entrelazadas. Escuchó y escuchó, hasta que en un momento dado se dio cuenta de que quien le hablaba no era precisamente un cliente potencial para el bufete. Era un completo desconocido que sabía su nombre y su número de teléfono.

Un largo minuto fue necesario para reaccionar y pedir la identificación de quien llamaba. Precisamente aquella tarde, no estaba para bromas.


- Soy Javier, policía local de Ribas- respondió la voz –

- Si, dígame.

-¿Es usted el dueño de una furgoneta blanca marca Renault?

-¡No! ¿Por qué lo pregunta?

- Verá. Hemos encontrado el vehículo totalmente abierto y con señales de haber sido abandonado a toda prisa. Estaba completamente vacío, salvo por una nota en la que figura su nombre y número de móvil.

Para Miguel, aquellos fueron momentos de confusión. ¿De quién era aquel vehículo y por qué figuraban sus datos en una nota?

- ¡Si se trata de una broma, no tiene ninguna gracia!- dijo. Y sus palabras se volvieron duras.

- Le comprendo, pero le aseguro que no es ninguna broma. Tal vez la vida de una persona esté en peligro y puede que su colaboración ayude a esclarecer todo lo que envuelve este misterio que tenemos entre manos. ¿Podría hacer memoria e intentar recordar si conoce a alguien con un vehículo así?

- ¿Sabe usted que soy abogado y que si me lo propongo puedo averiguar quién es usted y por qué me hace todas estas preguntas?

- Le repito que le comprendo y no, no sabía su profesión. Pero si usted desea saber la identidad de quién le llama, le agradecería que llamara a la Central y preguntara por el Agente Fuentes. Le pasarán conmigo y podremos continuar con esta conversación sin problemas.

Ahora la línea estaba desocupada. La señal que llegaba a los oídos no dejaba duda de que el interlocutor había colgado.
Miguel miró sorprendido el teléfono y sin pensarlo dos veces, pidió a la operadora el número de la comisaría y llamó.

La telefonista de la central, acababa de llegar. Era el cambio de turno. Dejó sobre la mesa de la centralita un café que esperaba no se enfriase pronto, tomó el casco, descolgó y atendió la llamada.

- Comisaría de Ribas, ¿en qué puedo ayudarle?

- Buenas tardes. Mi nombre es Arcos. Miguel Arcos. Acabo de recibir una llamada de alguien que dice ser el Agente Javier... No me dijo su apellido; pero lo que sí mencionó era que trabajaba en esa comisaría.

- Debe ser Álvarez. Javier Álvarez- respondió recordando a James Bond en aquellas películas que veía cuando tenía más tiempo y menos obligaciones.

- ¿Sería usted tan amable de pasarme con él?

- Aguarde un minuto. Pasaré su llamada...

Miguel recordó cuanto le disgustaba escuchar la música de espera en las llamadas. Más de una vez, llegó a colgar porque le parecía incansable y repetitiva.
La espera duró lo suficiente para evitar dar al botón de finalizar llamada.

- ¿Señor Arcos?- respondió una voz que reconoció sin dudas.

- Disculpe agente. Lamento haber dudado de sus palabras.

- No se preocupe. Estoy acostumbrado y sé que estas llamadas no son fáciles de asimilar. ¿Podemos continuar con nuestra conversación?

- ¡Por supuesto!

- ¿Conoce usted a alguien que pueda tener un vehículo como el que le he señalado?

- No, no lo sé y tampoco tengo idea de por qué están mis datos en él. Espere. ¿Será del contratista al que solicité hace unos días un presupuesto para unas obras que quiero hacer en casa?

- ¡Eso tiene sentido! El coche parece que es de un operario. No tiene rótulos, pero muestra restos de cal en la moqueta y está mal aparcado junto a una obra. En ella no hay nadie; ni siquiera el vigilante... ¿Por qué lo habrá dejado abierto y con las llaves puestas? ¡No tiene sentido! Muchas gracias por su colaboración. Seguiré investigando. Y si lo desea, le informaré de mis pesquisas.

-¡Espere un momento! Voy a buscar el teléfono de ese contratista, debo tenerlo en las llamadas entrantes de mi teléfono fijo.

- ¡Sería de gran ayuda! De nuevo agradezco su colaboración.

Miguel hablaba ahora con su mujer; contándole parte de la historia mientras el policía seguía a la espera...

-“Nada, ¡no lo encuentro!”- Decía en voz alta -.

-¡Qué extraño! - decía el agente- ¡No parece un robo! Además ¿quién robaría a un obrero?

Mientras Miguel hablaba, su mujer, recordó que en su cartera tenía una tarjeta de visita del contratista. La encontró después de vaciar el contenido del bolso encima del sofá del salón. Y de un salto se dirigió hacia su marido.

-¡La tengo, la tengo!

-¡Te quiero, María!- tomó la tarjeta y facilitó el número al policía.

En la comisaría, Javier anotaba el número en su libreta, mientras repasaba los acontecimientos...

El vehículo había sido encontrado por una señora que llamó a la central porque le cerraba el acceso a su garaje. La mujer, tuvo que subirse en él y moverlo para poder entrar en su plaza. Borrando, o mejor dicho, añadiendo sus huellas a las que ya cubrían parte del habitáculo.
Estaba en una pendiente, por lo que dejarlo allí fue premeditado.

Por otro lado, cuando la señora llamó a la comisaría estaba seriamente disgustada. Se preguntaba qué hubiera pasado si alguno de sus hijos hubiera intentado arrancarlo y afirmaba que sólo un irresponsable sería capaz de hacer una cosa así.

Miguel seguía hablando y en un momento dado, se dio cuenta de que su conversación se había convertido en monólogo...

- Agente Alvarez, ¿sigue usted ahí?

- ¡Sí, disculpe mi silencio estaba pensando en el caso!

- Le decía, que espero que encuentre al dueño y que no haya ocurrido algo que haya que lamentar- lo decía, pensando que lo mejor en aquellos casos, era despedirse lo antes posible e intentar olvidar lo sucedido.

- Muchas gracias por su ayuda- respondió el policía y colgaron a la vez-

Aprovechando la calma que volvía a la casa, Miguel y su esposa hablaron de lo extraño del caso. Seguían pensando que podía ser una broma macabra. Alguien debía de estar tan aburrido, que decidió buscar una dosis de divertimento a su costa.

El salón se hizo pequeño. Ambos intentaban olvidarlo todo, pero era imposible. Aquella tarjeta existía y ahora mismo estaba desafiándolos junto al teléfono.

-¡Voy a llamar!

-¿ Y qué le dirás?

- Llamaré con la excusa de preguntar cómo va el presupuesto.

- De acuerdo, pero activa el altavoz; ¡Quiero escuchar!

Y allí estaban los dos. Nerviosos y escuchando como los tonos de llamada se sucedían y nadie respondía. Saltó el buzón. Y fue entonces cuando saltaron las dudas y como consecuencia todas las preguntas habidas y por haber: “¿Por qué el agente no llamó a tráfico para que le dijeran quién era el dueño? ¿ Tenía lógica que llamara al número que se encontrara en el interior del coche? Pensar que podía ser el dueño o alguien que lo conociera tenía su lógica ¿ qué hacían precisamente mis datos en ese coche? Y si estaba mal aparcado ¿Por qué no se lo llevó la grúa? ” Y lo más intrigante, ¿por qué dejar las llaves puestas?

Como si leyera el pensamiento de su esposa, Miguel se adelantó a preguntar.

-¿Y si pasa algo malo me tomarán a mí como culpable o parte involucrada?

-¡No seas tonto!, eso es imposible.- le respondió-

- No me digas que no lo has pensado- volvió a insistir él-

La verdad es que por la cabeza de María había pasado ese pensamiento, era una posibilidad pero ante la confusión no quiso darle más importancia.

Aquella tarde no hubo más noticias; ni siquiera una mención en los boletines informativos. Desconcertados, decidieron olvidar el asunto, al menos por aquel día. Si el silencio se prologaba, volverían a marcar aquel número la mañana siguiente.



La mañana despertó sin ganas. Las nubes lo cubrían todo, y pese al calor, un escalofrío recorría la piel de María mientras despedía a Miguel en la puerta de la casa. Por otro lado, Miguel se dirigía al despacho como cada mañana, aunque ésta tenía un matiz diferente. Sin pretender alarmar a su mujer decidió llamar en cuanto llegara a la oficina.
María no tardó en darse cuenta de que la tarjeta había desaparecido de donde la habían dejado la noche anterior y cerrando los ojos se dio media vuelta para dirigirse al dormitorio. Quería imaginar que todo había sido un mal sueño, pero no sabía como hacerlo

Llegó, como siempre, el primero. Dejó sobre la silla el maletín, colgó en el respaldo de ésta la chaqueta y extrajo del bolsillo la tarjeta. Con ella entre las manos, se sentó y con calma marcó el número.

De nuevo la espera, pero esta vez, alguien respondió a la llamada.

- Reformas Antúnez, ¿dígame?

- Visiblemente consternado, Miguel quedó sin habla.

- Oiga, ¡qué no tengo todo el día!

- Disculpe- dijo tembloroso- le llamo por el presupuesto que pedí hace unos días...

-¿Quién es usted?

- Miguel Arcos.

- ¡Ah sí!...¡Pues todavía no está! Tiene que esperar hasta la semana que viene. Estamos desbordados ¡Tenemos demasiado trabajo!

- ¿Puedo hacerle una pregunta?

-¡Usted dirá!

- ¿Está usted bien?

-¡Sí! ¿A qué viene todo esto?

- La tarde de ayer recibí una llamada de la policía- dijo Miguel y comenzó a relatarle los hechos.

-¡Menuda película me está contando! ¿Los maderos preguntando por mí? Pero si yo no tengo un Renault y por supuesto que no he recibido ninguna llamada. Es más mi teléfono ha estado desconectado durante dos días porque se descargó la batería y no he encontrado el cargador hasta hace apenas una hora. Lo tenía mi hija; la pequeña. Era su micrófono para cantar. ¿Se lo imagina? ¡Benditos críos!

- ¿Y dónde dice que encontraron el coche?

- Junto a una obra, en la pendiente de la entrada a un garaje.

- Mis trabajadores tienen familia y no están dispuestos a dejarla atrás alojándose en un hotel durante la duración de una obra. Además ya nos desborda el trabajo por esta zona... y que yo sepa, por aquí la única obra que existe es en la que estamos trabajando y no hay garajes al menos en tres manzanas a la redonda. Mire, olvide el tema. Le llamaré la semana que viene.

Y colgó. “¡Demasiado trabajo!” fueron sus palabras y ahora Miguel las repetía dentro de su cabeza...

Llevado por la curiosidad y otras tantas cosas más, hizo una nueva llamada. Esta vez al policía del día anterior.

De nuevo la telefonista, pero ésta vez no fue necesario que se identificara. Sabía quién era y con quién quería hablar. Pasaron apenas diez segundos cuando oyó la voz de Álvarez.
- ¡Buenos días, señor Arcos!

- ¿Me recuerda?

- ¡Por supuesto!

- ¿Puede decirme algo sobre lo ocurrido ayer? He hablado con el contratista hace unos minutos y no tenía ni idea de lo que le estaba diciendo, incluso me negó ser el propietario de un Renault.

- Comprendo su incredulidad.

- ¡No, no la comprende y es por ello que le pido me lo explique!

- Señor; patrullado la ciudad, uno se encuentra con muchas cosas. Nuestro deber, el mío en este caso, es esclarecer todo lo que nos parece anormal ¿Estará usted de acuerdo en ello?

- Entonces, ¿qué fue lo que ocurrió?

- El vehículo, tal y como habíamos imaginado, fue dejado en la rampa premeditadamente. La señora que denunció el hecho, había olvidado que tenía una cita con el tutor de los niños a las seis la tarde, por lo que salió precipitadamente sin esperar a que llegara Manuel.

- ¿Manuel?

- El propietario del vehículo. Manuel Suárez. Como le iba diciendo, trabaja en una empresa de impermeabilizaciones llamada “Romelpe”.

- ¿Romelpe? ¿De qué me suena a mí ese nombre? Espere, ¿ha dicho impermeabilizaciones?

-¡Sí!

-¡El aljibe!

- No le comprendo...

-¡Le conozco! Hizo una reparación en casa hace más de tres años. Se había estropeado el aljibe. Tenía una pérdida y alguien me recomendó esa empresa para arreglarlo. Pero dígame, ¿ocurrió algo malo?

- ¡No! El hombre pasó más de una hora esperando a la mujer. Esta había contratado los servicios de Romelpe para reparar unas fugas en su casa. Ella lo olvidó y Manuel, desesperado salió del vehículo para estirar las piernas.

-¿Dejando el coche abierto?

- ¡Eso fue obra de unos gamberros! Lo abrieron y se llevaron todo lo que había dentro.

- ¿Y dejaron el coche allí, sin más?

- Todo tiene una explicación. Un coche viejo, con el deposito en la reserva... Arrancarlo habría hecho despertar sospechas. Ellos no sabían que en la obra no había nadie, por lo que no quisieron arriesgarse a ser sorprendidos por el vigilante que según dicen es una verdadera mole.
Mientras todo sucedía, Manuel y el vigilante estaban charlando para hacer más llevadera la espera de uno y la soledad del otro. ¡Se les fue el santo al cielo!

Le pido disculpas por las molestias ocasionadas y agradezco nuevamente su ayuda.

- De nada Agente, que pase un buen día.

Y allí acabó la historia. Algo que ocurrió hacía más de tres años había puesto en jaque su vida y la de su mujer. Había pasado tanto tiempo que ni se acordaba de aquella vez en que el aljibe se rompió y tuvieron que pasar toda una semana en un hotel.

Consiguió terminar mucho trabajo atrasado en el despacho y tuvo toda la tarde libre para preparar la cena con María. Hablaron de cómo había sido el día. Brindaron por la salud y como quienes resuelven un enigma entendieron lo fácil que puede ser verse implicado en un enredo como aquel que ya había terminado.

¿Había terminado?

Después de tanto tiempo... ¿Qué hacía aquella tarjeta en aquel coche?

Se miraron a la vez y de repente volvió a sonar el teléfono. ¿Quién sería esta vez?

Texto agregado el 09-07-2007, y leído por 184 visitantes. (18 votos)


Lectores Opinan
2007-08-04 20:50:49 Muy bien llevada la historia!! AzulMarina
2007-07-23 13:58:08 Extraordinario ***** saturnina
2007-07-20 17:29:56 Muy interesante vuestro texto con un misterio y tensión que gira en torno a una tarjeta de visita. claro que... esa nueva llamada, ¿acaso no merece que escribais un nuevo y emocionante capítulo de acción? Saludos amigas!***** josef
2007-07-15 14:42:48 Me captó de principio a fin ...Cumplisté a rajatabla con la finalidad del escritor...Convercernos, aunque como Maravillas, aún me quedo con un par de dudas...Y es precisamente lo que otorga maestría a tu cuento churruka
2007-07-13 02:38:26 MUY BUEN CUENTO,NO DESJES DE CONTARNOS DE QUIEN ES LA NUEVA LLAMADA Y PARA QUÉ. MERECIDAS ***** FELICIDADES avefenixazul< /a>
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